divina. Y el amado Jesús para infundir en mí mayor amor y deseo de seguir los actos de la
Divina Voluntad, me ha dicho:
(2) “Hija bendita de mi Querer, cada vez que te elevas en Ella para unirte a cada acto que ha
hecho, y al suyo unir el tuyo, el acto divino surge y te da un grado de gracia, de amor, de santidad,
un grado de Vida Divina y de gloria; estos grados unidos forman la sustancia necesaria para
formar la Vida Divina en la criatura: quién forma el latido, quién el respiro, quién la palabra,
quién el ojo, quién la belleza, quién la santidad de Dios en el fondo del alma. Nuestros actos
surgen conforme se acerca la criatura, para dar lo que poseen, con ansia la esperan para
ponerse en actitud de surgir, para formar sus desahogos divinos, para ponerse y repetir los actos
en ella. Así que quien se une con los actos de nuestra Voluntad Divina, nos da ocasión de
ponernos a trabajar, ¿pero para hacer qué cosa? Formar nuestra Vida con nuestro trabajo en
la criatura. Tú debes saber que la criatura con elevarse en nuestra Divina Voluntad, deja todo y
se reduce en su nada, esta nada reconoce a su Creador y el Creador reconoce la nada que sacó
a la luz, no la nada llena de cosas que a Él no pertenecen, no, y encontrándola nada la llena del
Todo. He aquí lo que significa vivir en mi Voluntad, despojarse de todo, y ligera volar al seno
del Padre Celestial, para hacer que esta nada reciba la Vida de Aquél que la creó. Además de
esto, nuestra Voluntad es nuestra Vida y nuestro alimento, y como Nosotros no tenemos
necesidad de alimentos materiales, por eso Ella nos da el alimento de sus obras santas, y como
la criatura es una de nuestras obras, queremos encontrar en ella nuestra Voluntad como vida, a
fin de que no sólo ella, sino todas sus obras nos sirvan de alimento, y Nosotros por
correspondencia le damos el alimento de las nuestras. Este alimentarnos de los mismos
alimentos forma el acercamiento entre Dios y la criatura, este acercamiento produce paz,
comunicación de bienes, inseparabilidad; parece que el aliento divino sopla en la criatura y el de
ella en Dios, y los une tanto, de sentirse como si el aliento del uno fuera uno solo con el del otro.
Por eso sucede un acuerdo de Voluntad, acuerdo de amor, de obras, sentimos aquel aliento que
sacamos en la creación del hombre, que interrumpió al hacer su voluntad, renacido de nuevo en
la criatura, nuestra Voluntad tiene virtud y oficio de regenerar en ella lo que ha perdido con el
pecado, y de reordenarla como salió de nuestras manos creadoras”.
(3) Después de esto estaba girando en las obras de la Creación y Redención y mi Soberano
Jesús ha agregado:
(4) “Hija mía, nuestras obras sufren el aislamiento si no son reconocidas como obras hechas
por amor de las criaturas, porque no hubo otro objetivo al crear tantas obras maravillosas en la
Creación, que darles tantos testimonios de amor. Nosotros no teníamos ninguna necesidad,
todo fue hecho con un amor intenso para ellas. Ahora, si este nuestro amor no es reconocido
en cada cosa creada, nuestras obras quedan solas, sin cortejo, sin honores y como separadas
de las criaturas, así que el cielo, el sol, las otras cosas creadas están solas, lo que Yo hice en
la Redención, mis obras, mis penas, mis lágrimas y todo lo demás están aisladas. Ahora, ¿quién
forma la compañía a nuestras obras? Quien las reconoce y girando en ellas encuentra nuestro
amor palpitante para ella, que suspira su compañía para dar y recibir amor; tanto, que cuando
tú giras en nuestra Voluntad para encontrar nuestras obras, y reconocer nuestro amor y poner
el tuyo, me siento tan atraído que casi siempre te espero en cada obra para gozar tu compañía,
tu cortejo, y me siento como correspondido por lo que he hecho y sufrido, y cuando alguna vez
tú tardas en venir, Yo espero y me pongo a vigilar desde dentro de mis obras, para ver cuando
estás por venir, para gozarme tu dulce compañía. Por eso sé atenta, no me hagas esperar”.
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