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Mayo 22, 1932
Escenas agradables que forma el alma a su Creador.
La Divina Voluntad dará a la criatura el don de la
ciencia infusa, que le será como ojo divino.
(1) Mi pobre mente nada en el mar inmenso de la Divina Voluntad, en este mar se murmura
continuamente, ¿pero qué cosa se murmura? Amor, alabanzas, agradecimientos, y el Ente
Supremo se hace encontrar con su murmullo al de la criatura, y da amor para recibir amor; qué
dulce encuentro entre el Creador y la criatura, que se dan amor recíprocamente, y en este
intercambio de amor se forman las olas de amor, de luz, de bellezas indescriptibles, las cuales
la pobre criatura no siendo capaz de encerrarlas todas en sí, se siente ahogar, y mientras ha
tomado quién sabe cuánto, el ahogo que siente le impide decir lo que siente en sí, de los secretos
inefables de amor, de luz, de conocimientos divinos, que el murmullo del Eterno ha encerrado
en su alma. Pero mientras me perdía en tantos conocimientos de no saber decirlos, me siento
balbuceante, me faltan las palabras adecuadas, y para no decir disparates sigo adelante.
Entonces, mi amable Jesús, compadeciendo mi incapacidad y pequeñez, me ha estrechado a
Sí entre sus brazos y me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, tú tienes razón en decir que tu pequeñez se siente ahogar bajo la
inmensidad de mi luz, de mi amor y de las innumerables verdades que contiene nuestro Ser
adorable y santo, pero nuestra potencia e inmensidad se deleita en llenar tanto a la criatura de
luz, de amor, de variados conocimientos nuestros, de santidad, hasta ahogarla, es una de las
escenas más bellas, ver a la criatura como ahogada en nuestra inmensidad, que quiere hablar
y se ahoga de luz, de amor, de verdades sorprendentes. ¡Oh! cómo es bello que quiere hablar
de lo que siente, y nuestras olas la invisten y la reducen al silencio. Sin embargo Nosotros con
este modo hacemos desahogo de Nosotros con nuestra amada criatura, y hacemos como un
maestro que quiere hacer desahogo de su ciencia a su pequeño discípulo, pone fuera todo lo
que sabe y el discípulo escucha, se llena la mente, el corazón; pero como han sido tantas las
cosas que le ha dicho, no sabe repetir nada, pero le sirve para apreciar y amar al maestro y
saber hasta donde puede llegar la altura de su ciencia. Estando bajo su dirección le sirve al
maestro para hacerse conocer y rescatar la atención, el afecto y la fidelidad del discípulo. Así
hacemos Nosotros para hacernos conocer y para hacernos amar, cuando vemos a la criatura
vacía de todo, que no quiere otra cosa que nuestra Divina Voluntad, nos deleitamos tanto, hasta
ahogarla de luz, de amor y de nuestras verdades que nos pertenecen, y después le vamos
desmenuzando poco a poco lo que le habíamos infundido todo junto, y así también nos
deleitamos de adaptarnos a su pequeña capacidad.
(3) Ahora, tú debes saber que quien vive en la Divina Voluntad, readquirirá, entre tantas
prerrogativas, el don de la ciencia infusa, don que le servirá de guía para conocer nuestro Ser
Divino, que le facilitará el desarrollo del reino del Fiat Divino en su alma, le servirá de guía en el
orden de las cosas naturales, será como la mano que la guía en todo y hará conocer la vida
palpitante del Querer Divino en todas las cosas creadas y el bien que continuamente le ofrece.
Este don fue dado a Adán en el principio de su creación, junto con nuestra Divina Voluntad
poseía el don de la ciencia infusa, de modo que conocía con claridad nuestras verdades divinas,
y no sólo esto, sino todas las virtudes benéficas que poseían todas las cosas creadas para bien
de la criatura, desde la cosa más grande hasta el más pequeño hilo de hierba. Ahora, en cuanto
rechazó nuestra Divina Voluntad con hacer la suya, nuestro Fiat retiró su Vida y el don del cual
había sido portador, por lo tanto quedó a obscuras sin la verdadera y pura luz del conocimiento
de todas las cosas. Ahora, con regresar la Vida de mi Voluntad en la criatura, regresará su don
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