como si no los tuviésemos, y que no reconozcan a Aquél que les da la vida y los ama tanto.
Esto no sucede para quien ya conoce que vive en nuestra Voluntad, nos conocemos
mutuamente, vivimos como entre hijos y padre, más bien ella vive en Nosotros, y Nosotros en
ella, y formamos una sola Voluntad”.
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31-19
Diciembre 16, 1932
El bien hace surgir en naturaleza la gloria, y esta gloria se hace
narradora de aquélla que lo ha hecho. Cada ‘te amo’ es un
triunfo de Jesús, y cómo para ser amado pone en
él su amor escondido.
(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, si bien bajo la opresión de las repetidas
privaciones de mi amado Jesús, a pesar de que la luz del eterno Fiat no me deja nunca, sus
oleadas de luz me invisten dentro y fuera de mí, y se hacen latido, respiro, movimiento, alimento
de mi pequeña alma. ¡Ay! si no fuera por la Divina Voluntad que como vida se sustituye a todo,
aun al mismo Jesús, de un golpe terminaría la vida, y la misma luz me llevaría al Cielo, pero, ¡ay
de mí! decía entre mí: “Cómo es prolongado mi exilio, ¿cuál es el bien que hago, y aunque lo
hiciera, qué gran cosa es el bien que podría hacer?” Mientras esto pensaba, mi amada Vida, el
dulce Jesús, repitiendo su breve visita me ha dicho:
(2) “Hija mía, ánimo, mi Voluntad te está consumiendo en su luz para formar en ti su copia
divina, y es tanto su celo, que no cesa un instante de mandarte luz, para no darte tiempo de
hacer tu voluntad sino siempre la mía. Y además, ¿qué gran cosa es el bien que haces? El
todo está en el obrar el bien, él es la sustancia de la santidad y el sol que resplandece por medio
de sus santas palabras, obras y pasos en medio a las criaturas, que mientras da luz a sí mismo
y lo calienta, da luz y calienta a quien le está junto. El bien produce la gloria imperecedera en
la tierra y en el Cielo, ¿quién puede jamás quitar la gloria de un bien que uno ha hecho?
Ninguno, ni Dios, ni las criaturas, más bien en el acto bueno surge de dentro de sí, como
naturaleza, la gloria que el mismo acto contiene, tanto que muchas veces lo olvidan las criaturas,
pero el bien obrado permanece como vida en medio de ellas, y no es fácil olvidarlo; por eso cada
bien hecho canta la gloria y se hace narrador de quién lo ha hecho. Así que si tú hicieras aunque
fuera un solo acto bueno estando en vida, toda la eternidad te cantaría una gloria mayor”.
(3) Después seguía mi giro en el Querer Divino, según mi costumbre animaba a todas las
cosas creadas con mi pequeño ‘te amo’, y quería dejarlo impreso en todas las cosas, a fin de
que se hiciese voz y pidiese el reino de la Divina Voluntad sobre la tierra. Y Jesús bendito,
sorprendiéndome de nuevo ha agregado:
(4) “Mi pequeña hija de mi Querer, tú debes saber que es tanto el afán, el delirio de querer
amar y ser amado por las criaturas, que escondido, sin hacerme advertir, pongo en el fondo de
sus almas una dosis de mi amor, y según sus disposiciones así aumento la dosis, y sintiendo en
ellas mi amor, me dicen con el corazón, ‘te amo, te amo’. Yo al sentirme amado, triunfo en el
amor de la criatura, así que en cada ‘te amo’ suyo es un triunfo que obtengo, y si bien lo he
puesto Yo sin dejarme ver, no me fijo que ha sido un artificio mío para hacerme amar, me fijo
más bien que ha pasado por el canal de ellas, esto es, de su voluntad, de su voz, y sintiéndome
herir lo miro como amor que me viene de la criatura. Así que cada uno de tus ‘te amo’ es un
triunfo de más que haces obtener a tu Jesús, y conforme tú buscas cubrir Cielo y tierra, las cosas
1901 sig