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Julio 14, 1932
Atmósfera celestial, Jesús se pone en guardia del acto de la criatura;
trabajo del uno y del otro. Los actos hechos en la Divina Voluntad
miran y abrazan los siglos, y son los cuidadores y los
centinelas de las criaturas.
(1) Estoy siempre ocupada del y en el Querer Divino, en Él hay siempre qué trabajar, pero no
es un trabajo que cansa, no, más bien da fuerza, hace crecer la Vida Divina, e inunda de alegría,
de paz, se siente una atmósfera celestial dentro y fuera. Pero mientras nadaba en las olas
eternas del Divino Querer, mi sumo Bien Jesús, visitando mi pequeña alma me ha dicho:
(2) “Hija bendita, soy Yo quien forma la atmósfera celestial dentro y fuera de la criatura, porque
en cuanto ella entra en mi Querer Divino, Yo me pongo en guardia del acto que va haciendo, y
ella forma el terreno con sus actos, y Yo formo la semilla divina para arrojarla en el acto de la
criatura. Así que sus actos sirven como tierra, y Yo, Agricultor Celestial, con llenarla con mis
semillas, me sirvo de ello para recoger la cosecha de los trabajos que se hacen en mi Voluntad.
¿Ves entonces para qué sirve la continuación de los actos hechos en la Divina Voluntad? Sirven
para darme el trabajo y la ocasión de no dejar jamás a la criatura, porque me da siempre qué
hacer, y Yo no quiero, ni puedo dejar vacío un terreno tan precioso, formado en mi Voluntad, y
expuesto a los rayos vivificantes del Sol Divino. Por eso Ella te llama al trabajo en mi Querer, y
tú me llamas a Mí, y ¡oh! cómo es dulce trabajar juntos en mi Fiat, es un trabajo que no cansa;
más bien es portador de reposo y de las más bellas conquistas”.
(3) Después ha agregado: “Hija mía, tú debes saber que nuestros actos que hacemos en la
criatura contienen tres actos en uno, el acto conservante, el acto que alimenta y el primer acto
creador. Con estos tres actos en uno damos la vida perenne a nuestros actos, y la criatura que
los posee siente en sí la fuerza creadora, la cual le quita todas las debilidades de la naturaleza
humana; el alimentador la tiene siempre ocupada al darle su alimento para impedirle que tome
otro alimento, y la preserva de todos los males, este alimento es como el embalsamamiento que
impide la corrupción; y el acto conservante reafirma y conserva el bien puro y bello. Estos tres
actos nuestros en uno, son como fortalezas inexpugnables que damos a la criatura que hace
reinar nuestra Voluntad en ella, que la vuelven de tal manera fortificada, que ninguno la puede
dañar”.
(4) Después de esto mi pequeña mente continuaba mi giro en la Divina Voluntad, buscando
sus actos para encerrar mis actos en los suyos y hacer de ellos uno solo, y todo esto es el
contento de mi largo exilio, poder obrar junto con el Querer Supremo, hacer desaparecer mis
actos en los suyos, me siento que tomo como en un puño el Cielo, correr en ellos las
bienaventuranzas eternas, de modo que no me siento ni lejana ni extraña de mi amada patria
celestial. Entonces, mientras mi mente estaba como llena de pensamientos sobre la Divina
Voluntad, mi Sumo Bien Jesús, repitiendo su breve visita me ha dicho:
(5) “Mi pequeña hija de mi Voluntad, quiero que sepas que por cada acto tuyo en Ella, tantas
veces regeneras y creces en modo todo nuevo en nuestro Fiat, así que tú sientes el Cielo, y el
Ente Supremo tiene el gran contento de regenerar en el acto de la criatura. Formar nuestra Vida
en el acto de ella es nuestra fiesta, nuestros suspiros, unimos todas nuestras estratagemas de
amor y recibimos la completa gloria que nos puede dar la criatura. Ahora, tú debes saber que
el sacrificio con voces potentes llama a Dios, y el hacer nuestra Voluntad lo hace descender en
el alma para hacerlo obrar como el Dios que es”.
(6) Y yo: “Amor mío, a pesar que trato de obrar siempre en tu Querer, y ruego y vuelvo a
rogar que venga su reino sobre la tierra, nada se ve todavía”.
1871 sig