de todas las dificultades de la tierra puede esperar y recibir una abundante cosecha, mucho más
Yo, agricultor celestial, habiendo sacado de mi seno divino tantas semillas de verdades
celestiales para sembrarlas en el fondo de tu alma, y con la cosecha llenar todo el mundo.
¿Quieres entonces tú creer que por dudas y dificultades de algunos, que quién como tierra sin
humedad, y quién como tierra endurecida, Yo no debo tener mi cosecha sobreabundante? Hija
mía, te equivocas, el tiempo, las personas, las circunstancias cambian, y lo que hoy se puede
ver negro, mañana se podrá ver blanco, porque muchas veces se ve según las predisposiciones
que tienen, y según la vista larga o corta que la inteligencia posee. ¡Pobrecitos! se necesita
compadecerlos, pero el todo está en que Yo he hecho ya la siembra, la cosa más necesaria,
más sustanciosa, más interesante, era manifestar mis verdades. Si mi trabajo lo he hecho, la
parte principal ha sido puesta en acción, he encontrado tu tierra para arrojar mi semilla, el resto
vendrá por sí, y las dudas, las dificultades, las penas, servirán como al pobre agricultor podrían
servir la leña, el fuego, para cocer la semilla cosechada y hacerla su alimento. Así pueden
servirme a Mí y a ti como soles para hacerlas madurar en los corazones, como leña y fuego para
darlas no con las solas palabras, sino con la práctica y con el sacrificio del fuego de la propia
vida cocerlas, para convertirlas en alimento dulcísimo y ponerlo en la boca de las criaturas. Hija
mía, si Yo hubiese querido prestar oídos a lo que se decía de Mí, y a las contradicciones que
hacían a las verdades que manifesté cuando vine a la tierra, no habría formado ni la Redención,
ni manifestado mi Evangelio. Sin embargo eran los más doctos, la parte noble, aquellos que
habían estudiado las escrituras y que enseñaban al pueblo la religión, los dejé decir y soporté
con amor y paciencia invicta sus continuas contradicciones, y me serví de las penas que me
dieron como leña para quemarme y consumirme sobre la cruz por amor de ellos y de todos. Así
hoy, si Yo quisiera prestar oído a lo que dicen sobre las verdades de mi Divina Voluntad, habría
tenido que poner fin a las manifestaciones sobre Ella y a los designios que quiero cumplir con
manifestarlas; pero no, no sufrimos de mutabilidad, el obrar divino es inmutable, el obrar humano
tiene esta debilidad y obra según la estima que le dan los demás, pero Nosotros no, cuando
decidimos no hay quien nos aparte, ni todas las criaturas, ni todo el infierno, pero esperamos
con nuestro amor inextinguible, tiempos, circunstancias y personas que deben servirnos para lo
que hemos establecido. Por eso no quieras preocuparte, y haciendo tuyo nuestro modo divino,
si es necesario pon el sacrificio de tu vida para obtener que mi Divina Voluntad sea conocida y
reine en todo el mundo”.
(3) Mi dulce Jesús ha hecho silencio y yo continuaba pensando en la imposibilidad de que la
Divina Voluntad pueda reinar como en el Cielo así en la tierra, y Jesús suspirando ha agregado:
(4) “Hija bendita, lo que es imposible a los hombres, todo es posible para Dios, y si fuese
imposible que mi Voluntad pudiese reinar como en el Cielo así en la tierra, mi bondad toda
paterna no habría enseñado la oración del Padre Nuestro, porque hacer pedir cosas imposibles
no lo habría hecho, ni Yo lo habría recitado con tanto amor, poniéndome a la cabeza de todos,
ni la habría enseñado a los apóstoles a fin de que la enseñasen a todo el mundo como la oración
más bella y la más sustanciosa de mi Iglesia. Cosas imposibles Yo no las quiero, ni pretendo
de la criatura, ni Yo mismo les hago las cosas imposibles. Por lo tanto, si fuera imposible que
mi Voluntad Divina reinara como en el Cielo así en la tierra, habría enseñado una oración inútil
y sin efecto, y Yo cosas inútiles no sé hacer, a lo más espero aun siglos, pero debo hacer surgir
el fruto de mi oración enseñada, mucho más que gratuitamente, sin que ninguno me lo hubiese
dicho, que Yo diera este gran bien de que mi Voluntad se hiciese como en el Cielo así en la
tierra, Yo mismo como una segunda creación, sin que nadie me rogara, Yo extendí los cielos,
creé el sol y todo. Así por mi Voluntad, todo espontáneo Yo dije: ‘Rueguen que mi Voluntad se
haga como en el Cielo así en la tierra”. Y cuando espontáneamente se dice rueguen que esto
suceda, sin que ninguno me lo haya pedido, significa que primero observé todo en mi
Omnividencia, ponderé muy bien las cosas y cuando vi que esto era posible, entonces me decidí