y muerte, todos estos males que como lluvia tupida llovían sobre Mí, tuvo origen porque Yo
haciéndome conocer, afirmaba lo que Yo era en realidad, el Verbo Eterno descendido del Cielo
para salvarlos. Tan es verdad, que mientras estuve en la casa de Nazaret, no conociendo quién
fuera Yo, ninguno me dijo nada, ni me calumniaron, ni me hicieron algún mal; en cuanto me
develé, todos los males me llovieron encima. Pero el hacerme conocer era necesario, de otra
manera habría regresado al Cielo sin cumplir la finalidad por la cual vine a la tierra. En cambio
con el hacerme conocer, a pesar que me atrajo tantos males, en medio a esta vorágine de males
formé a mis apóstoles, anuncié el Evangelio, obré prodigios, y mi conocimiento instigó a mis
enemigos a hacerme sufrir tantas penas hasta darme la muerte de cruz. Pero obtuve mi intento,
que muchos me conocieran en medio a tantos que no quisieron conocerme, y de cumplir mi
Redención. Yo lo sabía, que con hacerme conocer, la perfidia y soberbia de los hebreos me
habrían hecho tanto, pero era necesario hacerme conocer, porque una persona, un bien si no
se conoce, no es portador de vida, ni de bien. El bien, la verdad no conocidos, quedan
obstaculizados en sí mismos, sin fecundidad, como tantas madres estériles que termina con
ellas su generación. Ve entonces cómo es necesario que se conozca que puedo dar el reino de
mi Voluntad y que quiero darlo. Puedo decir que hay la misma necesidad como aquélla de hacer
conocer que Yo era el Hijo de Dios que vino sobre la tierra. Es también verdad que muchos al
conocer esto, repetirán lo que me hicieron cuando hice conocer que Yo era el suspirado Mesías;
calumnias, contradicciones, dudas, sospechas, desprecios, como ya lo han hecho en cuanto se
inició la impresión con la que se iniciaba el dar a conocer mi Divina Voluntad; pero esta no es la
causa principal, es el bien, que poseyendo la fuerza que hiere al mal, las criaturas, el infierno,
sintiéndose heridos se arman contra el bien y quisieran aniquilar el bien, y a aquélla o a aquél
que quiere hacer conocer el bien. Pero a pesar de todo lo que han querido hacer al principio del
querer nacer el conocimiento de mi Voluntad y que quiere reinar, que la han como sofocado, sin
embargo ha dado sus primeros pasos, y lo que no creían algunos otros lo han creído, los
primeros pasos llamarán a los segundos, a los terceros, y así poco a poco, a pesar que no
faltarán aquellos que suscitarán contradicciones y dudas, pero es de absoluta necesidad que se
conozca mi Divina Voluntad, que puedo darla, y quiero darla. Estas son condiciones, que sin
ellas Dios no puede dar lo que quiere dar, y la criatura no puede recibir. Por eso ruega, y no
des marcha atrás en hacer conocer mi Divina Voluntad. El tiempo, las circunstancias, las cosas,
las personas, cambian, no son siempre las mismas, por eso lo que no se obtiene hoy, se podrá
obtener mañana, y será para confusión de quien ha sofocado un bien tan grande. Pero mi
Voluntad triunfará y tendrá su reino sobre la tierra”.
(5) Después continuaba pensando en la Divina Voluntad, y toda me abandonaba en sus
brazos divinos, y mi amado Jesús ha agregado:
(6) “Hija buena, tú debes saber que mi Divina Voluntad posee y contiene dentro de Sí todo,
todas las alegrías, todas las bellezas, de Ella todo sale y sin perder nada todo contiene en Sí,
se puede decir que lleva a todos y todo en su regazo inmenso de luz. Así que todos viven en
Ella, con esta diferencia, que quien con toda su voluntad quiere vivir en Ella, y se hace dominar
por su dominio, vive como hija, y como hija es constituida heredera de las alegrías, de las
bellezas, de los bienes de su Madre, de modo que esta Madre Divina está toda atenta a
embellecer, enriquecer, y a hacer gozar a su hija. En cambio quien quiere vivir de voluntad
humana y no se hace dominar por su dominio, vive en esta Santa Voluntad, pero vive no como
hija, sino como extraña, y todas las alegrías se convierten para la criatura en amargura, las
riquezas en pobreza, las bellezas en fealdad, porque viviendo como extraña vive como apartada
de los bienes que mi Divina Voluntad posee, y justamente merece que nada posea de bien, su
querer humano que la domina le da lo que tiene, pasiones, debilidades, miserias. Nada huye
de mi Divina Voluntad, ni siquiera el infierno, y como no la han amado en vida, han vivido como
miembros separados de Ella, pero siempre dentro, no fuera, ahora, en aquellas tétricas
prisiones, las alegrías, la felicidad, las bienaventuranzas de mi Divina Voluntad se convierten en