que se pueda resistir frente a nuestra potencia; así que tenemos poder de rehabilitarlo, de
hacerlo más bello que antes, fortalecer y ponerle cemento a su habitación derrumbada, de modo
de volverla más fuerte que antes, y con el soplo de nuestro poder encerrar en los oscuros
abismos a los ladrones y enemigos suyos. Así que el hombre, aunque se salió de dentro de
nuestra Divina Voluntad, no dejó de ser obra nuestra, y si bien se desordenó, nuestra potencia
por decoro de nuestra obra, que debe ser perfecta y cumplida como Nosotros la queremos, con
su poder pondrá un límite a sus desórdenes, a sus debilidades, y le dirá con su imperio: ‘Basta,
hasta aquí, regresa al orden, toma tu puesto de honor como obra digna de tu Creador.’ Son
prodigios de nuestra Omnipotencia que obrará, y que el hombre no tendrá fuerza de resistir,
pero sin esfuerzo, espontáneo, alentado y atraído por una fuerza suprema, por un amor
invencible. ¿No fue un prodigio de nuestra potencia la Redención querida por nuestra Voluntad
y por nuestro amor, que sabe vencer todo, incluso las ingratitudes más negras, las culpas más
graves, y corresponder en amor donde el hombre ingrato lo ha ofendido de más? Si se trata del
hombre, ciertamente que no podrá levantarse con todas las ayudas de mi Redención, porque
no está dispuesto a tomarlas, muchos no cesan de ser pecadores, débiles, ensuciados con las
culpas más graves. Pero si se trata de mi potencia, de mi amor, cuando las dos balanzas
desborden un poco de más y lo toquen con voluntad de vencerlo, el hombre se sentirá sacudido
y arrojado por tierra, de manera que resurgirá del mal en el bien y entrará de nuevo en nuestra
Voluntad Divina de donde salió, para tomar su heredad perdida. ¿Sabes tú dónde está el todo?
El todo está en si nuestra Voluntad lo quiere y con decretos divinos lo ha decidido; si esto hay,
todo está hecho, y es tan cierta esta decisión, que ya están los hechos. Tú debes saber que
cuando vine sobre la tierra, mientras hacía el oficio de Redentor, al mismo tiempo todo lo que
hacía mi Santa Humanidad encerraba tantos actos de mi Voluntad Divina como depósito para
dar a la criatura, Yo no tenía necesidad porque era la misma Divina Voluntad, así que mi
Humanidad hacía como una madre ternísima, encerraba en Sí tantos partos de mi Voluntad por
cuantos actos hacía, para darlos a la luz y parirlos en el seno de los actos de las criaturas, para
formar en sus actos el reino de los actos de mi Fiat. Por eso está como una madre, esperando
con un amor que la hace sufrir, el dar a luz estos sus partos divinos. El otro hecho es que Yo
mismo enseñé el Pater Noster, a fin de que todos rogaran que venga mi reino, para que se haga
mi Voluntad como en el Cielo así en la tierra. Si no debiera venir habría sido inútil enseñar tal
oración, y Yo cosas inútiles no sé hacer, y además las tantas verdades manifestadas sobre mi
Divina Voluntad, ¿no dicen claramente que su reino vendrá sobre la tierra, no por obra humana
sino por obra de nuestra Omnipotencia? Cuando Nosotros queremos todo es posible, tan
fácilmente hacemos las cosas pequeñas como las grandes, porque toda la virtud y potencia está
en nuestro acto, no en lo bien que recibe el acto de nuestra potencia. En efecto, cuando estaba
sobre la tierra, como en todos mis actos corría mi potencia, se volvía potente el toque de mis
manos, el imperio de mi voz, y así de todo lo demás, y con la misma facilidad llamé a vida a la
niña muerta hacía pocas horas, que llamé a vida a Lázaro, muerto desde hacía cuatro días, el
cual ya se había corrompido y despedía un hedor insoportable; ordené que le quitaran las
vendas y después lo llamé con el imperio de mi voz: ‘Lázaro, ven fuera.’ A mi voz imperante
Lázaro resucitó, la corrupción desapareció, el hedor cesó y regresó sano y vigoroso como si no
hubiera muerto. Verdadero ejemplo de cómo mi potencia puede hacer resurgir el reino de mi
Fiat en medio a las criaturas, este es un ejemplo palpable y cierto de cómo mi potencia, a pesar
de que el hombre esté corrompido, el hedor de sus culpas más que a cadáver lo infecte, se
puede llamar un pobre vendado que tiene necesidad del imperio divino para quitarse las vendas
de sus pasiones, pero si el imperio de mi potencia lo inviste y quiere, su corrupción no tendrá
más vida, y resurgirá sano y más bello que antes. Por eso, a lo más se puede dudar que mi
Divina Voluntad lo quiera, porque podría no merecer tanto bien, pero que mi potencia no lo
pudiera, eso jamás”.
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1847 sig