el Creador y la criatura están siempre en camino el uno hacia el otro, no se detienen jamás, y
mi Voluntad desciende en el acto de la criatura para formar su paso de Vida Divina y ella sube
en el Fiat, en las regiones divinas para hacerse conquistadora de luz, de amor, de santidad, y
conocimientos celestiales. Así que cada acto, palabra, respiro, latido en mi Voluntad, son tantos
pasos de Vida Divina que hace la criatura, y Ella suspira estos actos para tener su campo de
acción, para poder formar tantas Vidas Divinas en la criatura. Fue esta la finalidad de la
Creación, formar nuestra Vida en la criatura, tener nuestro campo de acción divino en ella, y por
eso amamos tanto que haga nuestra Divina Voluntad, para poner a salvo nuestra Vida, no en
Nosotros, pues no tenemos necesidad de ninguno, somos más que suficientes a Nosotros
mismos, sino en la criatura. Este era el gran portento que queríamos y queremos hacer en virtud
de nuestra Voluntad, formar nuestra Vida en la vida de la criatura, por eso si esto no hacemos,
la Creación quedaría sin nuestra finalidad inicial, sería un obstáculo a nuestro amor, una
amargura continua el observarla y ver una obra tan grande y de tanta magnificencia, y no
realizada, y fallida nuestra finalidad. Y si no estuviera en Nosotros la certeza que nuestra
Voluntad debe reinar en la criatura para formar nuestra Vida en ella, nuestro amor quemaría la
Creación toda y la reduciría a la nada, y si tanto soporta y se tolera, es porque vemos más allá
de los tiempos nuestra finalidad realizada.
(3) Ahora, en cuanto la criatura hace su voluntad así retrocede y da un paso hacia atrás de su
Creador, y Dios retrocede, y se forma una distancia infinita entre uno y otro. Ve entonces la
necesidad de perseverar en modo continuo de obrar en mi Divina Voluntad, para disminuir la
gran distancia entre Dios y la criatura, producida por la voluntad humana, y no te creas que sea
distancia personal, Yo estoy por todas partes, en todos, en el Cielo y en la tierra, la distancia
que forma el querer humano sin el mío, es distancia de santidad, de belleza, de bondad, de
potencia, de amor, son distancias infinitas que sólo mi Querer obrante en la criatura puede reunir
y unir juntos y volver inseparables el uno del otro. Esto sucedió en la Redención, cada
manifestación que Nosotros hacíamos sobre la venida del Verbo a la tierra, era un paso que
dábamos hacia el género humano, y conforme lo suspiraban y rogaban y manifestaban al pueblo
nuestras manifestaciones, profecías y revelaciones, así daban tantos pasos hacia el Ente
Supremo, así aquellos estaban en camino hacia Nosotros y Nosotros hacia ellos, y conforme se
acercaba el tiempo de deber descender del Cielo a la tierra, así aumentábamos los profetas para
poder hacer más revelaciones, para poder apresurar el camino de ambas partes, tan es cierto,
que en los primeros tiempos del mundo no hubo ningún profeta, y nuestras manifestaciones eran
tan escasas que se puede decir que se daba un paso cada siglo. Esta tardanza de camino
producía frialdad por parte de las criaturas, y casi se tenía por todos como un modo de decir,
una cosa absurda mi venida a la tierra, no una realidad. Así como se piensa hoy sobre el reino
de mi Voluntad, un modo de decir, y casi como una cosa que no puede ser. Posteriormente
vinieron después de Moisés los profetas, casi en los últimos tiempos, cerca de mi venida a la
tierra, con los cuales después de nuestras manifestaciones se apresuró el camino de ambas
partes, y después vino la Soberana del Cielo, la cual no sólo caminó, sino corrió para apresurar
el encuentro con su Creador, para hacerlo descender y hacerlo cumplir la Redención. Mira
entonces como mis manifestaciones sobre la Divina Voluntad son pruebas ciertas de que Ella
camina para venir a reinar sobre la tierra, y que la criatura a la cual han sido hechas, con una
constancia férrea camina y corre para recibir el primer encuentro, para darle su alma y hacerla
reinar, y así darle el paso para hacerla reinar en medio a las criaturas. Por eso tus actos sean
continuos, porque sólo los actos continuos son los que apresuran el camino, superan todo
obstáculo, y son los únicos vencedores que vencen a Dios y a la criatura”.
(4) Después de esto continuaba la multitud de mis pensamientos sobre la Divina Voluntad, y
habiendo recibido la santa Comunión pensaba entre mí: “¿Qué diferencia hay entre los
Sacramentos y la Divina Voluntad?” Y mi Soberano Jesús rompiendo sus velos eucarísticos se
ha hecho ver, y dando un suspiro doloroso me ha dicho: