Cielos están comprometidos junto con Ella, y todos sienten, o la fiesta si viene aceptado, o el
dolor si viene rechazado. Por eso sé atenta, no quiero otra cosa sino que en tus pequeños
actos, en todo lo que haces, si oras, si sufres, si trabajas, en todo, que el intercambio sea
continuo, que tomes el don de mi Voluntad y me des la tuya. ¡Oh! cómo me volverás feliz, Yo
seré todo ojos sobre tu acto, a fin de que tenga todos los requisitos de un acto digno de mi Divina
Voluntad”.
(3) Después me sentía toda investida por el Querer Divino, lo sentía palpitante en mi pequeña
alma, su aire celestial y balsámico formaba el cielo en mí y probaba la felicidad de allá arriba,
más bien me sentía más feliz que los ciudadanos celestiales, porque ellos no tienen un don de
acto de Voluntad Divina como conquista, como nuevo renacimiento en Dios, sino que tienen el
don de Ella sólo para hacerse felices y beatificase, pero como conquista no, yo en cambio puedo
hacer nuevas conquistas y puedo encerrar en mi acto una Voluntad Divina obrante. Pero
mientras mi mente desvariaba, el dulce Jesús sorprendiéndome ha agregado:
(4) “Hija bendita, quiero decirte la razón por la que quiero que la criatura reciba el don de mi
Voluntad en todos sus actos, y me dé otras tantas veces la suya, porque si en un acto sucede
este intercambio y en otro no, en el acto donde no hay intercambio se forma el vacío en el alma,
y este vacío es llenado de miserias, de debilidades, de pasiones, con esto, la Vida Divina queda
despedazada y como separada en ella, así que los verdaderos renacimientos no pueden
suceder, porque faltaría el alimento, la materia prima del acto continuo de mi Fiat que forma
estos nuevos renacimientos en Dios, mucho más que sólo Ella posee y forma el acto continuo,
por eso sin su acto continuo es imposible recibir tan grandes dones y bienes de hacer maravillar
Cielos y tierra”.
(5) Entonces al escuchar esto he dicho: “Dime Amor mío, ¿por qué te interesa tanto el que
quieres la voluntad de la criatura y quieres dar la tuya?” Y Jesús:
(6) “¿Quieres saber el por qué? Porque con tomar su voluntad pongo a la criatura al seguro,
y con darle la mía la tomo por todos lados y pongo al seguro mi Vida en ella, y como mi Voluntad
Divina no hay cosa o persona en que no tenga sus vínculos de dominio y de conservación, la
afortunada criatura la siento junto Conmigo en todo y en todos, y entonces puedo decir con los
hechos, no con las palabras: ‘Lo que es mío es tuyo, y todo lo he hecho por ti’. Con esto mi
finalidad está realizada, mi obra creada con tanto amor, cual es la criatura, no me preocupa más,
ni hay más peligro porque mi Divina Voluntad la tiene asediada en sus infinitos confines, así que
no queda otra cosa que gozármela y volvernos felices, con una felicidad jamás interrumpida por
ambas partes. He aquí por qué hasta en tanto no vea a la criatura dotada con el don de mi Fiat,
no me doy paz, estoy en guardia continua, porque sé que su querer puede traicionarla a ella y a
Mí, por eso debo utilizar estratagemas, industrias amorosas, debo trabajar siempre, para Mí no
hay descanso. En cambio cuando su querer está en mi poder y el mío en su poder, Yo reposo
sobre su suerte, no hay más peligro, y si quiero el intercambio continuo entre Yo y ella, es para
tener ocasión de tener qué hacer, ocasión de decir y de entretenerse dulcemente en
conversación, y como quiero darle siempre de lo mío, uso el pretexto de querer el intercambio
de la suya para darle de nuevo mi Voluntad, pero la suya ya era mía, y la mía ya era suya, sólo
que con darla de nuevo, acreciento nueva Vida Divina y gracias más sorprendentes. Por eso
siempre en mi Querer te quiero, y así podremos estar seguros, tú de estar siempre Conmigo, y
Yo contigo”.
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1904 sig