que conozcan lo que deben recibir, los conocimientos de Ella maduran y vuelven capaces a
nuestros hijos de recibir un bien tan grande. Las tantas manifestaciones que he hecho serán
los verdaderos ojos del alma para poder mirar y comprender lo que nuestra paterna bondad
desde hace tantos siglos quiere dar a las criaturas. Mucho más que los conocimientos que he
manifestado sobre mi Divina Voluntad, en cuanto sean conocidos por las criaturas, arrojarán en
ellas la semilla para hacer germinar el amor de filiación hacia su Padre Celestial, sentirán nuestra
paternidad, que si quiere que hagan su Voluntad, es porque las ama y quiere amarlas como
hijas para participarles sus bienes divinos. Por tanto nuestros conocimientos sobre el Fiat Divino
las harán habituarse a vivir como hijas, y entonces cesará toda maravilla, porque nuestro Ente
Supremo da el gran don de nuestra Voluntad a sus hijos. Es derecho de los hijos recibir las
propiedades del padre, y es deber del padre dar sus bienes a los hijos. Quien quiere vivir como
extraño no merece las posesiones del padre, mucho más que nuestra paternidad ansía, suspira,
arde por el deseo de querer dar este don, a fin de que una sea la Voluntad con sus hijos.
Entonces sí, nuestro amor paterno reposará cuando veamos la obra salida de nuestras manos
creadoras en el seno de nuestro Querer, en nuestra casa, y nuestro reino poblado por nuestros
queridos hijos”.
(3) Después de esto continuaba pensando en la Divina Voluntad, me parece que no sé estar
si no pienso en Ella, y mi Celestial Maestro ha agregado:
(4) “Hija bendita, todos los actos que hace mi Divina Voluntad están de tal manera unidos
entre ellos, que son inseparables, de manera que si se quieren encontrar, a primera vista se
encuentra un solo acto, pero entrando más adentro se encuentran tantos actos distintos el uno
del otro, pero tan fundidos y atados juntos que no pueden separarse; esta fuerza de unión y de
inseparabilidad forma la naturaleza del obrar divino. La misma Creación lo dice, si una sola
estrella se pudiera separar de su puesto, en el cual está unida junto con todas las otras creadas,
se precipitaría y provocaría un trastorno general en todas las otras cosas creadas, tal es la
inseparabilidad y unión que tienen todas juntas, todas tienen vida, si bien distinta entre ellas, y
forman la bella armonía de toda la Creación, separadas se pueden decir que pierden la vida y
ponen trastorno por todas partes. Así es la voluntad humana separada de la Voluntad de su
Creador, no sólo se precipita ella, sino que va provocando trastorno por todas partes, y si pudiera
trastornaría todo y el mismo orden de su Creador, no sería de maravillar, la voluntad humana
creada por Nosotros y separada de la nuestra, sería como una estrella separada de su puesto,
donde poseía la fuerza divina, la unión de común acuerdo y de todos los bienes con su Creador.
Separándose pierde la fuerza, la unión y los bienes para vivir, por eso, por necesidad le toca la
suerte de precipitarse y de provocar trastorno por todas partes. Ahora, el vivir en mi Divina
Voluntad, en cuanto el alma hace su primer acto, así siente la fuerza y la unión de todos los
actos del Fiat Divino, así que un acto comprende y encierra todos los otros actos, y siente la
necesidad de continuar sus actos para concatenarse juntos para desarrollar la fuerza de la
Voluntad Divina que siente en sí, que como vida no sabe estar sin hacerse sentir, quiere respirar,
latir, obrar, un acto llama al otro y así forma la secuencia de los actos con la unión de los actos
de mi Voluntad. Para formar una vida no basta un acto, un respiro, un latido, no, se requiere el
continuo respirar, palpitar y obrar, y conforme el alma vive en mi Voluntad Divina, así la hace
respirar y palpitar, y mi Fiat forma su Vida entera de obras, por cuanto a criatura es posible de
contener en sí. Por eso si quieres su Vida en ti, haz que tus actos sean continuos en Ella”.
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1857 sig