(4) “Mi hija buena, ánimo, no temas, porque el ánimo es el arma potente que mata la timidez
y pone en fuga todo temor, haz todo, todo a un lado y ven en mi Divina Voluntad a formar tu
vientecillo a todas nuestras obras, ellas están todas en orden en nuestro Fiat, pero no se
mueven, quieren el vientecillo de la criatura para dirigirse hacia ellas, y si el vientecillo es fuerte
corren, vuelan para ser portadores del bien que cada obra nuestra posee. Así que el alma que
entra en nuestra Voluntad, en cuanto entra se une con nuestros actos para hacer los suyos en
los nuestros, y en cuanto se une, así forma el vientecillo y con la misma fuerza de nuestra
Voluntad mueve, llama, rapta, fuerza con su dulce y penetrante vientecillo todas nuestras obras
y las pone en camino hacia las criaturas. ¡Oh! cómo quedamos contentos, cómo suspiramos
este dulce y refrescante vientecillo que la criatura nos lleva en nuestro Querer. Por eso sé
atenta, no quieras perder la paz, de otra manera no podrás venir a nuestra Voluntad a formar tu
vientecillo, los dulces refrigerios, la frescura a nuestro ardiente amor y el movimiento a nuestras
obras, porque en nuestro Querer no entran sino las almas pacificas, para los otros no hay puesto,
y no sintiéndote seguir sus pasos, y sus obras no cortejadas por tu vientecillo, con dolor dice:
‘¡Oh! la hija de mi Voluntad ha quedado atrás, y me ha dejado sola sin su compañía. Ahora hija
mía, tú debes saber que nuestro Ser Divino, en cuanto creó al hombre, se quedó sobre él en
acto de llover de Nosotros santidad, luz, amor, bondad, belleza, y así de lo demás, entonces con
sustraerse de nuestra Voluntad Divina se sustrajo de debajo de nuestra lluvia. Por eso el alma
que está en nuestra Voluntad, así como con sus actos en los nuestros nos forma el vientecillo y
mueve todas nuestras obras, Nosotros formamos la lluvia y nos derramamos primero sobre la
afortunada criatura, y después sobre todos. Y así como el vientecillo favorable en nuestro Fiat
llama la lluvia, la invoca, la suspira de nuestro Ser Supremo, así el obrar de la voluntad humana
fuera de la nuestra forma el viento contrario y aleja nuestra lluvia benéfica, y nos la hace quedar
en el aire, he aquí por qué se ven muchas criaturas como tierras áridas, sin flores y sin frutos.
Pero esto no daña a quien vive en nuestro Querer Divino, ella se aparta de todos y viene a vivir
con su familia divina, y siente sobre de sí nuestra continua lluvia que forma sobre de ella nuestra
Divinidad”.
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30-34
Junio 17, 1932
Quien vive en la Divina Voluntad, obra, encierra y entrelaza
sus actos con los de la Virgen y los de Nuestro Señor, y
forma una unión entre todas las cosas que
pertenecen a la Divina Voluntad.
(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, siento su fuerza Omnipotente que toda me
inviste, y mi pequeña alma como deshecha, de modo que no quiero, no siento, no toco otra cosa
que la Divina Voluntad, y si alguna pequeña nube inviste mi mente, su luz divina súbito, casi sin
darme tiempo me inunda y me la pone en fuga, y yo, o me arrojo en los brazos de mi Mamá
Celestial como a mi refugio, o bien en los brazos de mi dulcísimo Jesús, para reencontrar mi
querida Vida y ruego, ahora al uno, ahora a la otra que me encierren en medio a sus actos para
poder estar segura y defendida de todo y de todos. Pero mientras esto y otras cosas pensaba,
mi sumo Bien Jesús, estrechándome entre sus brazos me ha dicho:
(2) “Hija bendita, mis actos y los de la Reina Mamá, nuestro amor, nuestra santidad, están en
acto de espera continua de encerrar tus actos en medio de los nuestros, para darles la forma de
nuestros actos, y poner sobre tus actos el sello de los nuestros, porque tú debes saber que los
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