3-95
Julio 14, 1900
El decreto de los castigos está firmado.
(1) Parece que he pasado varios días sin estar sumergida en el letargo del sueño, y estando
un poco junto a Jesús bendito, dándonos mutuamente un poco de alivio. Pero cuánto temo que
me tenga que arrojar otra vez en aquel sueño tan profundo. Entonces esta mañana, después de
haberme reconfortado con la leche que escurría de su boca al derramarla en mí, y yo lo
reconforté quitándole la corona de espinas para clavarla en mi cabeza, todo afligido me ha dicho:
(2) “Hija mía, el decreto de los castigos está firmado, no queda más que decidir el tiempo de
su ejecución”.
+ + + +
3-96
Julio 16, 1900
Los castigos sirven para bien de las criaturas.
(1) Esta mañana mi adorable Jesús no venía. Después de mucho esperar ha venido y me ha
dicho:
(2) “Hija mía, la mejor cosa es ponerte en Mí y en mi Querer, entonces, poniéndote en Mí, y
siendo Yo paz, aunque vieras mandar castigos quedarías en paz, sin sentir turbación”.
(3) Y yo: “¡Ah Señor, siempre estás en eso, en los castigos! Aplácate de una vez y no castigues
más! Además, no puedo abandonarme en tu Querer en esto”.
(4) Y Él ha agregado: “No puedo aplacarme. ¿Qué dirías tú si vieras a una persona desnuda,
que en vez de cubrir su desnudez pusiera atención a adornarse con bagatelas, dejando las
partes más íntimas expuestas a la desnudez?”
(5) Y yo: “Me daría horror verla y ciertamente la desaprobaría”.
(6) Y Él: “Pues bien, así son las almas, desnudas del todo, no tienen más virtudes que las
cubran. Por eso es necesario que las golpee, las castigue, las despoje, para hacerlas entrar en
ellas mismas y que se fijen en la desnudez de sus almas, cosa más necesaria que la del cuerpo.
Y si esto no hiciera, pondría más atención a las bagatelas, como la persona desaprobada por ti,
las cuales son cosas que se refieren al cuerpo y no pondría atención a la cosa más esencial,
cual es el alma, a la que han vuelto tan monstruosa que no se reconoce más”.
(7) Después de esto me parecía que tuviera en la mano una cuerdita, que pasándola por
detrás del cuello me ataba y después ataba el suyo a esa misma cuerda, y así ha hecho al
corazón y a las manos, y con esto parecía que me ataba toda a su Querer. Habiendo hecho esto
ha desaparecido.
+ + + +
3-97
Julio 17, 1900
Luisa da un alivio a Jesús. Él le hace considerar los castigos que evita.
(1) Habiendo recibido la comunión, no veía según la costumbre al bendito Jesús. Después
de haber esperado mucho, me he sentido salir fuera de mí misma y lo he encontrado. En cuanto
lo he visto me ha dicho:
187 sig