bendigo. ¡Oh! cómo es bello verla, que posee tantas vidas por cuantas veces permanece en
sus mismos actos hechos en nuestro Fiat Divino, que por cuantas vidas posee sentimos en su
latido tantos latidos en uno, tantos respiros, movimientos y pasos en uno, y cada uno, quién dice
amor, quién reparaciones, quién agradecimientos, quién alabanza y quién bendiciones; estos
renacimientos y vidas forman la más bella armonía en la afortunada criatura que ha tenido el
bien de adquirirlas; es tanta nuestra complacencia, que nuestra mirada está siempre fija en verla,
nuestros oídos siempre atentos a escucharla, la potencia de nuestro Querer llama nuestra
atención continua, y en cuanto nos dice os amo, así Nosotros le repetimos, te amamos, ¡oh! hija.
En cuanto nos repara, así nos la estrechamos al corazón; conforme nos agradece, alaba y
bendice, así le vamos repitiendo: ‘Te agradecemos que nos agradezcas, te alabamos que nos
alabes, te bendecimos que nos bendigas’. Podemos decir que nos ponemos en competencia
con ella, Cielos y tierra se maravillan de que el Creador se ponga en competencia con su amada
criatura. Por eso siempre en mi Voluntad te quiero, porque en Ella nos das qué hacer y qué
decir y formas nuestro desahogo de amor”.
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30-28
Abril 30, 1932
El vivir en la Divina Voluntad es un don. Ejemplo del pobre y
ejemplo del rey. Cómo el don es exceso de amor y magnanimidad
de Dios, el cual ni pone atención, ni quiere hacer cuentas
del gran valor que da.
(1) Me sentía inmersa en el Querer Divino, una multitud de pensamientos preocupaban mi
mente, pero siempre sobre el mismo Fiat, porque en Él no se puede pensar en otra cosa, su
dulce encanto, su luz que todo inviste, sus tantas verdades que como formidable ejército se
alinean alrededor, alejan todo lo que a Él no pertenece. La feliz criatura que se encuentra en la
Divina Voluntad se encuentra como en una atmósfera celestial, toda feliz, en la plenitud de la
paz de los santos y si quiere alguna cosa, es sólo que todos conocieran un Querer tan amable,
tan santo, quisiera que todos vinieran a gozar su felicidad, pero pensaba entre mí: “Pero, ¿cómo
puede ser que las criaturas puedan venir a vivir en la Divina Voluntad para poder formar su santo
reino? Y mi amado Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía, ¡cómo eres pequeña! Se ve que tu pequeñez no se sabe elevar en la potencia,
inmensidad, bondad y magnanimidad de tu Creador, y desde tu pequeñez mides nuestra
grandeza y generosidad. Pobre pequeña, te pierdes en nuestras interminables posesiones, y
no sabes dar el justo peso a nuestros modos divinos e infinitos. Es cierto que humanamente
hablando, la criatura rodeada por los males, tal como está, vivir en mi Querer, formar su reino
en medio a ellas, es como si quisiera tocar el Cielo con el dedo, lo que es imposible, pero lo que
es imposible a los hombres es posible a Dios. Tú debes saber que el vivir en nuestra Voluntad
es un don que nuestra magnanimidad quiere dar a las criaturas, y con este don la criatura se
sentirá transformada de pobre en rica, de débil en fuerte, de ignorante en docta, de esclava de
viles pasiones, dulce y voluntaria prisionera de una Voluntad toda santa que no la tendrá
prisionera, sino reina de sí misma, de los dominios divinos y de todas las cosas creadas.
Sucederá como a un pobre que viste míseros harapos, habita en una cuartucho sin puertas, por
lo tanto expuesto a los ladrones y enemigos, no tiene pan suficiente para quitarse el hambre y
está obligado a mendigarlo; si un rey le diese por don un millón, el pobre cambiaría su suerte y