gusto, es más, nuestro amor nos repite nuestro éxtasis y nos hace dar todo, para hacernos tomar
la pequeñez de la criatura, que es también nuestra, y que de Nosotros salió. De esto puedes
comprender cuáles son nuestras premuras, nuestros éxtasis de amor, cuando damos no un don,
sino nuestra misma Voluntad por vida de la criatura, alimentar nuestros dones es una cosa,
alimentar nuestra Voluntad es otra. Ya la criatura en virtud de Ella nos rapta continuamente a
sí, y Nosotros sufrimos continuos éxtasis de amor, y en estos éxtasis no hacemos otra cosa que
desahogar amor a torrentes, mares de luz, gracias indescriptibles, nada viene dado a medida,
porque no sólo debemos alimentarla, sino que debemos tenerla cortejada y honrada con honores
divinos en la criatura. Por eso hija mía, sé atenta, y haz que de ti nada salga de humano, para
poder también tú honrar con actos divinos a mi Voluntad en ti”.
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30-16
Febrero 6, 1932
Quien vive en la Divina Voluntad, Dios la hace crecer con rasgos
y modos divinos. La carrera en el Fiat. Los actos hechos en Él
son puestos sobre la balanza eterna y guardados en el banco divino.
(1) Mi abandono en el Querer Divino continúa, me siento siempre el pequeño átomo que voy
de arriba para abajo, como errante en sus actos para encontrar su Vida y la mía en sus actos, y
mi átomo no se detiene, corre, corre siempre, porque siento la extrema necesidad de encontrar
la vida en el Fiat. De otra manera siento que no puedo vivir sin su Vida, y sin sus actos me
siento en ayunas, y por eso debo correr para encontrar vida y alimento. Mucho más, que la
Divina Voluntad me espera con un amor indecible en sus actos para preparar su alimento a su
pequeña hija. Pero mientras mi mente se perdía en su luz, el dulce y Soberano Celestial Jesús,
haciendo su escapadita a su pequeña hija me ha dicho:
(2) “Hija bendita, cómo es bella tu carrera en nuestra Voluntad, y si bien eres el pequeño
átomo, podemos hacerte crecer como Nosotros queremos; a los pequeños se les puede hacer
crecer con nuestros rasgos que nos semejan, les enseñamos nuestros modos divinos, nuestra
ciencia celestial, de modo que ella olvida los modales rústicos y la ignorancia de la voluntad
humana. De aquellos que son grandes, están ya formados, y poco o nada podemos rehacer, y
además están acostumbrados a vivir como grandes, según el querer humano, y para destruir
las costumbres se requieren los milagros, si es que se logra. En cambio con los pequeños nos
resulta fácil, no nos cuesta tanto, porque no tienen costumbres radicadas, a lo más algún
movimiento fugaz, que basta una palabrita nuestra, un soplo de nuestra luz para hacer que no
lo recuerde más. Por eso sé siempre pequeña si quieres que mi Divina Voluntad, haciéndote
de verdadera Madre, te haga crecer, a fin de que sea toda nuestra gloria y también tuya. Ahora,
tú debes saber que un acto repetidamente renovado forma la costumbre, y como un acto que
no cesa jamás es sólo del Ente Supremo, por eso si la criatura se siente en posesión de un acto
que repite siempre, significa que Dios en aquel acto ha encerrado su Vida, su modo; un acto
continuo es Vida y acto divino, y sólo quien vive en mi Voluntad Divina puede sentir en sí la
potencia, la virtud, la fuerza milagrosa de un acto que no cesa jamás, porque habiéndola hecho
crecer Nosotros, no es fácil apartarse de nuestros modos, y de no sentir en sí la Vida y los actos
continuos de Aquél que la ha hecho crecer, por eso tu correr, el sentir siempre la extrema
necesidad de encontrar nuestra Vida y la tuya en el Fiat, en sus actos, y Nosotros que corremos
en ti para estarnos en nuestros actos incesantes, y mientras Nosotros corremos tú corres junto,
a fin de que nuestros actos que están en ti hagan vida común con nuestros actos que están