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Diciembre 21, 1932
Intercambio de dones, de voluntad entre Dios y el alma. Renacimiento
continuo en la Vida Divina, vínculo de esponsalicio, fiesta de todos.
La Divina Voluntad tiene asediada a la criatura.
(1) Me siento como una pequeña niña en los brazos de la Divina Voluntad, ¡oh! cómo me
parece verdad que soy la pequeña recién nacida, que mientras estoy por nacer, otro acto suyo
de Voluntad Divina se vierte sobre mí, o bien otro conocimiento suyo que me manifiesta, y yo
renazco nuevamente en aquel acto y en aquel conocimiento como a una vida nueva en su
Voluntad Divina, que primero no tenía en mi poder, ni siquiera la conocía, y en el acto de recibirlo
yo me siento renacida de nuevo, pero mientras estoy por renacer me da otro acto suyo, me
inviste de otro conocimiento suyo, y yo estoy siempre en acto de renacer. ¡Oh! potencia del Fiat
Supremo, Tú no sabes dejar jamás a la criatura, más bien me parece que me pones en el
laberinto de tu luz inmensa, en acto de darle siempre nueva vida, y yo siento la necesidad de
recibir de Ti tu Vida continua, por lo tanto quedarme perdida en Ti, pero feliz pérdida, porque no
es pérdida sino conquista de nueva Vida Divina que hace la criatura. Pero mientras mi mente
se perdía en el Fiat Divino, mi Maestro Celestial, visitando a su pequeña recién nacida, todo
bondad me ha dicho:
(2) “Mi pequeña hija, mi amor es tanto, que estoy siempre en acto de hacer don de mi Voluntad
en todos los actos que hace la criatura para recibir el don de la suya, Yo soy el primero en
cederle el don de la mía, estoy al acecho para ver cuándo la criatura está por hacer un acto para
darle el don de mi Voluntad en su acto, a fin de que en vista del gran don que le hago me dé el
pequeño don de su querer. Ahora, con este mi don de mi Querer que voy dando en todos los
actos de la criatura, recibe un acto nuevo de Vida Divina, y la hago renacer en aquel acto nuevo
que le doy, y ella siente la nueva Vida Divina que adquiere, y mientras está por formarse en
aquella Vida Divina, Yo no espero, sino que prontamente le hago de nuevo el don de mi Querer,
y así voy alternando la vida de la criatura, con el dar mi don y con querer recibir el suyo, a fin de
que sienta el crecimiento y el renacimiento continuo de su vida en la Divina. Ahora, es tan
grande este don que hago, que mientras estoy por hacerlo, los Cielos se maravillan y reverentes
se abajan para adorar un don tan grande, y alaban a su Creador por tanta generosidad, y todos
se ponen atentos para ser espectadores del cómo se desenvuelve este don en el acto de la
criatura, y cuando ven el nuevo renacimiento que hace en la Vida Divina, ellos están temblorosos
al ver el gran portento, pues renace a nueva Vida Divina por cuantas veces le viene dado este
don de mi Voluntad, y ¡oh! cómo me agradecen por tanta bondad mía, porque todos se sienten
más felices al ver este don de mi Querer obrante en el acto de la criatura. Se puede decir que
en este intercambio de voluntad, en estos dones recíprocos de ambas partes, sucede un
esponsalicio entre el alma y Dios, esponsalicio repetido, siempre nuevo, y cuando hay boda
todos hacen fiesta a los nuevos esposos, y alaban a su Creador, porque con este don de mi Fiat
no es sólo un don que hago, sino que junto con el don doy mi Vida, que forma el vínculo de la
inseparabilidad, en el cual consiste la sustancia del verdadero esponsalicio entre lo humano y lo
Divino, y ¡oh! la suma ingratitud de quien no recibe el don de mi Querer en su acto,
especialmente al ver mis premuras porque quiero darlo, ruego y suplico que lo reciban, y muchas
veces me ingenio para procurar nuevos incidentes, circunstancias no esperadas, para tener
nuevas ocasiones para poderles dar más frecuentemente mi don del Fiat, y cuando veo que no
lo aceptan, me siento cambiar en dolor mis industrias de amor, y podría decir que los Cielos
lloran junto Conmigo, porque cuando actúa este don de mi Voluntad en el acto de la criatura, los