(3) Después de esto he quedado toda sumergida en su amor, la escena conmovedora del
nacimiento del celestial niño, tanto universal como en cada uno, me hacía comprender quién
sabe cuántas cosas, pero creo que sea mejor pasarlas en silencio, porque no sabiéndolas decir
bien podría decir disparates. Ahora, a fin de hacer la fiesta al celestial niño me abandonaba
toda en la Divina Voluntad, y Él, regresando de nuevo, era tan gracioso, con una belleza tan
especial, que no se encuentra otra semejante, y todo amor, encerrándose en mi corazón como
lugar de su nacimiento, repetía en mí sus llantos infantiles, los gemidos amorosos, sus repetidos
sollozos. ¡Oh! cómo era conmovedor el verlo ahora llorar, ahora sollozar, ahora gemir, y hacía
el primer ingreso de renacimiento en cada uno y en todo, con las armas de sus lágrimas, con
las estratagemas de sus sollozos, con las oraciones de sus gemidos, con esto se hacía raptor y
a base de raptar con la fuerza de un Dios que poseía, entraba en los corazones para formar su
nuevo renacimiento. ¡Oh Cielos! inclínense y junto conmigo amen y adoren al celestial niño.
Pero mientras mi mente se perdía en un misterio tan grande, el dulce niñito entre las lágrimas y
los sollozos mezclados con una celestial actitud de sonrisa ha agregado:
(4) “Hija bendita, mi nacimiento no sólo fue universal, porque como Dios no podía obrar de
otro modo, me encontré en las condiciones del sol, que, quieran o no quieran, todas las cosas
creadas, la Creación toda y todas las criaturas deben recibir su luz, su calor; desde lo alto de
donde desciende con su imperio de luz y con su supremacía que posee sobre todos y sobre
todo, parece que el sol dice en su mutismo, pero más fuerte que si hablase: ‘O me recibes con
amor, o te invisto con los derechos que poseo de darte luz, y si no me quieres recibir te
circundaré por todos lados, de modo que no podrás huir de mi luz y tendré la gran gloria de
haber dado mi luz a todos’. Símbolo de mi nacimiento, el sol, porque también él renace en todos
los días, para todo y para cada uno, y Yo no sólo renazco en modo universal, sino que mientras
renazco hago una invasión, no sólo renazco en el corazón, sino que invado la mente con mis
pensamientos, los ojos con mis lágrimas, la voz con mis gemidos, de modo que hago la invasión
universal de todas las criaturas, la tomo por todos lados, a fin de que no me pueda escapar; si
me reciben con amor, mi Vida no sólo nace en ellas, sino que crece en modo sorprendente, si
después no me reciben con amor, renazco en ellos con mis derechos de Dios que poseo, pero
no crezco en ellos, permanezco pequeño y solo, y me quedo a reserva, esperando, quién sabe
si con mis gemidos y lágrimas se muevan a amarme, y si esto no logro, mi Vida se cambia para
ellos en justicia. Y ¡oh! cómo me destroza mi corazoncito el ver mi nacimiento todo amor
cambiado en justicia para la pobre criatura. Por eso, ya que he nacido en ti, dame el bien de
hacerme crecer, así me cambiaras en alegrías mis lágrimas y mis gemidos”.
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31-22
Enero 6, 1933
Quien obra en la Divina Voluntad, Dios se esconde en la criatura
con todos sus actos; agradecimiento que siente por quien le hace
producir su Vida. Derechos de ambas partes.
La pequeña embarcación.
(1) Estaba haciendo mi giro en la Creación para seguir los actos que la Divina Voluntad había
hecho en ella, y me parecía que cada cosa creada me daba la entrada para recibir mi acto y
ponerlo como cortejo y correspondencia para la Divina Voluntad que poseían como actora y
conservadora de las cosas creadas. Ahora, mientras esto hacía, el celestial niñito me ha hecho
su breve visita y me ha dicho: