ponen en soledad, me siento en ellas como dentro de un desierto, como si no les perteneciese,
me tratan como extraño, ¿pero sabes por qué no toman parte en mi Vida, en mis virtudes, en mi
santidad, en mis alegrías y en mis dolores? Compañía significa tomar parte en todo lo que hace
y sufre la persona que le está cerca, por tanto recibirme y no tomar parte en mi Vida, es para Mí
la soledad más amarga, y quedando solo no puedo decirle cuánto ardo en amor por ellas, y por
eso queda aislado mi amor, aislada mi santidad, mis virtudes, mi Vida, en suma, todo es soledad
en Mí y fuera de Mí. ¡Oh! cuántas veces desciendo en los corazones y lloro, porque me veo
solo, y cuando desciendo, viéndome solo, me siento no atendido, no apreciado, no amado, tanto,
que estoy obligado por su desatención a reducirme al silencio y a la tristeza, y como no toman
parte en mi Vida Sacramental, me siento apartado en sus corazones, y viéndome que no tengo
qué hacer, con paciencia divina e invencible espero la consumación de las especies
sacramentales, dentro de las cuales mi Fiat eterno me había aprisionado, dejando apenas los
rastros de mi descendimiento, porque nada he podido dejar de mi Vida Sacramental, quizá sólo
mis lágrimas, porque no habiendo tomado parte en mi Vida faltaba el vacío donde poder dejar
las cosas que me pertenecen, y que Yo quería poner en común con ellas. Por eso se ven tantas
almas que me reciben Sacramentado y no dan de Mí, son estériles de virtud, estériles de amor,
de sacrificio, pobrecillas, se alimentan de Mí, pero como no me hacen compañía quedan en
ayunas. ¡Ay! en qué estrechura de dolor y de cruel martirio es puesta mi Vida Sacramental,
muchas veces me siento ahogado de amor, quisiera liberarme y suspiro descender en los
corazones, pero ¡ay de Mí! estoy obligado a salir de ellos más sofocado que antes. ¿Cómo
podía desahogarme si ni siquiera han puesto atención a las llamas que me quemaban? Otras
veces la plenitud del dolor me inunda, suspiro un corazón para tener un alivio a mis penas, ¡pero
qué! quisieran que Yo tomase parte en las de ellas, no ellas en las mías, y lo hago, escondo mis
dolores, mis lágrimas para consolarlas, y Yo quedo sin el alivio suspirado. ¿Pero quién puede
decirte los tantos dolores de mi Vida Sacramental, y cómo son más los que me reciben y me
dejan en soledad en sus corazones, pero soledad amarga, que los que me hacen compañía? Y
cuando encuentro un corazón que me hace compañía, pongo en comunicación mi Vida con ella,
dejándole el depósito de mis virtudes, el fruto de mis sacrificios, la participación de mi Vida, y Yo
la escojo como mi morada, para escondite de mis penas y como lugar de mi refugio, y me siento
como correspondido por el sacrificio de mi Vida Eucarística, porque encuentro quién rompe mi
soledad, quién me enjuga las lágrimas, quién me da libertad para que pueda desahogar mi amor
y mis dolores, son ellas quienes me sirven como especies vivientes, no como las especies
sacramentales que nada me dan, solamente me esconden, el resto lo hago todo Yo solo, no me
dicen una palabra que rompa mi soledad, son especies mudas. En cambio en las almas que
me sirven como especies vivientes, desarrollamos la vida juntos, palpitamos con un solo latido,
y si la veo dispuesta le comunico mis penas y continúo en ella mi Pasión, puedo decir que de
las especies sacramentales paso a las especies vivientes para continuar mi Vida sobre la tierra,
no solo, sino junto con ella. Tú debes saber que no están más en mi poder las penas, y les voy
pidiendo por amor a estas especies vivientes de las almas, que me suplan en lo que a Mí me
falta. Por eso hija mía, cuando encuentro un corazón que me ama y me hace compañía,
dándome la libertad de hacer lo que quiero, Yo llego a los excesos, no me fijo en nada, doy
tanto, que la pobre criatura se siente ahogar por mi amor y por mis gracias, y entonces no queda
más estéril mi Vida Sacramental cuando desciendo en los corazones, no, me reproduce,
bilocando y continuando mi Vida en ella, y éstas son mis conquistadoras que suministran a este
pobre indigente de penas, su vida y me dicen: ‘Amor mío, Tú tuviste tu turno de penas y terminó,
ahora es mi turno, por eso déjame que te supla y que yo sufra en lugar tuyo’. Y ¡oh! cómo quedo
contento por esto, mi Vida Sacramental queda en su puesto de honor, porque reproduce otras
Vidas suyas en las criaturas. Por eso siempre junto conmigo te quiero, a fin de que hagamos
vida juntos y tú tomes a pecho mi Vida y Yo tome la tuya”.
1910 sig