a un alma en poder del despiadado tirano del amor que la hace vivir en continua agonía? ¡Oh,
cómo has cambiado, de amante a cruel!” Mientras esto decía, ante mí veía muchos miembros
de gente mutilada, y por eso agregué: “¡Ah Señor, cuánta carne humana mutilada! ¡Cuántas
amarguras y penas! ¡Ay! ¿No habría sido menor crueldad si te hubieras satisfecho en este
cuerpo mío, y lo hubieras reducido a tantos pedazos por cuantos pedazos hiciste estos
miembros? ¿No era menor mal ver sufrir a una sola que a tantos pobres pueblos?”
(2) Mientras esto decía, Jesús continuaba viéndome fijamente, como si quedara herido, no sé
decir si también disgustado, y me ha dicho:
(3) “Sin embargo es el principio del juego, aún es nada en comparación de lo que vendrá”.
(4) Dicho esto se ha escondido a mi vista, sin poderlo ver más, dejándome en un mar de
amarguras.
+ + + +
3-100
Julio 21, 1900
Necesidad de la purgación.
(1) Después de haber pasado un día adormecida y tan somnolienta que no sabía de mí misma,
y habiendo recibido la comunión, me he sentido salir fuera de mí misma, y no encontrando a mi
sumo y único Bien, he comenzado a girar y girar, llegando al delirio. Mientras esto hacía, he
sentido a una persona entre los brazos, toda velada, sin poder ver quién era, entonces, no
pudiendo resistir más desgarré aquel velo y vi a mi suspirado Todo. Al verlo sentí que quería
prorrumpir en quejas y desatinos, pero Jesús para terminar con mi impaciencia y mi delirio me
ha dado un beso. Ese beso me infundió la vida, la calma, acabó con mi impaciencia, tanto que
no supe decir nada más. Entonces, olvidando todas mis miserias, y tengo muchas, me acordé
de las pobres gentes y le dije a Jesús: “Aplácate, libra a tantos pueblos de destrozos tan crueles;
vayamos juntos a aquellos lugares donde suceden tales cosas, a fin de que reanimemos y
consolemos a aquellos pobres cristianos que se encuentran en estado tan triste”.
(2) Y Él: “Hija mía, no quiero llevarte porque tu corazón no resistiría ver matanza tan
desgarradora”.
(3) Y yo: “Ah Señor, ¿cómo ha sido que permitiste esto?”
(4) Y Él: “Es necesario, absolutamente, para la purga en todas las partes, porque en el campo
sembrado por Mí han crecido tanto las malas hierbas, las espinas, que se han hecho árboles, y
estos árboles espinosos no hacen otra cosa que inundar mi campo de aguas venenosas y
pestíferas, que si alguna espiga se mantiene intacta, no recibe otra cosa que pinchazos y fetidez,
tanto que no pueden germinar otras espigas, primero porque les falta el terreno, ocupado por
tantas plantas nocivas; segundo, por los continuos pinchazos que reciben que no les dan paz.
He aquí la necesidad de la matanza, para extirpar tantas plantas malas, y el derramamiento de
sangre para purgar mi campo de las aguas venenosas y pestíferas. Por eso no te quieras
entristecer al principio, porque no sólo allá donde he mandado ya los flagelos, sino en todas las
otras partes se necesita la purga”.
(5) ¿Quién puede decir la consternación de mi corazón al oír este hablar de Jesús? Entonces
de nuevo he insistido que quería ir a ver, pero Jesús no prestándome atención ha desaparecido,
y yo quedándome sola he tomado el camino para ir, pero ahora encontraba a un ángel que me
hacía retroceder, y ahora a almas purgantes, tanto que he sido obligada a regresar en mí misma.
+ + + +