actos de la criatura hechos en la Divina Voluntad, y ¡oh! cómo la Soberana Celestial está a la
expectativa y muy atenta para ver si la criatura obra en mi Fiat, para tomar con sus manos
maternas estos actos y encerrarlos en sus actos como prendas de que se quiere el reino de la
Divina Voluntad sobre la tierra. Así que este reino fue ya formado por Mí y por la Celestial
Señora, ya existe, sólo que se debe dar a las criaturas; para darlo es necesario conocerlo, y
como Ella es la criatura más santa, más grande y que no conoció otro reino que el de mi Divina
Voluntad, ocupa el primer lugar en Ella, y por derecho la Celestial Reina será la anunciadora, la
mensajera, la conductora de un reino tan santo, por eso ruégale, invócala, y Ella te servirá de
guía, de maestra, y con amor todo materno recibirá todos tus actos y los encerrará en los suyos,
y te dirá: ‘Los actos de mi hija son como los actos de su Mamá, por eso pueden estar con los
míos para duplicar el derecho de las criaturas para que se les dé el reino de la Divina Voluntad’.
Y como este su reino, Dios lo debe dar y la criatura lo debe recibir, se requieren los actos de
ambas partes para obtener el intento, por eso Aquélla que tiene más ascendencia, más poder,
más imperio sobre el corazón divino, es la Soberana del Cielo, sus actos estarán a la cabeza
seguidos de los otros actos de las criaturas cambiados en divinos en virtud de mi Voluntad, para
dar el derecho a ellas de recibir este reino, y Dios al ver estos actos se sentirá movido a darlo
por aquel amor que tuvo en la Creación, que todo lo creó para hacer que su Voluntad se hiciera
como en el Cielo así en la tierra, y que cada criatura fuera un reino de su Voluntad, para que
tuviera su total dominio. Por eso siempre adelante en el obrar y vivir en el Fiat Supremo”.
(3) Después de esto, mi mente se perdía en el Querer Divino, y mi dulce Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, el alma que entra en mi Voluntad se convierte en luz, y todos sus actos sin
perder nada de su diversidad, de su naturaleza, y de lo que son en sí mismos, son vivificados y
animados por la luz, así que cada acto, si bien distintos entre ellos, tienen por vida la luz de mi
Fiat, y Él se deleita ahora en formar con su Vida de luz el pensamiento, la palabra, la obra, el
paso, y así de lo demás, y el alma como cielo primero animado por el Fiat, forma con sus actos
el sol, las estrellas, el mar que siempre murmura, el viento que gime, que habla, que ulula, que
silva, que acaricia y que forma sus refrigerios de luz divina a su Creador, a sí misma, y desciende
hasta lo bajo de las criaturas, y como la luz es fecunda y tiene la virtud que por sí misma se
expande por todas partes, forma las más bellas floraciones, pero toda investida de luz. Y he
aquí que mi Divina Voluntad repite su amada Creación en el alma que vive en su luz, es más,
más bella aún, porque si la Creación es muda, y si habla elocuentemente es siempre en su mudo
lenguaje, por el contrario la creación que forma en el alma es toda parlante, habla el sol de sus
obras, el mar de sus pensamientos, el viento de sus palabras, el pisar de sus pasos, que
conforme camina deja las flores de sus virtudes, y todo lo que hace, hablan como estrellas
brillantes, que con su destello ruegan, aman, alaban, bendicen, reparan y agradecen
continuamente, sin jamás detenerse, a aquel Fiat Supremo que con tanto amor se deleita de
formar en ellos la bella creación parlante, animada toda de su luz divina. Por eso no es maravilla
si tu Jesús forma su continua morada en medio a esta creación hablante que me forma mi Divina
Voluntad, sería más maravilla si Yo no estuviera en ella, porque faltaría el Señor, el Rey que con
tanto amor se la ha formado. ¿Para qué formarla si Yo no debiera morar dentro y gozarme mi
agradable creación parlante? Mucho más que en esta creación parlante hay siempre qué hacer,
siempre qué agregar. Cada acto suyo es una voz de más que adquiere, y que con toda
elocuencia me habla de mi amor y de su amor, y Yo debo escucharla; y no sólo esto, sino quiero
gozarme sus gustos que ella me da. Me agradan tanto que los suspiro, y por eso no puedo
ponerlos aparte. Además hay siempre qué dar, y siempre qué tomar, por eso no puedo dejarla
ni siquiera un instante sin Mí, a lo más ahora hablo y ahora hago silencio, ahora me hago sentir
y ahora me estoy escondido, pero dejar a quien vive en mi Divina Voluntad no puedo. Por eso
está segura que hasta en tanto tú no salgas de Ella, tu Jesús no te deja, estará siempre contigo,
y tú estarás siempre Conmigo”.
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