la vida. Por ello sé atenta, adora mi Voluntad y lo que ha dispuesto de ti, si quieres contentar a
tu Jesús”.
+ + + +
31-12
Octubre 21, 1932
La criatura, cielo tachonado de estrellas. La Creación encerrada
en la criatura. La práctica del bien forma la vida del bien en
la criatura. Señal de si Jesús vive en el alma.
(1) Estoy siempre en poder del Fiat Divino. Él me espera en todas las cosas creadas para
duplicar el amor que tuvo al crear tantas cosas para mí, parece que el Querer Divino suspira el
amor de su amada criatura para poder encontrar el pequeño apoyo de amor donde apoyar su
gran amor. Por lo que, cielos, soles, vientos, no son otra cosa que llamadas insinuantes y
continuas para decirnos: “Yo te he precedido con mi amor, tú no me dejes sin el tuyo”. Pero
mientras escuchaba que todos me llamaban a amar a mi Creador, mi amado Jesús,
sorprendiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía, así como creé un cielo que se extiende sobre tu cabeza, tachonado de estrellas,
así creé un cielo dentro de ti, y este cielo es tu alma que se extiende dondequiera, desde la
punta de la cabeza hasta la punta de los pies, no hay parte de ti donde este cielo no se extienda,
así que hay un cielo fuera, y un cielo dentro, más bello aún, y todo lo que hace este cielo por
medio de tu naturaleza, esto es, si piensa, si habla, si obra, si sufre, no son otra cosa que
estrellas fulgidísimas con las cuales se va adornando este cielo del alma; el sol que resplandece
dentro de él es mi Voluntad, el mar que corre es mi Gracia, el viento mis sublimes verdades que
forman los prados floridos de las más bellas virtudes, la Creación está toda encerrada en la
criatura. No era ni de nuestra sabiduría, ni de nuestro potente amor, crear la Creación sólo por
fuera de la criatura, y por dentro, la parte vital y sustancial de ella, sin cielo, estrellas y soles, no,
no, cuando Nosotros hacemos una obra la llenamos dentro y fuera de nuestras obras y de
nuestra misma Vida, pero tanto, que no debe haber partícula de su ser en que no deba sentir
nuestra Vida y la fuerza de nuestras obras creadoras. Por ello amamos tanto a la criatura,
porque es obra nuestra, y dejamos nuestra Vida en ella para conservar lo que Nosotros
habíamos hecho. He aquí el por qué quien no sienta en sí la Vida de mi Divina Voluntad, significa
que la conoce teóricamente, pero no en la práctica, porque cuando se conoce un bien y se
practica, tiene la virtud de formar la sustancia de la vida del bien que se conoce, de otra forma
quedaría sin práctica, como una pintura dibujada, que no teniendo vida no tiene virtud de formar
su vida en quien la mira. Mi Voluntad es vida, nuestras obras son obras vivas, no muertas, sin
embargo para quien no las conoce, o no busca conocerlas, o no las ponga en práctica, pueden
ser para ella obras muertas y sin vida. Por ello es la práctica lo que espero de la criatura para
realizar, formar y hacer crecer la Vida de mi Querer, y volver vivas para ella nuestras obras”. 47
(3) Después de esto sentía un temor, una duda, de si en mi alma estuviese mi dulce Jesús, o
bien se había retirado dejándome sola y abandonada. ¡Ay de mí! Qué espina cruel que hiere y
47 He aquí la parte fundamental de toda la obra de Luisa: No basta el ‘saber’, el ‘conocer’ acerca de la Divina
Voluntad, sino que debemos hacerla vida, pues un conocimiento lo tenemos, lo poseemos en nuestra mente, lo
podemos usar en tiempo y circunstancia, pero no se convierte en vida; la vida no es así, siempre se manifiesta y no
podemos dejar de sentirla, pues si se pudiera, estaríamos muertos.48 Este libro ha sido traducido directamente del
original manuscrito de Luisa Piccarreta49 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa
Piccarreta.50 Este libro ha sido traducido directamente del original manuscrito de Luisa Piccarreta.