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Marzo 6, 1932
Quien vive en la Divina Voluntad siente la necesidad de girar en
torno a las obras divinas, y cómo todas las obras divinas giran
en torno a la criatura. La finalidad, germen de luz.
(1) Seguía mi giro en las obras divinas, mi pobre mente la siento como fija en torno a las obras
de mi Creador, y hace su carrera casi continua en torno a ellas, porque siendo obras hechas por
amor mío, siento el deber de reconocerlas, de servirme de ellas como escalera para subir a
Aquél que tanto me ha amado, me ama, y darle mi pequeño amor porque quiere ser amado.
Pero mientras esto hacía pensaba entre mí: “¿Y por qué mi mente debe correr siempre? Me
parece que una fuerza potente está sobre mí y mantiene mi carrera”. Y mi dulce Jesús,
haciéndome su pequeña visita me ha dicho:
(2) “Hija mía, todo gira alrededor de la criatura: Gira el cielo y no la deja huir de debajo de su
bóveda azul, gira el sol y con sus giros de luz le da luz y calor, gira el agua en torno a la criatura,
el fuego, el aire, el viento, dándole cada elemento las propiedades que contienen; mi misma
Vida y todas mis obras están en continuo giro en torno a las criaturas para estar en continuo
acto de darme a ellas, es más, tú debes saber que en cuanto el niño es concebido, mi concepción
gira en torno a la concepción del niño para formarlo y tenerlo defendido; y en cuanto nace, mi
nacimiento se pone en torno al recién nacido para girarle alrededor y darle las ayudas de mi
nacimiento, de mis lágrimas, de mis gemidos, y hasta mi respiro gira alrededor para calentarlo.
El recién nacido no me ama, pero inconscientemente, y Yo lo amo hasta la locura, amo su
inocencia, mi imagen en él, amo lo que debe ser, mis pasos giran en torno a sus primeros pasos
vacilantes para reafirmarlos, y siguen girando hasta el último paso de su vida, para tener
custodiados en el giro de mis pasos sus pasos. En suma, mis obras giran en torno a sus obras,
mis palabras en torno a las suyas, mis penas en torno a sus penas, y cuando está por dar el
ultimo suspiro de su vida, mi agonía le gira en torno para sostener la suya, y mi muerte con
fuerza inexpugnable gira en torno para darle ayudas inesperadas, y con celo todo divino se
estrecha en torno para hacer que su muerte no sea muerte, sino verdadera vida para el Cielo; y
puedo decir que mi misma Resurrección gira en torno a su sepulcro, esperando el tiempo
propicio para llamar con el imperio de mi Resurrección su resurrección del cuerpo a vida
inmortal. Ahora, todas las obras salidas de mi Voluntad, todas giran y giran en torno, por cuyo
fin fueron creadas. Detenerse significa no tener vida y no producir el fruto establecido por
Nosotros, lo que no puede ser, porque el Ser Divino no sabe hacer ni obras muertas, ni obras
sin fruto. Entonces quien entra en mi Divina Voluntad toma su puesto en el orden de la Creación,
y siente la necesidad de girar junto con todas las cosas creadas, siente la necesidad de hacer
sus rápidos giros en torno a mi concepción, a mi nacimiento, a mi edad infantil, y a todo lo que
Yo hice sobre la tierra. Y lo bello es que mientras ella gira en torno a todas nuestras obras, las
obras nuestras giran en torno a ella, en suma, hacen competencia en girarse recíprocamente,
pero esto es todo efecto y fruto de mi Querer Divino, que siendo movimiento continuo, quien
está en Él siente la vida de su movimiento, por eso la necesidad de correr juntos, más bien te
digo, si tú no sientes la carrera continua de girar en torno a nuestras obras, es señal de que tu
vida no es permanente en mi Voluntad, sino que haces las salidas, las escapadas, y por eso la
carrera cesa, porque falta quién les dé la vida de correr, y conforme entras en Ella, así te pone
en el orden y sigues la carrera, porque otra Voluntad Divina obrante ha entrado en ti. Por eso
sé atenta, porque debes tener qué hacer con una Voluntad Omnipotente, que corre siempre y
todo abraza”.