hace sentir la muerte más despiadada, pero mi siempre amable Jesús, sorprendiéndome me ha
dicho:
(4) “Hija mía, no temas, para tranquilizarte quiero decirte la señal de cuando estoy en ella y
cuando parto: Si el alma se somete a mi Voluntad, la ama, le da el primer lugar, es señal que
Yo moro en ella, porque mi presencia tiene la virtud de tener a la voluntad humana sometida a
la mía; en cambio, si se siente rebelde a mi Voluntad, entonces es señal cierta de que Yo me he
retirado. Por ello tranquilízate y no temas”.
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31-13
Octubre 30, 1932
Quien vive en nuestra Voluntad Divina emite tres actos:
Concurrente, asistente y receptor. Todas las cualidades
divinas llaman continuamente a quien vive en su Voluntad,
para formarla y hacerla crecer semejante a ellas.
(1) El mar del Querer Divino continúa murmurando en mi alma, ¡oh! cómo es dulce, penetrante
y arrollador su murmullo, me arrolla tanto, que murmuro junto con él como si fuese mío este mar
divino, y fundida en él no sé hacer otra cosa que lo que hace la misma Voluntad Suprema. Pero
mientras murmuraba amor, adoración, alegrías, felicidad, belleza, las cuales como tantas venas
entraban en mí, mi dulce Jesús visitando a su pequeña hija me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, tu pequeñez en el mar interminable de nuestro Querer es nuestra alegría
más grande, tú debes saber que quien vive en Él realiza tres actos: Concurrente, asistente y
receptor. En el primero concurre con los mismos actos de su Creador, siendo una la Voluntad
de uno con la del otro, esta Divina Voluntad no hay cosa que haga, en la que no ponga a la
criatura a concurrir juntamente en su obrar, y he aquí que mi Querer no está más solo, siente la
inseparabilidad de quien vive en Él, en sus actos siente una voluntad finita en la Infinita, que
ama juntamente y concurre en la multiplicidad y acto incesante de nuestras obras, así que quien
vive en nuestra Voluntad rompe nuestra soledad, y como connatural nos la sentimos concurrir
en nuestro mar divino, y con el derramarse continuo de su pequeñez en Nosotros, adquiere los
derechos de nuestro Querer para hacer lo que Él hace. ¡Ah! tú no puedes comprender cuál es
nuestro contento, nuestra alegría al sentir a la criatura concurrir con Nosotros para no hacer otra
cosa, sino sólo lo que Nosotros hacemos. Del acto concurrente surge el acto asistente, concurre
y asiste, no hay cosa que Nosotros hagamos que ella no conozca y asista, así que ¿cómo
escondernos de quien ya está con Nosotros, concurre y tiene su lugar en nuestro Querer? ¿Pero
concurrirá y asistirá solamente? ¡Ah, no! Otro acto surge, y es aquél de recibir como suyo, y
como nuestro, la infinitud de nuestro amor y de nuestras obras, tanto, que su pequeñez no tiene
donde poner un amor y un obrar tan grande, y por eso ella se queda en nuestro Querer con todo
el depósito de los bienes que ha recibido, y esto con derecho, porque tiene de lo suyo. Tú debes
saber que todo lo que se hace en nuestra Voluntad es tan grande, que la criatura es incapaz de
poderlo poseer y restringirlo en sí misma, por ello siente la necesidad de servirse de la misma
Voluntad en la que ha obrado para tener el depósito. Mucho más que todo lo que hace la criatura
en nuestro Querer, aun el pequeño ‘te amo’, los pequeños ofrecimientos de sus acciones, su
pequeñez en poder de nuestra Voluntad, no son otra cosa que puestos que toma en nuestra
Voluntad, y por cuanto más puesto toma, tantos más derechos adquiere, y siente en sí la fuerza
divina que continuamente la rapta, le da el vuelo para hacer que su vida venga formada toda en
la Divina Voluntad. Y como este modo de vivir debía ser de todas las criaturas, esta era la
finalidad de nuestra Creación, pero con suma amargura nuestra vemos que casi todos viven en
1891 sig