de que no queden ocultas. ¡Oh! si no fuera por este mi apoyo de amor que encierra todos los
conocimientos de mi Fiat, cuántas cosas habrías sepultado en tu alma, sin que ninguno supiera
nada. Esta es la causa por la que antes de que te deba manifestar sus verdades hace el trabajo
en torno a ti, para prepararte, para ponerte nuevo amor, para formar el nuevo apoyo a sus
verdades, y ponerlas en el banco seguro de su amor divino. Y si te espero en sus actos con
tanto amor, son acostumbrados pretextos, ocasiones que vamos buscando para encontrar la
coma, el punto de la criatura para darle nuevo amor, nuevas gracias, pero mucho más porque
queremos su compañía; sin quien quiere hacer nuestra Voluntad no sabemos estar, Ella misma
nos la lleva entre sus brazos a nuestros actos, a fin de que esté con Nosotros, y con todo lo que
Nosotros hacemos”.
(3) Después de esto seguía mi giro en los actos de la Divina Voluntad, y habiendo llegado al
punto de la creación del hombre, me he detenido para ser espectadora de aquel amor con que
el Artífice Divino lo había creado. Y mi sumo Bien Jesús ha agregado:
(4) “Pequeña hija de mi Divina Voluntad, a los pequeños nos sentimos llevados a decir
nuestros inefables e infinitos secretos, queremos decir nuestra historia, mucho más, que entra
su origen en medio, para hacerle tocar con la mano con cuál amor ha sido amada y vuelta a
amar por Nosotros su pequeñez, porque ella estaba presente, ya estaba en Nosotros en el acto
de la creación del hombre, y esto para hacerla festejar y Nosotros festejar junto el acto solemne
de su creación. Ahora, tú debes saber que nuestro Ser Supremo se encontró en el acto de crear
a la criatura en una especie de éxtasis profundo, nuestro amor raptó a nuestro Ser Divino,
nuestro amor nos raptó y nuestro Fiat se puso en acto de obrar con su virtud creadora, y fue en
este éxtasis amoroso que fueron puestas fuera de Nosotros todas las gracias, los dones, las
virtudes, las bellezas, las santidades y así de lo demás, con los que debían ser dotadas y
enriquecidas todas las criaturas; nuestro amor no se contentó, sino cuando puso en orden, fuera
de Nosotros, todo lo que debía servir a todas y a cada una de las criaturas, todas las diversidades
de santidades y especialidad de bellezas y dones para ser cada una la copia de su Creador.
Estas dotes y riquezas están ya a disposición de todos, así que cada criatura al nacer ya tiene
lista su dote, que Dios desde que fue creado el hombre sacaba de Sí para cada uno. Pero
cuántos no la conocen, ni hacen uso de los derechos que Dios les ha dado, y mientras son ricos
llevan una vida pobre, y están tan lejanos de la verdadera santidad, como si no fueran seres
salidos de aquel Dios tres veces santo, que no sabe hacer otra cosa que criaturas santas, bellas
y felices, similares a Él; pero no terminarán los siglos, ni vendrá el último de los días, si todo lo
que hemos sacado en nuestro éxtasis de amor no es tomado por las criaturas, porque se puede
decir que poquísimo ha sido tomado de lo que hemos puesto a su disposición. Pero escucha
hija buena otro exceso de nuestro ardiente amor: Al poner fuera de Nosotros las dotes, las
gracias, los dones, no los separamos de Nosotros; fuera de Nosotros, sí, pero inseparables de
Nosotros, a fin de que la criatura tomando nuestros dones, con nuestra inseparabilidad recibiera
el alimento continuo para alimentar nuestros dones, nuestra santidad, nuestra belleza, nuestras
gracias, así que, junto con nuestros dones volvíamos a la misma criatura inseparable de
Nosotros, porque ella no tiene los alimentos necesarios y santos para alimentar nuestros dones,
y Nosotros nos ofrecimos a dar dones y alimentos para alimentar nuestra santidad, nuestras
gracias celestiales. Así que estamos en acto continuo de estar junto con ella para darle ahora
el alimento para alimentar nuestra santidad, ahora el alimento para alimentar nuestra Fortaleza,
ahora el alimento distinto para alimentar nuestra belleza, en suma estamos en torno a ella y
siempre ocupados en dar los diversos alimentos a cada don que le hemos dado, y esto sirve
para conservar, crecer y coronar nuestros dones, y junto queda coronada la feliz criatura con
nuestros, y en nuestros mismos dones. Por lo tanto, dar un don a la criatura sirve para
empeñarnos con ella, no solo de alimentarlo, sino le damos por prenda nuestro trabajo, nuestra
inseparabilidad y nuestra misma Vida, porque si queremos nuestra semejanza debemos dar
nuestra Vida, para poder producir nuestra semejanza en ella, y esto lo hacemos con mucho
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