3-101
Julio 25, 1900
En Jesús no hay crueldad alguna, sino que todo es amor.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús ha venido y me ha hecho ver una máquina donde parecía
que se trituraran muchos miembros humanos, y en el aire como dos señales de castigos que
daban terror. ¿Quién puede decir la consternación de mi corazón al ver todo esto? Pero el
bendito Jesús viéndome tan amargada me ha dicho:
(2) “Hija mía, alejemos por un poco lo que tanto nos aflige y reconfortémonos con jugar un
poco juntos”.
(3) ¿Quién puede decir lo que ha pasado entre Jesús y yo en este juego, las finezas de amor,
las estratagemas, los besos, las caricias que recíprocamente nos dábamos? Si bien me
sobrepasaba mi amado Jesús, porque yo, siendo débil, me sentía desfallecer, tan es verdad,
que no pudiendo contener en mí lo que Él me daba he dicho: “Amado mío, basta, basta, que no
puedo más, yo desfallezco, mi pobre corazón no es tan grande para ser capaz de recibir tanto,
por eso basta por ahora”.
(4) Entonces, queriéndome reprochar mi hablar del otro día, dulcemente me ha dicho:
(5) “Dime tus querellas, dilo, dilo, ¿soy cruel? ¿Mi Amor hacia ti se ha cambiado en crueldad?”
(6) Y yo avergonzándome toda he dicho: “No Señor, no eres cruel cuando vienes, pero cuando
no vienes, entonces diré que eres cruel”.
(7) Y Él sonriendo ante mis palabras ha agregado:
(8) “Sin embargo continuas diciendo que cuando no vengo soy cruel, no, no, en Mí no puede
haber ninguna crueldad, sino que todo es amor; y debes saber que si es como tú dices, entonces
el mismo ser cruel, es amor más grande”.
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3-102
Julio 27, 1900
Ve los ataques a la Iglesia en la guerra de China.
(1) Me encontraba toda preocupada por mi miserable estado, especialmente de que éste no
fuera más Voluntad de Dios, considerando como indicio cierto el escaso sufrir y sus continuas
privaciones. Mientras estaba consumiendo mi pequeño cerebro en esto y esforzándome en salir
de este estado, mi siempre buen Jesús, como relámpago se ha hecho ver diciéndome:
(2) “Hija mía, ¿qué quieres tú que haga? Dime, Yo haré lo que tú quieres”.
(3) Ante esta propuesta tan inesperada no supe qué decir, sentía tal confusión de que el
bendito Jesús debiese hacer lo que yo quería, mientras que soy yo la que debe hacer lo que Él
quiere, que he quedado muda. Entonces, al ver que yo no decía nada, como relámpago ha
huido, y yo, corriendo tras esa luz me he encontrado fuera de mí misma, pero no lo he
encontrado y he girado por la tierra, por el cielo, por las estrellas, y ahora lo llamaba con la voz,
y ahora con el canto, pensando entre mí que el bendito Jesús al oír mi voz y mi canto quedaría
herido y con seguridad lo encontraría. Ahora, mientras giraba, he visto la matanza cruel que se
continúa haciendo en la guerra de China, las iglesias demolidas, las imágenes de Nuestro Señor
arrojadas por tierra, y esto es nada aún, lo que me ha dado más espanto ha sido el ver que si
ahora lo hacen los bárbaros, los seglares, después lo harán los fingidos religiosos, que
desenmascarándose y haciéndose conocer quienes son, uniéndose con los enemigos abiertos
de la Iglesia, darán tal asalto, que parece increíble a mente humana. ¡Oh, cuántas matanzas
más crueles aún! Parece que han jurado entre ellos terminar con la Iglesia. Pero el Señor tomará