bondad no quiere dar un amor pasado que tuvo en la Creación, ni un amor que debe venir, esto
no haría camino en el corazón de la criatura, porque a ella le parecería que el amor que salió de
nuestro seno en la Creación, sería como un amor y obra no directa para ella, y aquellos por
venir, como amores y obras de esperar, mucho más que en Nosotros tampoco existe pasado y
futuro. Pasado y futuro es para quien vive fuera de nuestra Voluntad, porque mira sólo lo externo
de nuestras obras, no dentro de ellas, mientras quien vive en Ella ve nuestras obras dentro de
Nosotros, y ve nuestra creación continua y para cada criatura. Así que a la feliz criatura que
vive en nuestro Querer, le hacemos ver y tocar con la mano nuestro acto de extender el cielo,
de crear el sol, el viento, el aire, el mar, y así de lo demás, todo para ella, la cual ve y comprende
con claridad nuestro intenso amor en cada cosa creada para ella, nuestra potencia y sabiduría
en ordenarlas por amor suyo, de manera que se siente comprometida y como ahogada bajo las
olas de nuestro amor, potencia, sabiduría y bondad de cada cosa creada, y mientras se siente
ahogada, ve que no da señales de terminar la Creación para ella, no dice jamás basta, sino que
continúa, continúa siempre el acto creante, y ella viendo que nuestro acto creante y obrante no
cesa jamás, hace eco a nuestro amor y no cesa jamás de amarnos. ¡Oh! cómo es bello encontrar
en la criatura un amor continuo que jamás termina, así como no termina el nuestro; antes bien,
viéndose ahogada por nuestro amor continuo de sostener el acto creante por amor suyo, para
correspondernos hace uso de sus estratagemas para imitarnos y nos dice: ‘Majestad Suprema,
¡oh! si tuviera poder también yo haría tantos cielos, soles y todo lo que sabéis hacer Vosotros,
por amor vuestro, pero ya que no puedo os doy cielo y sol y todo lo que me habéis dado, para
deciros que quiero amaros mucho, mucho’. Y ¡oh! cómo quedamos contentos, correspondidos,
porque la criatura se sirve y nos da de nuestro amor, habiéndolo hecho suyo para amarnos. Por
eso en nuestra Voluntad no hay cosas desemejantes entre Creador y criatura, si ama, se sirve
de nuestro amor para amarnos; si obra, obra en nuestras obras, no ama, ni obra fuera de nuestro
amor y de nuestras obras, podemos decir que nuestro amor es suyo y el suyo es nuestro, y
nuestras obras las hemos hecho juntos. Es por esto que vivir en nuestro Querer nos felicita a
Nosotros y a la criatura, porque Nosotros la creamos porque queremos tener qué hacer con ella,
estar juntos, obrar juntos, felicitarnos y amarnos juntos. Nuestra finalidad no era tenerla lejana,
no, no, sino junta y fundida con Nosotros, y para tenerla absorbida le dábamos nuestro acto
creante y obrante, el cual, conforme creaba la cosas, así formaba sus olas de amor y abría venas
de felicidad en la criatura, de modo que debía sentir dentro de sí, no sólo nuestra Voluntad,
nuestra Vida palpitante y obrante, sino el océano de nuestras alegrías y felicidad, tanto, de
sentirse el paraíso en su alma. Y no sólo la Creación está siempre en acto, sino también la
Redención está siempre en acto, y quien vive en mi Voluntad Divina siente el acto continuo de
mi descendimiento del Cielo a la tierra, y propiamente para ella, por amor suyo, desciendo, me
concibo, nazco, sufro y muero, todo es por ella, y para no quedarse atrás Yo desciendo y ella
me recibe, se concibe en Mí, renace Conmigo, hace vida junto Conmigo y muere Conmigo para
resurgir Conmigo. No hay cosa que Yo haya hecho que ella no quiera hacer junto Conmigo.
Así que la siento inseparable de la Creación, inseparable de la Redención, y de todo lo que hice,
y si es inseparable de todas nuestras obras, de mi misma Vida, ¿qué cosa no debo dar a quien
vive en nuestra Voluntad? ¿Cómo no debo concentrar todo en ella? Si no lo hiciera mi amor no
lo soportaría, por eso si quieres todo, vive en mi Voluntad, Yo no sé dar cosas a medias, sino
todo, y tendrás el gran bien de sentir en ti nuestro obrar en acto continuo, y ¡oh! cómo
comprenderás cuánto has sido amada por tu Creador, y cuánto estás obligada a amarlo”.
(3) Después de esto me he abandonado toda en los brazos de la Divina Voluntad, pero mi
mente, por ciertos dolorosos recuerdos estaba inquieta, y mi dulce Jesús teniendo compasión
de mí ha venido y me ha bendecido. Su bendición ha sido como rocío benéfico, el cual me ha
puesto en perfecta calma, y me sentía como una pequeña niñita toda tímida, salida y liberada
de una tempestad, y mi amado Jesús todo bondad me ha dicho: