(5) Después de esto continuaba mi abandono en el Fiat Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:
(6) “Hija buena, quien hace y vive en mi Querer se eleva en la unidad de mi Voluntad, y
desciende con Ella en todas las cosas para darnos su amor en cada una de ellas, en todas las
criaturas y actos de ellas”.
(7) Y yo: “Amor mío, por cuanto hago por amarte en todas las criaturas y en todos sus actos,
queriéndolos cubrir todos con mi amor, a fin de que Tú no recibas sino amor de todos, no
obstante veo que no todos te aman, esto es un dolor para mí, porque pienso que mi amor no
tiene fuerza vital, y por ello no sé hacerte amar por todos”.
(8) Y Jesús: “Hija mía, es la fuerza de la unidad de mi Querer que te arroja sobre todos y
sobre todo, para amar en todo y darme la correspondencia del amor de todos, y si no me aman,
no puedo decir que el tuyo no lo recibo, más bien en tu amor oigo las notas del amor que todos
me deberían dar, y ¡oh, cómo estoy contento! Tú debes saber que éste es nuestro oficio divino:
De la altura de nuestro único y solo acto que jamás interrumpimos, desciende nuestra luz, amor,
potencia y bondad, y va buscando todos los actos, los latidos, los pasos, las palabras, los
pensamientos, para plasmarlos, investirlos, sellarlos con nuestro amor; sentimos la irresistible
necesidad de amor de ir en busca de todo y de todos, y no nos dejamos escapar nada, ni siquiera
un latido, si no le damos un ‘te amo’ nuestro, sin embargo no nos aman, más bien hay quien
escapa de la lluvia de nuestro amor, pero con todo esto continuamos, no nos detenemos, porque
nuestra naturaleza divina es amor y debe amar, y sentimos el contento, la felicidad que nuestro
amor nos da con el amar, que tiene virtud de amar a todos, de extenderse a todos y dondequiera;
no habría plena felicidad en Nosotros si nuestro amor sufriera de impotencia de poder amar
todo, o bien detenerse si no se viese correspondido. Así tú, continúa amándonos por todos, y a
arrollar a todos en nuestro amor, y a pesar de que no obtengas todo tu intento, oirás las notas
de nuestro amor felicitante, porque quieres amarnos por todos”.
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31-9
Septiembre 25, 1932
La Divina Voluntad llama la Vida de nuestro Señor
en el alma, el abandono llama sus obras. Derecho
que da la Divina Voluntad a quien vive en Ella.
(1) Estoy siempre en los brazos del Querer Divino, como una pequeña niña que quiere ser
arrullada en los brazos de la mamá para tomar su dulce sueño, y si la mamá no la arrulla, la
pobre pequeña no se siente segura, se oprime y llora, e implora los brazos de la madre como
lecho y reposo, y sólo se tranquiliza cuando obtiene el intento. Tal soy yo, soy la pequeña niña
recién nacida apenas, y siento la gran necesidad, para estar segura, de los brazos del Fiat para
ser arrullada y defendida, y siendo inexperta en su mar divino, porque soy apenas recién nacida,
siento la necesidad de ser guiada e instruida de lo que debo hacer en su misma Voluntad. Y
como me sentía oprimida por las privaciones de mi dulce Jesús, y por otros incidentes que me
han sucedido, mi sumo bien Jesús, todo bondad me ha dicho:
(2) “Mi pequeña recién nacida de mi Querer, ven entre mis brazos, tú tienes razón que sólo
en mis brazos puedes estar segura, no hay peligros en mi Voluntad, que más que mamá te tiene
estrechada a su seno, te alimenta con su luz y con su amor; en Ella no hay opresiones, ni
tristeza, ni temor, éstas son cosas fuera de mi Voluntad, no dentro de Ella, donde no hay otra
cosa que paz, alegría, actitud continua, hay tanto qué hacer, que el alma no encuentra ni tiempo,
1886 sig