3-90
Julio 2, 1900
Con sus sufrimientos, Luisa evita un castigo.
(1) Continúo estando amargada y afligida, como una tonta. Esta mañana no había venido
Jesús, pero vino el confesor y ha puesto la intención de la crucifixión. Pero el bendito Jesús no
concurría, y después de haberle rogado que se dignara hacerme obedecer, en cuanto se hizo
ver me ha dicho:
(2) “¿Qué quieres? ¿Por qué me quieren hacer violencia a la fuerza una vez que es necesario
castigar a los pueblos?”
(3) Y yo: “Señor, no soy yo, es la obediencia que así lo quiere”.
(4) Y Él: “Si es la obediencia, está bien, quiero participarte mi crucifixión y a la vez quiero
reconfortarme un poco”.
(5) Mientras esto decía me participó los dolores de la cruz, y mientras yo sufría, Jesús se ha
puesto junto a mí y parecía que se reconfortaba un poco. Ahora, mientras me encontraba en
esta posición junto con Él, me ha hecho ver en el aire, que por una parte venía una nube negra,
negra, que al sólo verla daba terror y espanto, y todos decían: “Esta vez morimos”. Mientras
todos estaban aterrados, se ha levantado en medio de Jesús y yo una cruz resplandeciente, que
poniéndose contra aquella borrasca la puso en fuga en gran parte, tanto que parecía que las
gentes se calmaban. No sé decirlo ciertamente, pero me parece que era un huracán
acompañado de rayos y de granizadas tan fuertes, que tenía fuerza de arrancar las
construcciones; y la cruz que la puso en fuga en gran parte, me parecía que era mi pequeño
sufrir que Jesús me ha participado. Sea bendito el Señor y todo sea para su gloria y honor.
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3-91
Julio 3, 1900
Castigos con enfermedades contagiosas.
(1) Esta mañana, habiendo recibido la comunión, en cuanto vi a mi adorable Jesús le he dicho:
“Mi amado Señor, ¿cómo es que mandas tantos castigos? ¿Por qué esta vez no quieres a
ningún costo aplacarte? Parece que todos los medios son inútiles, ni el rogar, ni el decir “Señor,
derrama en mí tus amarguras”. ¡Ay, no ha sido tu costumbre obrar en este modo!” Mientras esto
decía, Jesús bendito interrumpiendo mi hablar ha respondido:
(2) “Sin embargo hija mía, los castigos que estoy mandando son nada aún en comparación
de aquellos que están preparados. Por eso no quieras afligirte por esto, porque no son materia
de gran aflicción”.
(3) Mientras esto decía, delante de mí veía a muchas personas infectadas con enfermedades
contagiosas, que morían por ellas, entonces, presa de espanto le he dicho: “¡Ah Señor! ¿Se
necesita también esto? ¿Qué haces? ¿Qué haces? Si esto quieres hacer, sácame de esta tierra,
pues no me resiste el ánimo ver espectáculos tan funestos. Y además, ¿quién podrá resistir
continuar en este estado en el que me has puesto, de que no vienes, o vienes como sombra, y
no sólo eso, sino que me dejas atontada, adormecida, que no me haces entender más nada?
Sin embargo me dijiste que me habrías dejado así hasta que de algún modo desahogaras tu
furor. Ahora quieres agregar furor a furor, parece que no terminarás por ahora, así que, ¡pobre
de mí, pobre de mí! ¿Quién me dará la fuerza para estar en este estado? ¿Quién podrá resistir?”
(4) Mientras desahogaba mi aflicción, Jesús, compadeciéndome me ha dicho:
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