por Dios, dice cosas grandes, bienes universales, dulce cadena que ata a Dios y a los hombres.
Nosotros mismos no queremos huir del laberinto de esta tan larga cadena que la criatura nos
forma con un sacrificio prolijo, más bien, nos es tan dulce y querida que nos hacemos atar por
ella misma como le parece y guste. Ahora, Noé con su sacrificio prolijo recompró la continuación
de las generaciones humanas.
(3) Después de otro periodo de tiempo de la historia del mundo, vino Abraham, y nuestro
Querer le ordenó que sacrificara a su hijo. Era un sacrificio duro para un pobre padre, se puede
decir que Dios ponía a prueba al hombre, y exigía una prueba inhumana y casi imposible de
cumplir, pero Dios tiene el derecho de pedir lo que quiera, y cualquier sacrificio que quiera.
Pobre Abraham, fue puesto en tales aprietos que le sangraba el corazón y sentía en sí mismo
la muerte, el golpe fatal que debía vibrar sobre su único hijo; el sacrificio era exuberante, tanto
que nuestra paterna bondad no quiso la ejecución, sino el cumplimiento, sabiendo que él no
habría podido vivir, habría muerto por el dolor después de un acto tan desgarrador, de matar a
su propio hijo, porque era un acto que superaba las fuerzas de la naturaleza humana, pero
Abraham todo aceptó, no puso atención a nada, ni al hijo, ni a sí mismo, que se sentía consumir
de dolor en el propio hijo. Si nuestro Querer, así como lo mandó no hubiera impedido el acto
fatal, a pesar de que hubiera muerto junto con su amado hijo, habría ya hecho el sacrificio
querido por Nosotros. Ahora, este sacrificio fue grande, exuberante y único, querido por
Nosotros en la historia del mundo. Y bien, este sacrificio lo elevó tanto, que fue constituido por
Nosotros cabeza y padre de las generaciones humanas, y con el sacrificio de sacrificar a su hijo,
desembolsó monedas de sangre y de dolor intenso para recomprar al futuro Mesías para el
pueblo Hebreo y para todos. En efecto, después del sacrificio de Abraham, lo que no hacíamos
antes, nos hacíamos oír frecuentemente en medio a las criaturas; el sacrificio tiene virtud de
acercarnos a ellas, formamos los profetas, hasta en tanto que vino el suspirado Mesías.
(4) Ahora, después de otro tiempo larguísimo, queriendo dar el reino de nuestra Voluntad,
queríamos el sacrificio donde apoyarlo, y que mientras la tierra está inundada por los pecados
y merece ser destruida, el sacrificio de la criatura la recompra, y con el suyo y en su sacrificio
vuelve a llamar la Divina Voluntad a reinar, y hace renacer en el mundo la Vida nueva de mi
Querer en medio a las criaturas. He aquí el por qué pido el sacrificio prolijo de tu vida sacrificada
dentro de un lecho, y esto era nada, porque otras almas han estado dentro de un lecho de dolor,
era la nueva cruz que no he pedido ni dado a ninguno, la que debía formar tu martirio diario, y
tú sabes cuál es, que tantas veces te has lamentado conmigo. Hija, cuando quiero dar un bien
grande, un bien nuevo a las criaturas, doy cruces nuevas y quiero sacrificio nuevo y único, cruces
que el humano no se sabe dar razón, pero está mi razón divina, la cual el hombre está obligado
a no investigarla y a inclinar su frente y adorarla. Y además se trataba del reino de mi Voluntad,
y mi amor debía inventar y querer cruces nuevas y sacrificios jamás recibidos para poder
encontrar pretextos, apoyo, fuerza, monedas suficientes y cadena larguísima para hacerse atar
por la criatura. Y la señal cierta cuando queremos dar un bien grande y universal al mundo, es
pedir de una criatura un gran sacrificio, y la prolijidad en él son aseguraciones y certezas del
bien que queremos dar, y cuando encontramos quien acepta, lo hacemos un portento de Gracia,
y en su sacrificio formamos la vida de aquel bien que queremos dar. Así que mi Voluntad quiere
formar su reino en el sacrificio de las criaturas, circundarse de él para estar seguro, y con su
sacrificio deshacer la voluntad humana y erigir la suya, y con esto viene a formar tantas monedas
de luz divina ante nuestra Divinidad para recomprar el reino de nuestra Divina Voluntad y darlo
a las generaciones humanas. Por eso no te maravilles de tu largo sacrificio, ni de lo que hemos
dispuesto y hacemos en ti, era necesario a nuestra Voluntad, y no estés pensativa porque no
ves ni sientes en los otros los efectos de tu sacrificio, es necesario que con tu sacrificio hagas
la compra con nuestra Divinidad, y cuando hayas contratado con Dios, la compra es segura, a
su tiempo con certeza tendrá la vida el reino del Querer Divino, porque la compra fue hecha con
el sacrificio de una perteneciente a la familia humana”.
1867 sig