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Marzo 20, 1932
Tres condiciones necesarias para obtener el reino de la Divina Voluntad.
Cómo todos viven en la Divina Voluntad. Modo diverso de vivir.
(1) Estaba pensando en la Divina Voluntad y decía entre mí: “Si Nuestro Señor ama tanto el
hacer conocer un Querer tan santo, y quiere que reine en medio a las criaturas, ¿por qué
entonces quiere que se ruegue para obtenerlo? Mientras que una vez que lo quiere lo puede
dar, incluso sin tanto pedirlo. Y mi dulce Jesús, sorprendiéndome me ha dicho:
(2) “Hija mía, el conocer mi Divina Voluntad es la cosa más grande que Yo puedo dar y la
criatura puede recibir, y su reinar es la confirmación de su gran don, y el desarrollo de su
Voluntad conocida. Por eso es necesario pedirlo; con pedirlo se dispone, forma en sí la morada
real dónde recibirlo; con pedirlo adquiere el amor para amarlo, adquiere las dotes de sacrificio
que se requieren para poseerlo, y conforme se pide, el querer humano pierde su terreno, se
debilita, pierde la fuerza y se dispone a recibir el dominio del Querer Supremo, y Dios viendo
que le ruegan se dispone a darlo. Se necesitan las disposiciones de ambas partes para dar
nuestros dones celestiales, ¡cuántos dones queremos dar! Pero como no son pedidos los
retenemos en Nosotros mismos, esperando darlos cuando sean pedidos. El pedir es como si
se abriera el comercio entre el Creador y la criatura; si no se pide, el comercio está cerrado, y
nuestros dones celestiales no descienden para ponerse en giro sobre la faz de la tierra, por eso,
la primera necesidad indispensable para obtener el reino de la Divina Voluntad, es pedirlo con
plegarias incesantes, porque conforme se pide, así nos llegan las cartitas, ahora de premuras,
ahora de súplicas, ahora de acuerdo que quieren hacer con nuestra Voluntad, hasta que llegue
la última carta del acuerdo final.
(3) Segunda necesidad, más indispensable que la primera, para obtener este reino, es
necesario saber que se puede tener. ¿Quién puede pensar en un bien, desearlo, amarlo, si no
sabe que lo puede obtener? Ninguno. Si los antiguos no hubieran conocido que debía venir el
futuro Redentor, ninguno lo habría pensado, ni pedido, ni esperado salvación, porque la
salvación, la santidad de aquellos tiempos estaba fijada, concentrada en el futuro Salvador
Celestial. Fuera de esto no se podía esperar ningún bien. Conocer que se puede tener un bien
forma la sustancia, la vida, el alimento de aquel bien en la criatura. He aquí el por qué los tantos
conocimientos sobre mi Voluntad que te he manifestado, a fin de que se pueda conocer que
pueden tener el reino de mi Voluntad. Cuando se conoce que un bien se puede tener, se usan
las artes, las industrias, y se empeñan los medios para obtener el intento.
(4) El tercer medio necesario es conocer que Dios quiere dar este reino, esto pone los
fundamentos, la esperanza cierta para obtenerlo, y forma los últimos preparativos para recibir el
reino de mi Divina Voluntad. Un bien que se quiere y suspira, saber que quien lo puede dar, ya
lo quiere dar, se puede llamar el último golpe de gracia, y acto final para obtener lo que se quiere.
En efecto, si Yo no te hubiera manifestado que puedo dar, y quiero dar mi Voluntad Divina
dominadora y reinante en medio a las criaturas, tú habrías sido indiferente, como todos los
demás, a un bien tan grande, así que tu interés, tus plegarias, han sido efectos y partos de lo
que has conocido. Y Yo mismo cuando vine sobre la tierra, los treinta años de mi Vida oculta,
se puede decir que aparentemente no hice bien a ninguno, ni siquiera uno me conoció; estaba
en medio a ellos inobservado, todo el bien se desarrollaba entre Yo y el Padre Celestial, mi
Celestial Madre y el amado San José, porque sabían quién era Yo; todos los otros nada. En
cambio cuando salí de mi ocultamiento, y abiertamente me hice conocer diciendo que era
propiamente Yo el Mesías prometido, su Redentor y Salvador, y si bien con hacerme conocer
me atraje calumnias, persecuciones, contradicciones, ira, odio de los hebreos, y la misma Pasión