(2) “Hija mía, en quien hace la Divina Voluntad, al hacer sus actos se vierte en Ella, no hay
parte de su ser que no tome lugar en el Querer Supremo, y entonces, todo lo que Dios ha creado,
todo lo que ha hecho y hará, estando todo encerrado en mi Querer, como un solo acto se vierte
todo sobre el acto de la criatura, de modo que el acto de ella queda lleno, embellecido,
circundado de todo lo que ha hecho y hará mi Voluntad, tanto, que se ven en el acto de la criatura
impresos, fundidos, circundados, todos los actos divinos. Cuando mi Voluntad obra, tanto en
nuestra Divinidad, cuanto en el acto humano, no sabe, ni quiere separar un acto suyo del otro
acto, sino que los une todos juntos y forma el nuevo acto que quiere hacer, se puede decir que
todo nuestro Ser Divino con todos nuestros actos nos vertemos sobre la criatura, nos
escondemos en ella, nos encerramos, mientras permanecemos en nuestra inmensidad y
potencia interminable cual somos. Sin embargo nuestra felicidad queda duplicada por parte de
la criatura, porque nos ha dado la ocasión de bilocar nuestra Vida junto con nuestros actos, y
Nosotros recibimos la gloria, el honor, el amor de nuestra misma Vida, y de todos nuestros actos
por parte de quien se hace poseer por nuestra Voluntad. Nos sucede como al sol, que cuando
desde la altura de su esfera se da a la tierra, parece que da sólo luz, pero no es verdad, junto
con la luz da todo lo que posee, y tan es verdad, que se ve la tierra florida con tanta variedad de
colores, variedad de dulzuras, de sabores, ¿quién ha dado tanta belleza, tantas sustancias,
tantos colores? ¿Sólo la luz? ¡Ah, no! Es porque la luz ha dado las sustancias, las propiedades
que posee la luz. Se puede decir que la tierra es rica, embellecida por las propiedades que
posee el sol, pero mientras el sol da, nada pierde de lo que posee. ¡Oh! si el sol tuviese razón,
cómo se sentiría más feliz, más glorificado por el gran bien que hace a la tierra. Reproducir
nuestra Vida, nuestros actos en nuestra amada criatura, para Nosotros es felicidad, y nos
sentimos como agradecidos hacia ella, porque nos ha dado el campo para hacer uso de nuestra
potencia comunicativa para reproducirnos en ella”.
(3) Entonces yo al oír esto pensaba entre mí: “¿Y si estuviese el pecado, las pasiones, cómo
puede recibir este gran bien la criatura?” y Jesús ha agregado:
(4) “Hija bendita, cuando el alma se da en poder de mi Voluntad, Ella tiene la virtud de hacer
perder la vida del mal, no hay pecado o pasiones que no sientan darse más que por armas
mortales la muerte, más bien, por sí mismas mueren, en cuanto mi Voluntad reina en el alma
así se sienten perder la vida. Ella es para el mal como el hielo a las plantas, que las quema, las
seca y las hace morir; es como la luz a las tinieblas, las cuales en cuanto aparece la luz,
desaparecen y mueren, es más, ni siquiera se sabe dónde han ido; mi Voluntad es como el calor
al frío, el frío muere bajo la virtud del calor. Si el hielo, la luz, el calor, tienen virtud de hacer
morir las plantas, las tinieblas, el frío, mucho más mi Divina Voluntad tiene virtud de hacer morir
todos los males juntos; pero si el alma no se hace dominar siempre por mi Voluntad, donde no
reina siempre Ella no puede comunicar todos los bienes y convertir en Vida Divina todo el
conjunto de la criatura, y donde falta la Vida Divina surge el mal, y puede suceder como a las
plantas si se retira la fuerza del hielo, las plantas si bien penosamente, comienzan a reverdecer;
si se retira la luz, las tinieblas surgen de nuevo; y si se retira el calor, el frío adquiere de nuevo
su vida. He aquí por qué la gran necesidad de hacer siempre, siempre mi Voluntad y de vivir en
Ella si quieres desterrar todos los males y erradicar también las raíces de las pasiones. Mucho
más que mi Querer Divino quiere dar siempre a la criatura, pero para dar está a la expectativa,
para ver cuando obra en su Voluntad, porque cada acto que hace en Ella adquiere un derecho
divino, así que por cuantos actos hace, tantos derechos adquiere en el mar de mi Fiat, y Ella
adquiere tantos derechos sobre la criatura, estos derechos de ambas partes vuelven dueños a
Dios y a la pobre criatura, y mi Voluntad bilocada y encerrada en el alma, por cuanto es capaz
de contener, como quiere dar siempre, la lleva a navegar en el mar inmenso de su Querer que
reina en Dios mismo, y volviéndola más capaz toma de su mar y agranda el marecillo de su
Querer en el fondo del alma, se puede decir que hace de ella su pequeña embarcación, para ir