(5) “Hija mía, no temas de tu estado de adormecimiento, esto dice que así como Yo estoy con
las gentes, como si durmiera, como si no las oyese y viese, así te he puesto a ti en el mismo
estado. Por lo demás, si te disgusta, te lo dije la otra vez, ¿quieres que te suspenda el estado
de víctima?”
(6) Y yo: “Señor, la obediencia no quiere que acepte la suspensión”.
(7) Y Él: “Y bien, ¿qué quieres de Mí? Estate quieta y obedece”.
(8) ¿Quién puede decir qué tan afligida quedé? Y no sólo esto, sino que me parece que
quedaron tan adormecidas mis potencias internas, que vivo como si no viviera. ¡Ah Señor, ten
piedad de mí, no me dejes en abandono, en un estado tan lamentable y doloroso!
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3-92
Julio 9, 1900
Vivir no sólo para Dios sino en Dios.
(1) Continúa el mismo estado y tal vez aún peor, y si alguna vez se hace ver es como sombra
y rayo, y casi siempre en silencio. Esta mañana, encontrándome en lo sumo de la aflicción y de
la torpeza por el sueño continuo, en cuanto se ha hecho ver me ha dicho:
(2) “Ánimo hija mía, el alma verdaderamente mía no sólo debe vivir para Dios, sino en Dios.
Tú busca vivir en Mí, porque en Mí encontrarás el receptáculo de todas las virtudes, y paseando
en medio de ellas te alimentarás de su perfume, tanto, de quedar llena de ellas, y tú misma no
harás otra cosa que enviar luz y perfume celestial, porque el vivir en Mí es la verdadera virtud,
y tiene virtud de dar al alma la misma forma de la Divina Persona en la cual hace su morada, y
de transformarla en las mismas virtudes divinas de las cuales se nutre”.
(3) Después de esto como relámpago ha desaparecido, y mi alma corriendo detrás de aquel
relámpago se ha encontrado fuera de mí misma, pero ya había huido y no me ha sido dado el
encontrarlo de nuevo, y sufrí la amargura de ver granizadas terribles que habían hecho grandes
estragos, rayos que habían producido incendios y otras cosas que estaban preparadas.
Después de haber visto esto, me he encontrado en mí misma, más afligida que antes.
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3-93
Julio 10, 1900
Diferencia entre vivir para Dios y vivir en Dios.
(1) Encontrándome en la misma confusión, como un relámpago se ha hecho ver y me ha
hecho entender que no había escrito todo lo que Él me había dicho ayer, esto es, que el alma
no sólo debe vivir para Dios, sino en Dios. Entonces el bendito Jesús me repitió la diferencia que
hay entre el vivir para Dios y el vivir en Dios, diciéndome:
(2) “En el vivir para Dios, el alma puede estar sujeta a las turbaciones, a las amarguras, a ser
inconstante, a sentir el peso de las pasiones, a mezclarse en las cosas terrenas. Pero en el vivir
en Dios no, todo es diferente, porque la cosa principal para hacer que una persona pueda entrar
a habitar en otra persona, es dejar todo lo que es suyo, esto es, despojarse de todo, dejar las
propias pasiones, en una palabra, dejar todo para encontrar todo en Dios. Ahora, cuando el alma
no sólo se ha despojado, sino se ha reducido muy bien, entonces podrá entrar por la puerta
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