además, el sentir hambre dice vida, no muerte, por eso espera con paciencia invicta el alimento
de mi Voluntad, el cual te rehará del hambre sufrida, con tal abundancia, que no serías capaz
de tomarlo todo”.
(3) Y yo interrumpiendo el hablar de Jesús, he dicho: “Amor mío, el corazón me sangra al
decírtelo, a mí más bien me parece que no tienes más aquel amor continuado por mí, que te
hacía siempre decir, y haciéndome tantas nuevas sorpresas encantadoras de tu Ser y de tu
Querer, yo sentía y tocaba con la mano tu amor palpitante por mí, tanto que estaba obligada a
decir: ‘Cuánto me ama Jesús.’ Ahora, por este tu decir interrumpido me parece que no soy
siempre amada por ti, y pasar de un amor continuo a un amor interrumpido es el más crudo de
los tormentos, y voy repitiendo: ¡No soy amada, no soy amada por Aquél que tanto amo!” Y
Jesús, interrumpiéndome ha agregado:
(4) “Hija mía, ¿qué dices? Tú debes saber que cuando la criatura nos ama, si no la amaramos
obraríamos contra la naturaleza de nuestro Ser Divino, ser amado y no amar no es del Ente
Supremo, y si esto se pudiera dar, y fuésemos capaces de pena, el amor de la criatura nos
pondría en una prisión de tormentos, y se volvería nuestro perseguidor, no nos daría paz hasta
en tanto que fundidos juntos, el amor del uno y del otro se besaran y reposaran juntos. ¡Ah! tú
no sabes qué significa amar y no ser amado por aquél o aquélla que se ama, toda la pena, la
inquietud la lleva quien no ama, porque quien ama está en su puesto, cumple el más sacrosanto
de los deberes. En tal estado se encuentra nuestro Ser Divino, porque amamos mucho y el
hombre no nos ama, nuestro amor persigue a aquél que amamos, lo pone en prisión, lo
atormenta, no le da paz, la inquietud es la señal cierta de que la criatura ha sido puesta en la
mira de nuestro amor, que quiere vencer por medio de perseguir el amor de la criatura. Por eso
tranquilízate, si tú nos amas, nuestro amor te ama primero a ti, y es tanta la inseparabilidad de
nuestro amor y el tuyo, que el tuyo forma el pequeño calor, y el nuestro, alimentando al tuyo,
forma la inmensidad de la luz, de manera que el uno y el otro pierden la virtud de separarse, y
como si fueran una sola naturaleza viven siempre juntos para formar una la vida de la otra. Por
eso si mi decir no es continuo, no significa amor interrumpido, no, sería interrumpido si no
sintieras el querer hacer aun a costa de tu vida mi Voluntad, esto sería no tenerla más en tu
poder, y si mi bondad ha llegado a tanto, de dártela en tu poder, esto te asegura que mi amor
es continuo por ti, porque tú debes saber que quien hace y vive en mi Querer Divino, no es otra
cosa que la Vida obrante de Dios mismo en la criatura. Nuestro amor es tanto por quien se hace
dominar por nuestro Querer Divino, que se hace dulce prisionero de ella; se restringe, se
empequeñece y toma un sumo placer: Amar, obrar en su alma. Pero mientras se restringe
queda inmenso y obra con modos infinitos, como amamos y obramos en Nosotros mismos,
porque nuestra naturaleza es aquélla, la inmensidad, la infinitud, y todo lo que hacemos queda
inmenso e infinito como somos, y ¡oh! nuestro contento que mientras nos restringimos en su
pequeñez, damos curso al amor y a nuestras obras, y ella queda llena, derrama fuera, llena
Cielo y tierra y Nosotros tenemos la gran gloria y honor de amar y obrar como Dios en su
pequeñez, y si tú supieras qué significa un solo acto de amor, una sola obra hecha por Nosotros
en ti, tú morirías de alegría, y no te bastaría toda la eternidad para agradecernos por tanto bien.
Por eso déjame hacer, hazme hacer lo que quiero de ti, y está segura que quedaremos contentos
tú y Yo”.
+ + + +
1870 sig