(2) “Hija bendita de mi Querer, como todas las cosas creadas fueron hechas para las criaturas,
en cada una de ellas mi Divina Voluntad se quedaba para llamarlas, porque no quería quedar
sola, sino que quería a aquélla por la cual las cosas fueron hechas, para darle los derechos
sobre ellas, y así no quedar defraudada en su finalidad por la cual las había creado. Ahora,
¿quién escucha esta llamada? Quien posee mi Voluntad como vida. El eco de mi Voluntad que
está en las cosas creadas forma el mismo eco en el alma que la posee, y entre sus mismos
brazos la lleva donde mi Querer la llama, y como tiene sus derechos dados por Mí, si ella ama,
todas las cosas creadas dicen amor; si adora, dicen adoración; si agradece, dicen
agradecimientos, de modo que se ve moverse en el cielo, en el sol, en el mar, en el viento, en
todo, aun en el pequeño pajarito que canta, el amor, la adoración, el agradecimiento de la
criatura que posee mi Divina Voluntad, cómo es basto el amor y todo lo que puede hacer y decir,
Cielos y tierra están en su poder. Pero esto es nada todavía, tú debes saber que el alma que
posee mi Divina Voluntad, en su acto entra su Omnipotencia divina y potencia verdadera, lo que
significa difundirse en todos y todo, llamar a todos en aquel acto, con su imperio hacerse sentir
por todos, llamar la atención de todos, de modo que sienten la potencia obrante de mi Fiat en el
acto de la criatura, porque puedo llamarlo no acto suyo, sino mío, y quien se encuentra en
posesión de Él, como son los ángeles, los santos, la Creación, sienten correr una vena de su
potencia y se ponen todos atentos para recibirla, e inclinándose adoran, agradecen, aman la
Divina Voluntad obrante. Un acto de Ella es la cosa más grande, más bella para todo el Cielo y
para toda la tierra; un acto suyo, como posee potencia completa, tanto si obra en el acto humano,
como si obra solo, puede llevar innovaciones, transformaciones sobre todo y hacer resurgir
cosas nuevas, que antes no existían. Así que un acto en mi Divina Voluntad toma lugar en el
orden divino, y con su imperio potente impera sobre todos, impera con su amor atrayente, con
su belleza raptora, con sus alegrías y dulzuras infinitas, es un acto que encierra el conjunto de
todo, y aquellos que no sienten lo bello de él están obligados a sentir el peso de la justicia divina
sobre ellos, pero todos sentirán el toque de la potencia de un acto de mi Voluntad, ninguno será
excluido. Y sólo estos actos se alinean para dar continuo homenaje a Dios mismo, porque los
que más dan gloria a Dios y homenaje continuo, son los actos hechos en el Fiat, porque son
actos hechos por Dios mismo, y toman parte en su acto incesante”.
(3) Después de esto estaba haciendo mis actos en la Divina Voluntad, y mi dulce Jesús ha
agregado:
(4) “Hija mía, el alma que vive en mi Voluntad está en continuo acto de renacer en los actos
que hace en Ella, si ama está en acto continuo de renacer en el amor divino, y mientras nace
forma la vida del amor en ella, y como vida toma el primado en todo su ser, de modo que su
latido, su respiro, el movimiento, la mirada, el paso, la voluntad, y todo lo demás, se vuelve amor,
y cuantas veces renace, tantas veces más crece el amor, este amor como vida y en acto de
siempre nacer y crecer, tiene la fuerza raptora y que hiere, y mientras nos hiere nos rapta, pero
con nuestra misma potencia divina, y Nosotros sintiéndonos heridos desbordamos amor de
nuestras heridas, y herimos a nuestra amada criatura, y en cada renacimiento duplicamos
nuestro amor por ella. Así si repara, y cuantas veces repara en nuestra Voluntad, tantas veces
renace en la reparación divina y forma la vida de la reparación en su alma, así que el respiro, el
movimiento, la voluntad y todo su ser adquiere la vida de la reparación; y como no es con un
solo acto que nos repara, sino con una vida entera, como vida tiene la potencia que desarma, y
desarmándonos convierte los flagelos en gracias, así de todo lo demás que la criatura puede
hacer en nuestra Divina Voluntad, son vida que adquiere, las cuales son alimentadas por nuestra
fuentes divinas. Así si nos alaba en nuestra Divina Voluntad, nos agradece, nos bendice, forma
una vida entera de agradecimientos, de alabanzas y de bendiciones hacia su Creador, y cada
vez que lo hace, mientras renace en estos actos y crece, forma la plenitud de la vida, de modo
que el respiro, el latido, si piensa, si habla, si da un paso, si circula la sangre por sus venas, todo
el conjunto de la criatura, no hay partícula de su ser que no diga os agradezco, os alabo, os