hombre basta, vuelve a llamar en ti aquella Voluntad que rechazaste, Ella no toma en cuenta
tus males, y si la llamas está pronta a tomar posesión y a formar su reino en ti, reino de dominio,
de paz, de felicidad, de gloria, de victoria para Mí y para ti’. No quieras ser más esclavo ni vivir
en el laberinto de tus males y miserias, así no te crié, sino te crié rey de ti mismo, rey de todo.
Por eso llama a mi Voluntad como vida, y te hará conocer tu nobleza y la altura de tu puesto en
que fuiste puesto por Dios. ¡Oh! ¡cómo estarás contento, y contentarás a tu Creador!”
(3) Después de esto ha agregado: “Hija mía, por lo tanto, sólo siente la verdadera vida en sí
cuando entra en mi Divina Voluntad, porque en Ella la criatura ve con claridad su nada, y como
esta nada siente la necesidad del Todo, es decir de Aquél que la trae de la nada para vivir, y
conforme se reconoce, el Todo la llena de Sí. Esta nada siente la verdadera vida, se encuentra
en contacto inmediato de la santidad, de la bondad, potencia, amor y sabiduría Divina, reconoce
en sí la potencia de la obra creadora, su vida palpitante y la necesidad extrema de esta Vida
Divina. De otra manera siente como si en sí no hubiera vida. Es sólo mi Voluntad que hace
reconocer su verdadera nada a la criatura, y a esta nada le va infundiendo su aliento
continuamente para mantener siempre encendida la Vida Divina en ella, para hacerla crecer
como obra digna de nuestras manos creadoras. Por el contrario, sin nuestra Voluntad la criatura
se siente como si fuera alguna cosa, y el Todo queda fuera de la nada”.
(4) Después continuaba mis actos en la Divina Voluntad, y mi pobre mente se perdía en la
multiplicidad de sus obras, las cuales corrían en busca del hombre para abrazarlo y alinearse
en torno a él para defenderlo, prestarle todas las ayudas, felicitarlo y hacerle sentir sus amorosos
lamentos, sus notas dolorosas hasta en el fondo del corazón, porque mientras el Fiat Divino en
todo lo que hace busca al hombre, quiere encontrarlo, amarlo, y él en sus actos no lo busca, no
lo circunda, ni le hace oír sus notas amorosas, ni sus dulces lamentos por querer a Aquél que
tanto la amó y al que debería amar. Ahora mientras me perdía en sus obras divinas, mi dulce
Jesús ha vuelto a decir:
(5) “Hija mía, todas nuestras obras ad extra han sido hechas y serán hechas sólo para las
criaturas, nuestra finalidad es sólo para ellas, porque Nosotros no tenemos necesidad. Por eso
en el obrar que hacemos brilla en nuestro acto la criatura, corre en él como finalidad de nuestro
obrar, y como en el efecto y en cada acto, la causa que nos mueve a obrar es la criatura, por
eso en todas nuestras obras el primer puesto es ocupado por ella, ella brilla y corre en nuestro
acto, por eso podemos decir: ‘Tú estabas con Nosotros cuando extendíamos el cielo y formamos
el sol, en aquel azul y en aquella luz te dábamos el lugar de honor y tú corrías en ellos. En cada
acto del Verbo hecho sobre la tierra, en cada pena, en cada palabra, tú tenías tu puesto central
y corrías en ellos como propiedad tuya. Ahora, no dábamos a la criatura en nuestro acto el
puesto para hacerla estar inútilmente y para hacerla correr en ellos casi holgazaneando, no, no,
el ocio no ha hecho santo a ninguno, lo poníamos en nuestros actos para que dentro de ellos
pusiera sus actos; el nuestro debía servir como modelo, como espacio para poder poner dentro,
con más seguridad, sus actos. También Nosotros trabajamos, amar es trabajar, y nuestro
trabajo, como es amor, es obrante, vivificante, creante, sostiene todo y a todos. Por eso, a pesar
de que la criatura tiene su puesto en nuestras obras, ¡oh! cuántas obras nuestras se ven vacías
de los actos de las criaturas, es más, ni siquiera las conocen y viven como si nada les
hubiéramos dado; por eso nuestras obras tienen un dolor y llaman incesantemente a aquélla,
que mientras tiene su puesto en ellas, no se vale de ellas, ni con su amor trabaja junto con el
trabajo de su Creador. Sin embargo no finalizarán los siglos sin que nuestras obras no tengan
la finalidad para la que fueron hechas, esto es, la criatura dentro de ellas obrando como centro
de sus actos. Y estos serán aquellos que harán reinar mi Divina Voluntad como vida en sus
almas”.
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1855 sig