conquista, por eso si quieres hacernos felices y ser portadora a tu Dios de alegrías y de felicidad,
ama, ama siempre, no ceses jamás de amarnos, y para estar más segura, enciérrate toda tú
misma en el Fiat Divino, el cual nada dejará que hagas que no sea amor para tu Creador”.
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31-28
Febrero 24, 1933
La verdad es semilla; agricultor celestial y sembrador
humano. Inmutabilidad de los modos divinos. Para qué
sirven las penas y las contradicciones.
(1) Mi pequeña mente estaba toda ocupada con las tantas verdades que el bendito Jesús me
había manifestado sobre la Divina Voluntad, y cada una de ellas se me presentaba como un
portento distinto uno del otro, pero portento divino, no humano, no de tierra sino de Cielo y
estaban todas como en acto de querer asaltar a la criatura para comunicarle y transformarla en
su portentosa virtud toda celestial y divina, pero mientras mi mente estaba ocupada de esta
forma, pensaba entre mí: “Sin embargo, ante verdades tan celestiales y divinas, en las cuales
la sombra de lo humano no existe, tan amables, tan penetrantes, santas, llenas de luces, cada
una de las cuales encierra la Vida, el amor, la santidad de Aquél que las ha manifestado, hay
quien leyendo alguna cosa de estas verdades las pone en duda, ponen dificultades, y Tú lo
sabes, oh Jesús, a Ti todo es conocido”. Y me sentía toda oprimida y suspiraba a mi dulce
Jesús para decirle mi pena, y Él sorprendiéndome me ha dicho:
(2) “Mi buena hija, no te aflijas por esto, tú debes saber que para conocer una verdad se
necesita amarla, el amor hace surgir el apetito, el apetito da el gusto, el gusto hace surgir el
hambre de comer de ella hasta saciarse y masticar muy bien la sustancia de un alimento, o sea
de mis verdades, la masticación produce la fácil digestión, en modo que se siente la posesión
del gran bien que posee y produce mi verdad, y entonces las dudas cesan, las dificultades se
disuelven como nieve ante los rayos de un sol ardiente. Ahora, si apenas las han tocado sin
comerlas con un estudio profundo, con un amor que produce el apetito, ¿qué maravilla que
tengan dudas y dificultades? ¡Oh! cómo habrían hecho mejor diciendo: ‘No es alimento para
nosotros, ni tenemos voluntad de comerlo’, en lugar de hacer juicios. Pero se sabe que mis
verdades encuentran lugar, más en los corazones simples que en los doctos. Esto sucedió en
mi Redención, con mi dolor, ningún docto me siguió, sino todos los pobres, ignorantes y
sencillos. Tú debes saber que mis verdades son semillas que Yo, agricultor celestial continúo
sembrando en las almas, y si hago mi siembra, con certeza debo recoger el fruto. Muchas veces
me sucede a Mí como al pobre sembrador que arroja su semilla en la tierra, la cual por falta de
humedad, la tierra no tiene la fuerza de comerse la semilla para digerirla y convertirla en tierra,
y de la sustancia que ha absorbido de la semilla dar al pobre agricultor el diez, el veinte, el ciento
de la semilla que se ha comido; otras veces, mientras arroja la semilla, por falta de lluvia la tierra
se hace dura sobre la semilla, y no encuentra el camino para hacer salir la vida, la sustancia de
la semilla que encierra, y el pobre agricultor debe tener paciencia para recibir la cosecha de sus
semillas. Sin embargo, con haber sembrado la semilla, ha hecho ya una cosa y puede tener
esperanza, quizá una lluvia dé la humedad a la tierra, la cual poseyendo la sustancia de su
semilla hará surgir lo que ha sembrado, o bien, quitando la dureza, removiéndola, forma los
caminos para reproducir su semilla, así que el sembrador a pesar de que la tierra no produce
súbito la multiplicidad de la semilla que ha recibido, el tiempo, las circunstancias, la lluvia, puede
hacer producir una cosecha más abundante, que no se esperaba. Ahora, si el agricultor a pesar