31-25
Enero 22, 1933
Jesús no quiere hacer cuentas con las criaturas. El jardinero
celestial; la voluntad humana campo de Jesús; dote y
herencia que Dios da a la criatura.
(1) Estaba pensando en el Querer Divino, y miles de pensamientos se agolpaban en mi mente
y decía entre mí: “¿Pero por qué Jesús ama tanto el querer mi voluntad? Si ama el darme la
suya yo gano, al tener una Voluntad Divina en mi poder, poseo todo, encierro todo, aun al mismo
Dios, pero querer Él la mía, nada más por intercambio de la suya, es para maravillarse, ¿en qué
cosa le podrá beneficiar, serle de utilidad una voluntad tan débil e insignificante, que sabe
producir más mal que bien? Se ve que Jesús no entiende de cuentas, ni sabe dar, o mejor
dicho, no quiere dar el justo valor a lo que da, a la correspondencia que recibe, porque con tal
de obtener su intento, no se fija si obtiene poco o nada en comparación de lo mucho que ha
dado, pero aquí se ve que su amor es verdadero amor, porque es desinteresado”. Pero mientras
mi mente desatinaba, mi dulcísimo Jesús se hacía ver que estaba todo atento en escuchar mis
disparates, y complaciéndose todo me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, si Yo quisiera hacer las cuentas a la criatura, no tendría jamás nada que
darle, porque, en primera, lo que ella me puede dar, todo le ha sido dado por Mí, por lo tanto
dándome no me da otra cosa que lo mío, y por ello mi amor me hace siempre hacer a un lado
las cuentas; hacer cuentas con las criaturas, sería obstruir mi amor y hacerlo perder la libertad
de darles lo que quiere dar a la criatura, y se encontraría a disgusto. Además de esto, para
darte mi Divina Voluntad es necesario que des la tuya, porque dos voluntades no pueden reinar
dentro de un corazón, se harían guerra mutuamente, y la tuya sería de obstáculo a la mía, y por
tanto no sería libre de hacer lo que quiere, y Yo para volver libre a la mía, con tanta insistencia
te pido la tuya, pero esto no es todo aún, tú debes saber que tu voluntad estando en ti es débil,
insignificante, pero en cuanto llega a mis manos creadoras y transformadoras, cambia de
aspecto, Yo la vuelvo potente, la vivifico y encierro en ella el valor productor del bien, y Yo me
sirvo de esto para no estar ocioso, y haciéndome celestial jardinero trabajo en este campo de tu
voluntad y la hago un bello prado florido y un jardín de mis delicias. Así que lo que en tus manos
es insignificante y quizá aun dañino, en las mías cambia naturaleza y me sirve para divertirme y
tener un poco de tierra a mi disposición para formar las más bellas flores. Y además, para poder
dar, Yo quiero lo pequeño, lo insignificante, también como pretexto para poder dar lo grande y
así decir: ‘Me ha dado y he dado’. Es verdad que me ha dado lo pequeño, pero eso tenía, y
despojándose aun de lo pequeño por Mí, es el don más grande, y lo confío a la exuberancia de
mi amor a fin de que supla lo que le falta a la criatura”.
(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad y mientras buscaba seguir
sus actos, mi amado Jesús me ha dicho:
(4) “Hija mía bendita, tú debes saber que conforme tú buscas seguir los actos de mi Divina
Voluntad, tú te pones en camino en Ella, y mi Fiat te viene al encuentro para recibirte, para darte
sus actos, a fin de que los hagas uno con los tuyos, y Yo recibo las dulces sorpresas de tus
atenciones, el encanto de tu amor, y Yo no te pierdo nunca de vista y asisto a las escenas más
conmovedoras de tu nada en el Todo, de tu pequeño ser en el Grande, de lo finito en el infinito,
parece un alternarse mutuo entre Dios y la criatura, y en este sucederse, uno se vierte en el otro
por puro amor. Ahora, tú debes saber que cuando sacamos a la luz del día a la criatura, Nosotros
le dimos la dote, el ajuar de nuestras partículas divinas. La dote es nuestra Voluntad, no pusimos
un límite, más bien le dimos la libertad de aumentar su dote; ahora, los actos que hace en nuestra
Voluntad son nuevas propiedades que adquiere, aparte de las que le ha dado su Creador, y
1911 sig