31-21
Diciembre 25, 1932
El nacimiento del Niñito Jesús fue universal, nació en todo y en
cada uno. Para tenernos seguros vino a cubrirnos con la
vestidura de su Humanidad. Ejemplo del sol.
(1) Mi abandono en el Fiat continúa, y siendo hoy el día de la Santa Navidad he pasado toda
la noche sin ver a mi celestial niño, y sentía un quebranto en el corazón sin Aquél que forma mi
vida y mi todo. ¡Ah! vivir sin Él es vivir como si no se tuviese vida, torturada, sin fuerza, sin
apoyos, lo que forma la más terrible de las muertes para la pobre y pequeña alma mía, y entre
las ansias y el temor, rogaba al Querer Supremo que me develara a Aquél que me amaba y que
formaba mi duro martirio. Mientras tanto, mi mente ha quedado como raptada por una luz
inmensa que llenaba Cielos y tierra, y ¡oh! maravilla, veía al pequeño niño divino renacido en
cada cosa creada, en cada corazón, en todo, el pequeño niñito Jesús multiplicado, bilocado,
renacido en modo infinito, en todo y en cada uno, así que todos tenían el bien de sentir nacido
en ellos al celestial niño. ¡Oh! cómo era bello verlo pequeño, pequeño en el sol, en las estrellas,
en todos los elementos, en todas las criaturas, que todos alababan y tenían el gran honor, el
bien inmenso de tenerlo renacido en cada uno, y de poseer como propia la dulce prenda del
niñito Jesús. Ahora, entre la maravilla y el estupor veía que también en mí había nacido Aquél
que con tantos suspiros y ansias buscaba, y me lo estrechaba fuertemente entre mis brazos, y
Él me dejaba hacer, es más, gozaba de que hiciera eso, y todo ternura me ha dicho:
(2) “Hija mía, ámame, ámame, he nacido para amar y para ser amado, y para obrar como
Dios mi nacimiento es universal, no habría obrado como Dios si no hubiese renacido en modo
universal, de modo que todos pueden decir con los hechos: ‘El Celestial niño ha nacido para
mí, es mío, y es tan verdadero que ya lo poseo’. Mi amor quedaría obstaculizado si no hubiese
podido renacer en todos, mi potencia limitada, mi inmensidad restringida si no fuese universal
mi nacimiento, y no es maravilla, conforme mi Divinidad llenaba Cielos y tierra, así
incorporándose en mi pequeña Humanidad, la multiplicaba y bilocaba de modo que me hacía
renacer en todos y en cada uno. Son nuestros modos divinos e infinitos que tenemos, que todos
deben tomar el bien que hacemos, y ser preñados de nuestras obras. Mucho más, que Yo
bajado del Cielo a la tierra quise tomar carne humana para glorificar completamente la gloria del
Padre Celestial, para suplir a todo lo que el hombre no había hecho, he aquí por qué quiso
renacer mi pequeña Humanidad aun en las cosas creadas, porque el hombre no nos había dado
la gloria, la correspondencia del amor por el que habíamos creado un cielo, un sol y tantas otras
cosas, y mi Humanidad renaciendo en ellas glorificaba a mi Padre Celestial completamente por
toda la obra de la Creación. El hombre con rechazar mi Divina Voluntad se había vuelto
impotente para todo, y Yo venía para ser su salvador, reparador, glorificador, defensor, y lo
cubría dentro de la vestidura de mi Humanidad, para tenerlo seguro, y en cada cosa responder
Yo por él a mi Padre Celestial. Era tanto mi amor, que mi Divinidad para dar un desahogo a mi
amor, me llevaba a nacer en cada corazón y en todas las cosas, tan es verdad, que los primeros
en reconocerme y en alabarme fueron las cosas creadas, porque sintiendo mi nacimiento en
ellas exultaron de alegría y me hicieron fiesta, ¿pero sabes tú quiénes son aquellos que me
hacen fiesta al nacer en sus corazones? Aquellos que poseen mi Divina Voluntad, éstos
advierten pronto que Yo he nacido en sus corazones, y me hacen fiesta perenne, en cambio los
demás me hacen llorar, me causan dolor, y con el pecado me preparan el cuchillo para herirme
o para matarme”.