ama, adora en el tiempo, viene visto en el tiempo, y todo lo que se hace en el tiempo, son obras
sin confirmación, más bien deben esperar el juicio para ser, o confirmadas o condenadas, o bien
purificadas por el fuego del purgatorio, y son vistas como obras de criaturas en las cuales puede
faltar plenitud de santidad, plenitud de amor y plenitud de valor infinito. Todo lo contrario para
quien vive y obra en nuestra Voluntad, siendo actos nuestros, todo es plenitud de santidad, de
amor, de belleza, de Gracia, de luz y de Valor infinito. Hay tal distancia entre el uno y el otro,
que si todos la comprendiesen, ¡oh! cómo estarían atentos a vivir en nuestro Querer, a fin de
que quedaran vacíos del acto humano y llenos del acto obrante de una Voluntad Divina. Por
eso sé atenta, y no hagas nada que no sea cernido y vaciado por la luz de mi Voluntad, y me
darás el sumo contento de ponerme a la obra, y de hacerme obrar como el Dios que soy. Por
eso en Ella te espero siempre, para dar el paso para venirte al encuentro, para extenderte los
brazos, a fin de que obre en ti, para abrir la boca y entretenerme contigo en dulce conversación
para manifestarte los arcanos secretos de mi Fiat Supremo”.
(4) Después de esto estaba pensando en todo lo que mi sumo Bien Jesús me había dicho,
como si quisieran surgir en mí dudas y dificultades, y Él con una maestría indecible me ha dicho:
(5) “Mi buena hija, no te maravilles de lo que te digo, todo es posible a mi Voluntad, lo imposible
no existe, con tal de que la criatura se haga conducir por Ella todo está hecho. Tú debes saber
que todo lo que te digo debe servir para formar, ordenar, armonizar el reino de mi Divina
Voluntad; estoy repitiendo el modo que tuve en la Creación: ‘Pronunciaba el Fiat y callaba, y si
bien dicen días, en aquellos tiempos el día no existía, por tanto podían ser también épocas en
las que formé la gran máquina del universo, hablaba y obraba, y era tanta mi complacencia de
la obra que producía mi palabra, que con un Fiat mío me disponía y me raptaba otro Fiat mío, y
después otro más, tanto que mi Fiat sólo se detuvo cuando vio que nada faltaba a su obra, más
bien todo era suntuosidad, belleza, orden y armonía, y para gozarme mis obras quedé como
vida y haciendo guardia a mi mismo Fiat. Mi mismo Fiat con su potencia me ató en mis obras,
y me volvió inseparable de ellas. El todo está en pronunciar mi primer Fiat, dar mis primeras
lecciones, depositar en el alma la potencia y la obra de mi Fiat, y cuando he comenzado, puedo
decir que no me detengo más, hasta terminar la obra. ¿Qué habrías dicho si hubiese hecho la
Creación a la mitad? No habría sido una obra digna de Mí, ni un amor exuberante el mío, por
ello un Fiat atrae y rapta al otro, forma en la criatura el vacío dónde poner el orden, la armonía
de mi Fiat obrante, la dispone y se impone sobre Mí para hacerme dar otras lecciones, para
poder formar tantos actos juntos, los cuáles unidos entre ellos forman la nueva creación más
bella, más esplendorosa que la máquina del universo, la cual debe servir para el reino de mi
misma Voluntad. Por ello cada palabra mía es una obra, es un desahogo de amor de más, es
un poner fin a mi primer Fiat comenzado, el cual, dándose la mano el primero y el último que
será pronunciado, formarán la trama de la nueva creación de mi reino en el fondo del alma, el
cuál trasmitido a la posteridad será portador del mismo universo, de bienes, de santidad, de
gracias a las humanas generaciones. Mira entonces qué significa una palabra de más, una
palabra de menos, una lección de más, una lección de menos. Son obras, las cuales si no
vienen recibidas, con no tomarlas en cuenta, mi Fiat no atrae y rapta a pronunciar otros Fiat, y
por lo tanto no será completa, y Yo esperaré y repetiré mis lecciones, y si las repito es señal de
que no han tenido en cuenta lo que te he dicho, y Yo no quiero que falte nada, porque está
establecido todo lo que debo decirte sobre mi Voluntad. Por ello sé atenta y déjame hacer lo
que quiero”.
(6) Después de esto estaba pensando en lo que está escrito al principio de este capítulo, esto
es, que quien obra en la Divina Voluntad obra en la eternidad, quien obra fuera de Ella obra en
el tiempo, y pensaba entre mí: “¿Y por qué esta gran diferencia?” Y mi sumo amor Jesús ha
agregado:
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