convertirlo en dulce conquista del Querer Divino. La frescura vuelve amable, atrayente, tanto a una
persona como a un objeto; las cosas viejas no gustan a nadie, y por eso Yo amo tanto a quien vive en mi
Divina Voluntad, porque siento en ella nuestra frescura divina, nuestros suaves perfumes, en suma, es
cosa nuestra, y tu Jesús encierra en su corazón divino a esta amada criatura, y la voy formando, creciendo
toda de mi Voluntad. Así que esta noble legión de los hijos de mi Querer, será formada en mi corazón
santísimo, como tantas reinitas, hijas del gran Rey”.
(3) Después continuando mi estado de opresión por las privaciones de mi dulce Jesús, pensaba entre
mí: “Sin embargo, a pesar de que estoy privada de Aquél que es para mí más que mi misma vida, no
obstante siento una profunda paz, ni temo nada, ni tengo ningún temor de si es por culpa mía que el
Celestial Jesús me priva de Él, ni tengo ningún miedo de que me pudiese perder, no siento ninguna otra
cosa en mi pequeña alma, sino un mar plácido, que si bien murmura, pero su murmullo no es otro que, ‘te
amo’, y este mi pequeño ‘te amo’ no te pide otra cosa sino que venga el reino de tu Voluntad sobre la
tierra, y sin jamás dejar de murmurar, formo mis pequeñas olas, muy frecuentemente, para librarme de mi
exilio y tomar el Cielo por asalto para encerrarme en mi patria celestial”. ¡Pero qué, todo es en vano, mis
olas caen en mi mar y continúo plácidamente murmurando, ‘te amo, te amo!’ Y pongo al Cielo y a la tierra
a pedirte tu Fiat. Pero mientras mi mente pensaba desatinos, mi Sumo Bien Jesús, estrechándome entre
sus brazos, todo ternura me ha dicho:
(4) “Mi recién nacida de mi Voluntad, parece que vas buscando cómo turbarte, pero Yo no lo quiero, no
quiero las tempestades en el mar de tu alma, sino paz perenne. Los temores, los miedos, las dudas, son
las tempestades, y éstas impedirían el continuo murmullo de tu plácido ‘te amo’, que debe correr y
murmurar siempre para vencer a tu Creador, a fin de que mande su Querer a descender sobre la tierra
para hacerlo reinar.
(5) Ahora, tú debes saber que en quien se hace dominar por mi Voluntad y vive en Ella, los males
pierden la vida; el temor de ofenderme, los miedos, las turbaciones, pierden la semilla para renacer, el
alma y el cuerpo quedan confirmados en el bien, se encuentra en las condiciones de los bienaventurados,
para los cuales el mal no tiene más vida, porque en las regiones celestiales, en mi Voluntad, el mal
absolutamente no puede entrar, así que quien vive en Ella, se puede llamar y adquiere el derecho de
ciudadano del Cielo, y si se encuentra sobre la tierra, es como un ciudadano extraviado de la patria
celestial, en la que lo tiene mi Divina Voluntad para sus grandes designios, y para bien de la miserable
humanidad. Pero a pesar de que está sobre la tierra no pierde los derechos de ser ciudadano del Cielo,
ni de no vivir con las mismas propiedades de la patria celestial, y si bien se siente como extraviada, pero
por derecho debe poseer el Cielo en su alma, para vivir no de tierra, sino de Cielo. ¡Ah! el vivir en mi
Voluntad llama el Cielo a la tierra, y su luz escribe sobre su frente, con caracteres imborrables: ‘Amor
perenne, paz imperturbable, confirmación de todos los bienes, hija del Ente Supremo’. Por esto siempre
en mi Voluntad te quiero, a fin de que goces las propiedades de tu patria celestial, que son: Amor continuo,
suma paz y Voluntad Divina como vida de todos los bienaventurados”.
+ + + +
31-3
Agosto 14, 1932
Quien no vive en la Divina Voluntad, se encuentra en las
condiciones de los ociosos ante la luz del sol. Quien
vive en Ella posee a la Santísima Trinidad en acto.
(1) Estaba pensando en la Divina Voluntad y cómo quien se hace dominar por Ella, dándole el pleno
dominio, todos los derechos son suyos y todo lo que los demás obtienen por piedad, por misericordia, por
bondad de Dios, ella lo obtiene por derecho: Por derecho obtiene la santidad, porque Aquélla que la
domina es Santa y tiene virtud de transformar alma y cuerpo en santidad, en bondad, en amor, así que
todas las victorias, las conquistas, los derechos, son suyos y como dueña toma el Cielo por asalto. ¡Qué
gran diferencia entre quien vive en la Divina Voluntad y entre quien vive de voluntad humana! Pero
mientras esto pensaba, mi adorable Jesús repitiendo su breve visita me ha dicho:
1878 sig