opuestos de santidad, de fortaleza, de luz, de amor, en los males de las criaturas, de manera
que el querer humano, sintiendo el dulce encanto, siente correr en sus males lo bello, lo bueno,
lo santo del acto continuo de vida, que bajo su suave y dulce imperio le da mi Voluntad y se deja
hacer lo que Ella quiere, porque un acto continuo que da vida perenne no puede jamás ser
alcanzado por otros actos, ayudas y medios, por cuan fuertes y santos sean, para hacer el bien
que puede hacer un acto continuo. Por eso no hay mal mayor que la criatura pueda hacerse, ni
ofensa más grande que pueda hacer a nuestra paterna bondad, que el no hacer reinar a nuestra
Voluntad en ella. Si estuviera en su poder nos induciría a destruir toda la Creación, porque la
criatura fue hecha porque debía ser nuestra habitación, y no sólo ella, sino todas las cosas
creadas: Cielos, sol, tierra, todo, siendo obras salidas de nuestra Alteza Suprema, teníamos el
derecho de habitarlas, y con habitarlas las conservamos con decoro, bellas y siempre nuevas,
como en el acto en que las sacamos a la luz. Ahora, la criatura con no hacer nuestra Voluntad,
se pone fuera de nuestra habitación y nos sucede a Nosotros como sucedería a un rico señor,
que queriéndose fabricar un grande y bello palacio, cuando lo ha terminado va a habitarlo, y se
cierran las puertas en su cara, se le lanzan las piedras encima, de manera que es obligado a no
poner un pié dentro, y a no poder habitar las habitaciones formadas por él, ¿no merecería que
fuera destruida por aquél que la ha formado? Pero no lo hace, porque ama su obra, sino espera
y espera, quién sabe y a lo mejor pueda vencer con amor, y por sí misma le abra las puertas
para hacerlo entrar dándole la libertad de hacerlo habitar. En tales condiciones nos pone la
criatura al no hacer reinar nuestra Voluntad en su alma, nos cierra la puerta en la cara y nos
lanza las piedras de sus culpas contra Nosotros, y Nosotros con paciencia invencible y divina
esperamos, y no queriendo en sí nuestra Voluntad como vida, con paterna bondad le damos los
efectos de Ella, como son las leyes, los sacramentos, el evangelio, las ayudas de mis ejemplos
y plegarias, pero todo este gran bien no puede igualar el gran bien que puede hacer mi Voluntad
como vida perenne de la criatura, porque Ella es todo junto: Leyes, sacramentos, evangelio,
vida. Ella significa todo, poder dar todo, poseer todo, y esto basta para poder comprender la
gran diferencia que hay entre mi Voluntad como vida continua en la criatura, y entre sus efectos
que puede producir no en modo perenne, sino a circunstancia, a tiempo, en los mismos
Sacramentos, y si bien los efectos pueden hacer gran bien, pero jamás pueden llegar a producir
todos los bienes que puede producir la Vida de mi Divina Voluntad reinante y dominante en la
criatura, por eso sé atenta hija mía, y dale la santa libertad de hacer lo que quiere en tu alma”.
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30-33
Junio 12, 1932
Para quien vive en la Divina Voluntad, todas las obras de Dios las
encuentra en acto y hechas para ella. Quien vive en la Divina
Voluntad forma el oficio de vientecillo en las obras divinas.
(1) Mi pequeña alma gira siempre en el Fiat Divino, siente la irresistible necesidad de vivir en
Él, porque en Él encuentro todo a mi disposición, todo es mío, es más, siento como una invitación
secreta que todas las cosas creadas me hacen en el fondo de mi corazón, que con voces mudas
me dicen: “Ven en medio a nosotras, ven a poseernos y a gozar las tantas bellas obras que hizo
por ti y para darnos a ti nuestro Creador”. ¡Oh! qué dulce encanto tiene todo lo creado mirado a
través de los velos de la Divina Voluntad. Pero mientras mi pequeña alma era envuelta en el
dulce encanto de todo lo creado, mi amado Jesús repitiéndome su amada visita me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, para quien vive en mi Divina Voluntad todo es presente, el pasado y el
futuro no existen para ella, todo está en acto, y como entra en el orden divino, nuestra paterna
1862 sig