(2) “Hija bendita, la diferencia entre una y otra es grande e incalculable; para quien no vive en mi
Voluntad, Ella es como el sol para los ociosos, por cuanto los inviste con su luz y los saetea con su calor,
ellos no hacen nada, nada aprenden y nada ganan, y vuelven estéril para ellos la luz del sol, y como están
sin hacer nada, se cansan, se aburren de la misma luz y buscan la oscuridad como reposo de su infeliz
ociosidad. En cambio para quien trabaja, la luz es obrante: Es luz al ojo para hacerle ver lo que debe
hacer, porque por cuanta luz tenga afuera, si su ojo no tiene la vida de la luz, de nada le servirá la luz que
la circunda, y si no tiene la luz externa, de nada le aprovechará tener la vida de la luz en su ojo; mi paterna
bondad ha puesto tal unión entre la luz externa que puede tener la criatura, y la de su ojo, que una no
puede obrar sin la otra; es luz para las manos si quiere obrar, si quiere escribir, si quiere leer, y así de lo
demás. Así que la primera parte obrante en la criatura la toma la luz, sin ella, le resultaría sin duda difícil
poder hacer algún bien, y poderse ganar un trozo de pan para vivir. Ahora, tal es la luz de mi Voluntad
para quien no vive en Ella, Ella inviste y existe para todos, más no es obrante ni dominante en el acto de
la criatura, ésta, con toda su luz permanece ociosa, no aprende nada de divino, ni hace ninguna conquista,
y las cosas más bellas la cansan y la fastidian. La voluntad que quiere vivir en la mía es como el ojo lleno
de luz, que se vuelve capaz de unificarse con la luz de mi Voluntad, que poniéndose de acuerdo entre
ellas, hacen y forman trabajos y obras prodigiosas, capaces de hacer maravillar Cielos y tierra. Ve
entonces qué significa vivir en mi Voluntad: No estar ocioso, ponerse de acuerdo la pequeña luz del alma
con la luz del Fiat eterno, para volverlo obrante en sus actos, y así formar la inseparabilidad entre uno y
otro”.
(3) Por eso la multitud de pensamientos sobre la Divina Voluntad continuaba en mi mente, y mi Celestial
Jesús ha agregado:
(4) “Hija bendita, mi Voluntad produce la luz en el alma, la luz genera el conocimiento, luz y
conocimiento se aman y generan al amor. Así que donde reina mi Voluntad Suprema reina la Trinidad
Sacrosanta en acto. Nuestra Divinidad adorable es llevada por naturaleza, en modo irresistible, sin jamás
cesar, a generar continuamente, y el primer acto generador lo hacemos en Nosotros mismos. El Padre
me genera continuamente, y Yo, su Hijo, me siento generado continuamente en Él, el Padre Celestial me
genera y me ama, Yo soy generado y lo amo, y del uno y otro procede el amor. En este acto generativo
que no cesa jamás, se encierran todos nuestros conocimientos admirables, nuestros secretos, nuestras
felicidades, los tiempos, nuestras disposiciones, nuestra potencia y sabiduría, todo cuanto la eternidad
encierra, en un solo acto generador que forma todo el conjunto de nuestro Ser Divino. Por ello, este
nuestro amor recíproco que forma a la Tercera Persona de nuestro Ente Supremo, inseparable de
Nosotros, parece que no se contenta con nuestro acto generador en Nosotros, sino que quiere generar
fuera de Nosotros mismos, en las almas, y he aquí que la tarea la confiamos a nuestra Voluntad animada
por nuestro amor, que descienda en las almas y vaya a formar con su luz nuestra generación divina, pero
esto lo puede hacer en quien vive en nuestro Querer, fuera de Él no hay lugar para formar nuestra Vida
Divina, nuestra palabra no encontraría el oído para hacerse escuchar, y faltando nuestros conocimientos,
el amor no encontraría la sustancia para generar, y he aquí a nuestra Trinidad Santísima desordenada en
la criatura. Por eso sólo nuestra Voluntad es la que puede formar nuestra generación divina, por eso sé
atenta a escuchar lo que te quiere decir esta luz, para darle el campo a su acto generador”.
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31-4
Agosto 21, 1932
Deseo de Jesús y necesidad que siente del “te amo” de la criatura.
Cómo su amor queda frustrado. El amor, sangre del alma.
Anemia que existe en el mundo.
(1) Estaba girando en los actos de la Divina Voluntad, y ¡oh! cómo quisiera dar la correspondencia de
mis actos a sus actos, y siendo demasiado pequeña e incapaz de poder hacer actos equivalentes como
correspondencia de los suyos, salgo con mi pequeño “te amo”, pero a pesar de que es pequeño, Jesús lo
quiere, lo espera para decirme: “La recién nacida de mi Voluntad ha puesto de lo suyo en nuestros actos,
así que no están más solos, sino que tienen la compañía de aquélla por causa de la cual fueron creados,
y ésta fue, y es, nuestra Voluntad, para dar el campo de acción a la criatura en nuestros mismos actos,
1879 sig