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Junio 29, 1932
Prodigios y secretos que encierra el vivir en la Divina
Voluntad. Escenas conmovedoras. Generación de los
actos divinos en la criatura. Custodia y celo divino.
(1) Estoy entre los brazos del Fiat Divino, su dominio se extiende en todo y sobre mi pequeñez,
pero su imperio no es esclavitud, no, sino unión, transformación, de modo que la criatura siente
que domina junto, y haciéndose dominar adquiere la virtud de dominar la misma Voluntad
suprema. Pero mientras mi mente nadaba en el mar del Fiat Divino, en modo que me sentía
como ahogada por sus olas, mi Celestial Jesús visitando mi pobre alma me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, el vivir en mi Querer encierra tantos prodigios y secretos de hacer
maravillar Cielo y tierra. Tú debes saber que conforme la pequeñez de la criatura entra en Él,
se pierde en su inmensidad, y la Divina Voluntad la recibe en sus brazos para hacer de ella
conquista, y el querer humano se hace conquistador de la Divina. Ahora en estas conquistas
de ambas partes, la Divina Voluntad festeja la conquista de la humana, dándole el uso que
quiere, y la voluntad humana festeja la gran conquista hecha de la Divina, y queriéndole dar el
uso que quiera, la envía al Cielo como conquista suya y portadora de nuevas alegrías y felicidad
que posee. Mi Voluntad conquistada por el alma no se queda atrás, bilocándose, queda y parte
para su patria celestial sólo para secundar a aquélla que la ha conquistado, y lleva la nueva
conquista que ha hecho del querer humano, y las alegrías y felicidad que encierra la Divina
Voluntad conquistante; mi Voluntad felicitante y beatificante que está en el Cielo, y mi Voluntad
conquistadora que está en la tierra se funden juntas e inundan las regiones celestiales con las
nuevas alegrías que posee mi Divina Voluntad conquistadora, porque tú debes saber que las
alegrías de mi Voluntad conquistadora son muy distintas y diversas de aquéllas de mi Voluntad
felicitante, las alegrías de mi Voluntad conquistadora no están en poder de los bienaventurados,
sino en poder de la criatura, que las debe mandar desde la tierra y vienen formadas en medio
de la hoguera del dolor y del amor, y sobre el aniquilamiento del propio querer. En cambio las
alegrías felicitantes están en poder de ellos, y son frutos y efectos de la celestial morada en la
cual se encuentran. Hay gran diferencia entre las alegrías de mi Voluntad conquistante y las de
mi Voluntad felicitante, puedo decir que no existen en el Cielo mis alegrías conquistantes, sino
sólo en la tierra, y ¡oh! cómo es bello ver a la criatura, que cuantas veces hace sus actos en mi
Querer, tantas veces se hace conquistadora de Ella y la hace partir para el Cielo, para el
purgatorio, en medio a las criaturas terrestres, por donde quiere, mucho más que estando mi
Voluntad por todas partes y por todos lados, no debe hacer otra cosa que bilocarse para dar el
fruto, las alegrías de la nueva conquista que la criatura ha hecho de Ella. Hija mía, no hay
escena más conmovedora, más deliciosa, más útil, que ver la pequeñez de la criatura venir en
nuestra Voluntad Divina, hacer sus pequeños actos y hacer su dulce conquista de una Voluntad
Inmensa, Santa, Potente, Eterna, que todo encierra, puede todo y posee todo. La pequeñez de
la criatura al verse conquistadora de un Fiat Divino tan interminable, queda sorprendida, no sabe
dónde ponérsela, quisiera encerrarla toda en sí pero le falta el espacio, por eso toma por cuanto
puede, hasta llenarse toda, pero ve que le quedan mares inmensos aún, y haciéndola de playa
quisiera que todos tomaran un bien tan grande, por esto la envía al Cielo como sagrado derecho
de la patria celestial a cualquiera que la quiera, y con ansia se dispone a hacer otros actos en
Ella para readquirirla tantas veces por cuantos actos va haciendo. Es el verdadero comercio
Divino que forma Dios y la criatura entre el Cielo y la tierra.
(3) Después mi mente continúa perdiéndose en aquel Fiat que quiere siempre darse a la
criatura, y que mientras da no termina jamás de dar. Y mi dulce Jesús ha agregado: