(5) “Hija mía bendita, la diferencia es grande entre el uno y la otra. Los Sacramentos son los
efectos de mi Voluntad, en cambio Ella es Vida, y como Vida, con su potencia creadora forma y
da vida a los Sacramentos. Los Sacramentos no tienen virtud de dar vida a mi Voluntad, porque
Ella es eterna, no tiene ni principio ni fin. En cambio mi Voluntad adorable ocupa siempre el
primer puesto en todas las cosas, y poseyendo la virtud creadora en su naturaleza, crea las
cosas y su misma Vida donde quiere, cuando y como quiere. Se puede decir que la diferencia
es como una imagen entre el sol y los efectos que produce el sol, éstos no dan vida al sol, sino
que reciben la vida del sol y deben estar a su disposición, porque la vida de los efectos viene
producida por el sol. Y además, los Sacramentos se reciben a tiempo, lugar y circunstancia: El
bautismo se da una sola vez y no más, el Sacramento de la penitencia se da cuando se cae en
el pecado, mi misma Vida Sacramental se da una sola vez al día, y la pobre criatura en este
intervalo de tiempo no siente sobre sí la fuerza, la ayuda de las aguas bautismales que la
regeneran continuamente, ni las palabras sacramentales del sacerdote que la fortalecen de
manera continua con decirle: ‘Yo te absuelvo de tus pecados’, ni encuentra en sus debilidades
y pruebas de la vida, ni siquiera a su Jesús Sacramentado que pueda recibirlo en todas las horas
del día. En cambio mi Divina Voluntad poseyendo el acto primero de vida y de poder dar vida,
con su imperio tiene el acto continuo sobre la criatura, a cada instante se da como vida, vida de
luz, de santidad, de amor, vida de fortaleza, en suma, para Ella como vida no existen tiempos,
circunstancias, lugares, horas, no hay restricciones, ni leyes, especialmente porque debe dar
vida y la vida se forma con actos continuos, no a intervalos. Y por eso en el ímpetu de su amor,
con su imperio continuo, se puede decir que es bautismo continuado, absolución jamás
interrumpida, y comunión a cada instante. Mucho más que esta nuestra Voluntad fue dada al
hombre en el principio de su creación como vida perenne habitante en él. Esta era la sustancia,
el fruto de la Creación, nuestra Voluntad que debía formar nuestra Vida en la criatura. Con esta
Vida Nosotros dábamos todo, no había cosa de la que él pudiera tener necesidad, que no
pudiera encontrar en nuestra Voluntad, se puede decir que habría tenido a su disposición todo
lo que quisiera: ayuda, fuerza, santidad, luz, todo venía puesto en su poder, y mi Voluntad
tomaba el empeño de darle todo lo que quería, con tal que le diera el dominio y la hiciera habitar
en su alma; por eso no era necesario instituir los Sacramentos cuando fue creado el hombre,
porque en mi Voluntad poseía el principio y la vida de todos los bienes; los Sacramentos como
medios de ayuda, de medicina, de perdón, no tenían ninguna razón de existir; pero cuando el
hombre rechazó nuestra Voluntad, retirándose Ella el hombre quedó sin Vida Divina, por lo tanto
sin la virtud alimentadora, sin el acto continuo de recibir nueva y creciente vida, y si no moría del
todo, eran los efectos que de acuerdo a sus disposiciones, circunstancias y tiempos, le daba mi
Divina Voluntad. Ahora viendo nuestra paterna bondad que el hombre iba siempre
precipitándose más, para darle un sostén, una ayuda, le dio la ley como norma de su vida,
porque en la Creación no le dio ni leyes, ni ninguna otra cosa, sino mi Voluntad Divina, la cual
con dar vida continua le daba en naturaleza nuestra ley divina, de modo que debía sentirla en sí
mismo como vida propia, sin tener necesidad que Nosotros le dijéramos, ni mandáramos.
Mucho más que donde reina mi Voluntad no hay leyes, ni mandatos, las leyes son para los
siervos, para los rebeldes, no para los hijos; entre Nosotros y aquellos que viven en nuestro
Querer, todo se resuelve en amor. Pero con toda la ley el hombre no se rehizo, y como nuestro
ideal de la Creación había sido el hombre, y sólo por él todo fue hecho, por eso quise venir a la
tierra en medio a ellos, y para darles apoyos más válidos, medicinas más saludables, medios
más seguros, ayudas más potentes, instituí los santos Sacramentos, y éstos obran a tiempos y
circunstancias, y según las disposiciones de las criaturas, como efectos y obras de mi Divina
Voluntad. Pero si con todo este gran bien el alma no hace entrar a la Divina Voluntad en ella
como vida, tendrá siempre sus miserias, una vida mediocre, sentirá a lo vivo sus pasiones, la
santidad, la misma salvación estarán siempre peligrando, porque sólo mi Voluntad que se da
como vida continua forma el dulce encanto a las pasiones, a las miserias y forma los actos