que Yo le pido, a pesar de conocer que su vida ha terminado, que no tendrá más derecho sobre
sí misma, y que todos los derechos serán de quien le pidió el sacrificio; si no conociera toda la
magnitud del sacrificio que acepta, no tendría todo el valor, porque por cuanto más se conoce
la grandeza, el peso del sacrificio, tanto más valor viene puesto dentro. El conocimiento pone
el valor exacto y completo en el sacrificio, por el contrario quien no conoce todo el peso de un
sacrificio, ¡oh! cuánto disminuye el valor, la gracia, el bien que debe obtener, además nuestro
amor queda herido, nuestra potencia se siente impotente ante una criatura a la que le pedimos
grandes sacrificios, haciéndole conocer el peso a que se debe someter, y ella, sólo por nuestro
amor y para cumplir nuestra Voluntad, acepta todo. El sacrificio prolijo trae la prolijidad de la
oración, y ¡oh! cómo nuestros oídos se ponen atentos, nuestras miradas quedan raptadas al ver
que en medio de la hoguera del sacrificio querido por Nosotros, ruega, y ¿qué cosa pide y
quiere? Lo que Nosotros queremos: ‘Que nuestra Voluntad se haga como en el Cielo así en la
tierra.’ ¡Ah! si ella pudiera, arrollaría Cielo y tierra, quisiera todo en su poder para hacer que
todos pidieran lo que quiere, a fin de que su sacrificio obtenga la finalidad y lleve el fruto querido
por Dios. Nuestra paterna bondad es tanta, que nos resulta imposible no oír favorablemente el
propósito de un sacrificio prolongado y una plegaria prolija. Estas son las condiciones por parte
de las criaturas, y esto lo hemos hecho contigo y queremos que lo conozcas, porque Nosotros
no damos nuestras cosas a los ciegos, que por su ceguera no conocen los bienes que le son
dados, ni aquellos que le están alrededor, mucho menos a los mudos, que por su mutismo no
tienen palabras para manifestar nuestras verdades y nuestras gracias. La primera cosa que
damos es el conocimiento de lo que queremos hacer de ella, y después damos y hacemos lo
que hemos dispuesto. El conocimiento se puede llamar el principio, el vacío, la semilla donde
poner el sacrificio, nuestras cosas, y hacer surgir la bella oración que nos debilita, nos encadena
con cadenas, con ataduras inseparables, y nos hace dar lo que quiere. Mucho más que siendo
nuestra Voluntad vida y obra que da vida a todo y a todos, para venir a reinar sobre la tierra
quería de parte de la familia humana una vida de criatura a su disposición, y que sin oponerse
estuviera en poder de su Voluntad Divina, a fin de que de ella hiciera lo que quiere; esto le servirá
de apoyo y condición para asegurar su reino por parte de las criaturas. Ahora vienen las
aseguraciones por parte de Dios, pero ¿a quién podía hacerlas sino a quien había pedido el
sacrificio? Así que mi gran prolijidad en manifestar tantas verdades sobre mi Divina Voluntad,
mi largo decir sobre su reino y sobre el bien que quiere y debe hacer, su prolongado dolor de
cerca de seis mil años porque quiere reinar y la han rechazado, las muchas promesas que quiere
dar de bienes, de felicidad, de alegría si la hacen reinar, no han sido otra cosa que aseguraciones
que he dado a la criatura de este reino de mi Fiat, y estas aseguraciones venían hechas y
selladas en la cosa más bella, más sagrada, más preciosa, esto es en el centro de la hoguera
de tu sacrificio querido por Nosotros. Puedo decir que no me canso jamás de hacer
aseguraciones, digo, vuelvo a decir siempre con nuevos modos, nuevas verdades, nuevas
formas, semejanzas sorprendentes siempre sobre mi Divina Voluntad, jamás habría dicho tanto
si no fuera cierto que mi reino debía tener su dominio sobre la tierra. Por eso es casi imposible
que un decir mío tan prolijo, y un sacrificio tuyo tan continuo, no deban tener los suspirados
frutos de parte de Dios y de parte de las criaturas, por eso continúa tu vuelo en aquel Fiat que
tiene potencia de hacerse camino, de abatir todas las dificultades, y a fuerza de amor hacerse
los más fieles amigos y defensores de sus más despiadados enemigos”.
(3) Después ha agregado: “Hija mía, mi concepción, mi nacimiento, mi Vida oculta, mi
evangelio, los milagros, mis penas, mis lágrimas, mi sangre derramada, mi muerte, reunido todo
junto, formaron un ejército invencible para cumplir mi Redención. Así todas mis manifestaciones
sobre mi Divina Voluntad, desde la primera hasta la última palabra que diré, deben servir para
formar el ejército aguerrido, todo de amor, de fuerza invencible, de luz irresistible, de amor que
transforma, ellas colocarán en torno a la criatura una red, que si quieren salir caerán dentro, se
enredarán tanto, que no sabrán cómo salir, y mientras tratará de salir, mis tantas
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