animadas e inanimadas con tu ‘te amo’, Yo miro todo cubierto por la belleza del amor de la
criatura, y quedando raptado digo con todo el énfasis de mi amor: ¡Ah sí, cómo estoy contento!
Ya soy amado, y mientras Yo triunfo en su amor, ella triunfa en mi amor”.
(5) Dicho esto ha hecho silencio, y era tanto el ímpetu de su amor, que como desvanecido
buscaba reposo en mis brazos. Y después como restablecido, ha repetido con un énfasis más
fuerte:
(6) “Hija mía queridísima, tú debes saber que lo que quiero y que más me interesa, es que
quiero hacer conocer que Yo amo a la criatura, quiero decir al oído de cada corazón: ‘Hijo, te
amo’. Y estaría contento si oyese que me responde con mi mismo estribillo: ‘Jesús, te amo’.
Siento la irresistible necesidad de amar y de ser amado, ¡oh! cuántas veces quedo sofocado en
mi amor, porque mientras Yo amo, no sintiendo que me amen mi amor no encuentra desahogo,
y quedo ahogado en mi mismo amor. He aquí por qué amo tanto tu ‘te amo’, conforme tú lo
dices toma la forma de una llamita reparadora, que viniendo en mi gran fuego de amor me trae
el alivio, y esparciéndose como rocío benéfico sobre las llamas que me queman, lleva la
tranquilidad a mi amor, a mis delirios, a mis afanes amorosos, porque si he sido amado puedo
dar lo mío, y pudiendo dar lo mío mi amor se desahoga. Hija mía, Cielos y tierra están llenos y
colmados de mi amor, no hay punto donde mi amor no sienta la necesidad de desbordarse para
bajar su nivel y correr, y correr en busca de corazones para decirles su palabrita: ‘Hijo, te amo,
te amo tanto, y tú, dime que me amas’. Y es todo oídos para escuchar si la criatura le dice que
lo ama, si esto le viene afirmado, siente calmado su amor en ella, y ahí toma su dulce reposo.
En cambio si no le viene afirmado, corre, recorre cielo y tierra, no se detiene si no encuentra
quién le dice que lo ama. Ahora, cada ‘te amo’ de la criatura es un desahogo a mi amor, el cual
entrando en el mío se incorpora en mi mismo amor, y tiene virtud de abrirlo, mientras queda todo
entero cual es, y formando como las fisuras forma los caminos para hacer desahogar mi amor;
pero este amor sólo es puro cuando está animado por mi Voluntad. ¿Ves entonces qué cosa
es tu larga cantaleta de tu ‘te amo’? Son tantos desahogos que das a tu Jesús, y me llaman al
reposo en tu alma, por eso quiero que me digas siempre tu ‘te amo’, lo quiero ver en todas las
cosas que he hecho por ti, amo escucharlo siempre, siempre, y cuando no me lo dices,
suspirando digo: ‘¡Ay de Mí, ni siquiera la pequeña hija de mi Querer me da el continuo
desahogo para poderme desahogar en su pequeño amor, y quedo todo afligido y espero tu
amado estribillo, ‘te amo, te amo’. Ámame hija mía, ámame, ten piedad de mi corazón herido
que sufre, se agita, delira, y anhelante te pide amor, y delirando te abrazo, te estrecho fuerte,
fuerte a mi corazón para hacerte sentir cómo ardo en amor, a fin de que sintiendo mis llamas,
esto te mueva a piedad de Mí y me ames. ¡Oh! hazme feliz, ámame, cuando no soy amado me
siento desdichado en mi amor, y por ello llego al delirio, y cuando un corazón piadoso se mueve
a piedad de Mí y me ama, me siento cambiar la desventura en felicidad. Y además, cada ‘te
amo’ tuyo no es otra cosa que un pequeño leño que arrojas en el océano inmenso de mi amor,
que convirtiéndose en llamita acrecienta un grado de más de amor para tu sufriente Jesús”.
+ + + +
1902 sig