Nosotros la pasión de amarlas y de hacernos amar. Tú debes saber que nuestro Ente Supremo
posee en naturaleza la fuerza creadora, la virtud Redentora y la Vida que todo vivifica y santifica.
Ahora, al crear la Creación, obramos solos, sin la criatura, pero después de creada, nuestro
amor es tanto hacia ella, que queremos continuar y desarrollar la fuerza creadora junto con ella,
y mientras con el conservar la Creación es como si en acto la estuviésemos creando, esta fuerza
creadora unifica e inviste a las almas y continúa la creación en el interior de cada una, ¿y qué
cosa creamos? Nuevos cielos de amor, nuevos soles de conocimientos, nuevos mares de
gracias, nuevo aire de santidad, nuevos vientos de refrigerio que embalsaman a la criatura,
nueva Vida siempre creciente de nuestra Voluntad Divina, nuevas flores de belleza, de santos
deseos, en suma, el eco de la creación de todas las cosas, nuestra virtud creadora hace eco en
las almas, y con una sabiduría y bondad toda nuestra, creamos siempre, sin cesar jamás; si
cesara, lo que no puede ser, deberíamos restringir esta nuestra naturaleza creadora que tiene
virtud de crear siempre. Pero más que todo esto, nuestra Alteza Divina se abaja tanto,
descendemos en el fondo de las criaturas, y ahí desarrollamos juntamente nuestra virtud
creadora, solos no queremos obrar, la soledad nos destrozaría los brazos, y pondría un límite a
nuestra fuerza y virtud creadora. Nosotros para poder amar más, Nosotros mismos nos hemos
formado una ley de amor, y hemos creado en Nosotros la necesidad de amar, así que amar en
Nosotros es necesidad, pero necesidad querida, no forzada por alguien, y es esta necesidad de
amar la que nos hace hacer tantas cosas inauditas, nos hace llegar a excesos y locuras hacia
las criaturas. Habría sido absurdo y no modos de un Ser perfecto, cual es el nuestro, crear las
cosas y los seres vivientes y no amarlos, más bien primero los amamos, hacemos correr como
acto primero nuestro amor, y después los sacamos a la luz como parto, desahogo y triunfo de
nuestro amor, si esto no fuese así, la Creación nos habría sido de peso insoportable y no de
gloria y de honor, las cosas que no se aman se rehuyen; en cambio Nosotros las amamos tanto,
que nos encerramos en ellas, haciéndonos prisioneros voluntarios para formar nuestra Vida
Divina en la criatura y llenarla de Nosotros, por cuanto son capaces, y para hacer que la
amásemos más y para ser más amados, queremos que lo sepa y la queremos en nuestra
compañía, para hacer que ella misma vea y toque por sí misma lo que estamos haciendo, y
cómo desarrollamos nuestra Vida Divina en su alma; nuestro amor no se da reposo, y según las
disposiciones y cooperación de la criatura, ahora desarrollamos la fuerza creadora, ahora la
redentora, y ahora la santificadora, según sus necesidades y la correspondencia que nos da,
pero todo esto siempre junto con ella, jamás solos; queremos usar la virtud creadora, pero
queremos que la conozca y reciba; queremos usar la virtud redentora si el pecado la tiraniza,
pero queremos que sienta el bien que queremos hacerle, y lo reciba con amor y gratitud;
Queremos usar la virtud santificadora, pero queremos que se preste a recibir la transformación
de nuestros santos actos en los suyos, para recibir nuestra virtud santificadora. Si el alma no
estuviese junto con Nosotros y no uniera su pequeño trabajo a nuestro gran trabajo, para
Nosotros sería como si quisiésemos desarrollar nuestro trabajo de amor sobre cosas
inanimadas, que no sienten y no saben nada del bien que reciben, y para ellas sería como el
Dios lejano, que ni conocen, ni aman. Tú debes saber que nuestro amor es tanto, que todas las
criaturas nadan y están dentro de este mar inmenso de nuestro amor, y como si no estuviésemos
contentos de tanta inmensidad de este nuestro amor, nuestro Ente Supremo se hace pescador
y va pescando las pequeñas gotitas de amor de las criaturas, sus pequeños actos, los pequeños
sacrificios, las penas sufridas por amor nuestro, un te amo de corazón que nos ha dicho. Todo
pescamos de dentro de nuestro mismo mar para darnos el contento, la felicidad de la
correspondencia del amor de la criatura, y lo anhelamos tanto que de ello hacemos nuestra
pesca diaria y preparamos nuestra mesa celestial. El amor verdadero tiene virtud de transformar
las cosas, pone un dulce encanto a nuestras pupilas divinas y nos vuelve bellos, graciosos,
simpáticos, los pequeños actos amorosos de las criaturas, en modo que nos rapta, nos hiere,
nos felicita. Nosotros nos volvemos raptores, haciendo de ellos nuestra más agradable