penas y tormentos eternos, por eso el vivir en mi Voluntad no es nuevo como algunos creen,
todos viven en Ella, buenos y malos, si se quiere decir nuevo, es el modo de vivir, quién la
reconoce como acto continuo de vida, quién le da el dominio en todos sus actos, porque el vivir
en Ella es la santidad de cada instante que recibe la criatura, se puede decir que crece
continuamente en santidad, pero santidad dada por mi Voluntad, crecida junto con Ella, así que
siente por vida, más a mi Voluntad que a su misma vida. En cambio quien no vive en Ella, a
pesar de que está dentro no la reconoce en cada acto suyo, y vive como si viviera lejano de Ella
y no recibiera el acto continuo de su vida, a pesar que lo recibe. De esta manera no se forma la
santidad del vivir en mi Querer, sino a lo más la santidad de las circunstancias, así que se
acuerdan de mi Divina Voluntad cuando las oprime una necesidad, un dolor, una cruz, entonces
se oyen exclamar: ‘Sea hecha la Divina Voluntad.’ Y en todo el resto de su vida, mi Voluntad
¿dónde estaba? ¿No estaba ya con ellas contribuyendo a todos sus actos? Estaba, pero no la
reconocían. Sucede como a una madre que vive en su palacio, la cual ha dado a luz muchos
hijos, algunos de estos están siempre junto a la madre, la cual infunde en los hijos sus modos
nobles, los nutre con alimentos delicados y buenos, los viste con vestidos decentes, les confía
sus secretos y los hace herederos de sus bienes. Se puede decir que la madre vive en los hijos
y los hijos en la madre, se hacen felices mutuamente y se aman con amor inseparable; los otros
hijos viven en el palacio de la madre, pero no están siempre junto a ella, encuentran placer en
vivir en estancias lejanas de la de su madre, por eso no aprenden sus modos nobles, no visten
con decencia, los alimentos que toman les hacen más mal que bien, y si alguna vez van a la
madre no es por amor, sino por necesidad. Por eso la gran diferencia entre uno y otro de estos
hijos, pero a pesar de todo esto, en el palacio de la madre viven el uno y otro. Así es, todos
viven en mi Voluntad, pero sólo quien quiere vivir de Ella, vive en Ella como hijo con su Madre,
todos los demás, a pesar que viven en Ella, ni siquiera la conocen, otros viven como extraños,
otros la conocen para ofenderla”.
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30-23
Marzo 27, 1932
Condiciones para asegurar la venida del reino del Fiat sobre la tierra.
Las manifestaciones sobre la Divina Voluntad serán ejército
aguerrido de amor, armas, redes para vencer a la criatura.
(1) Me sentía inmersa en el Querer Divino, y ¡oh! cuántos pensamientos se agolpaban en mi
mente, y su luz formaba sus olas, una seguía a la otra, y estas olas se convertían en voz, en
murmullo, en música celestial, pero ¡oh! cómo es difícil retener el lenguaje de aquella luz
interminable. Cuando se está dentro de Ella parece que se comprende mucho, pero en cuanto
se retira queda sólo alguna gotita y el dulce, inolvidable y amado recuerdo de haber estado en
la luz del eterno Fiat. Si el bendito Jesús no obrara un milagro, abajándose Él con modo más
adaptable a la naturaleza humana, yo nada habría sabido decir. Entonces veía en mi mente el
cuadro del reino de la Divina Voluntad, y quería que Jesús me dijera cuáles eran sus condiciones
para estar segura de su venida, y mi Maestro Celestial, visitando a la pequeña recién nacida de
su Querer me ha dicho:
(2) “Hija mía bendita, las condiciones absolutas, necesarias y de suma importancia, que
forman la vida y el alimento para asegurar el reino de mi Divina Voluntad, es pedir de la criatura
grandes sacrificios y prolijidad de continuo sacrificio; entonces nuestra bondad, en virtud del
sacrificio que pide, debe dar gracias sorprendentes a quien pide este sacrificio, de modo que a
la criatura fascinada por mi amor, por mis dones y por mis gracias, le parecerá nada el sacrificio