que una criatura la haga para dar el campo para hacer subir a los otros, y para hacer que ésta
se preste, debemos darle el oficio de madre, que amando a las criaturas como hijas suyas, las
cuales le han sido dadas por mi Divina Voluntad, ella acepte el mandato y no ahorre ni fatigas,
ni sacrificios, y si es necesario aun la misma vida por amor de estos hijos. Mucho más que al
dar el oficio de madre, mi Querer Divino dota al alma de amor materno y la hace sentir en el
propio corazón estos hijos, y le da ternura divina y humana para vencer a Dios y a la criatura, y
unirlos juntos para hacerlos hacer su Divina Voluntad. No hay honor más grande que podamos
dar a la criatura que la maternidad, ella es portadora de generaciones y le damos la gracia de
formarse nuestro pueblo predilecto. Y si bien la maternidad dice dolor, pero sentirá la alegría
toda divina de ver salir de dentro del dolor los hijos de mi Voluntad. Por eso repite siempre tus
actos, y no retrocedas, el retroceder es de los viles, de los mediocres, de los inconstantes, no
de los fuertes, mucho menos de los hijos de mi Voluntad”.
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30-15
Enero 30, 1932
La Divina Voluntad espía, centinela, Madre y Reina. Su aliento
forma en el alma el apoyo de amor para encerrar sus verdades.
Éxtasis de amor del Creador, alimentos que da a sus dones.
(1) Estaba siguiendo los actos del Fiat Divino, y me parecía que en cada acto suyo que yo
seguía me preparaba su aliento de amor, que contenía en Sí y que suspiraba por hacerlo salir
de Sí, para hacerlo prisionero en mi pobre alma, y yo sintiendo su amor, desde dentro de su
mismo amor hacía salir mi amor hacia quien tanto me amaba, y suspiraba su nuevo aliento de
amor para decirle con afecto más intenso: “Te amo”. Me parecía que es tanto el deseo de la
Divina Voluntad de querer ser amada, que Ella misma pone en el alma la dosis de su amor para
hacerse amar, y después espera el amor de la criatura para poderle decir: “Cómo estoy contenta
de que me ames”. Pero mientras esto pensaba, mi adorado Jesús, haciendo su breve visita me
ha dicho:
(2) “Hija mía, tú debes saber que nuestro amor da en lo increíble. Nuestra Divina Voluntad es
la espía de la criatura, y va espiando cuando ella está dispuesta a recibir su aliento de amor
contenido, porque Ella sabe que la criatura no posee una gran cantidad de amor divino, apenas
tiene una partecita del amor infinito cuando fue creada, y si ésta no ha sido alimentada, está
como el fuego cuando está bajo las cenizas, que aunque el fuego existe, las cenizas lo tienen
cubierto y reprimido, de modo que no hace sentir ni siquiera el calor. Amor humano no
queremos, y por eso nuestra Voluntad Divina usa sus estratagemas amorosas, espía las
disposiciones y hace salir su aliento, éste, como ligero vientecillo pone en fuga las cenizas que
ha producido el querer humano, la partícula de nuestro amor infinito se reaviva, se enciende; mi
Querer Divino continúa mandando su aliento y agrega otro amor divino, el alma se siente vaciar,
calentar, prueba los refrigerios amorosos, y desde dentro de la partícula del amor infinito que
posee nos ama, y nos da como suyo nuestro amor divino. Tú debes saber que es tanto el amor
de esta mi Divina Voluntad, que usa todas las artes, la hace de espía y le da su aliento, le hace
de Madre y la arrulla en sus brazos, le hace de centinela y la vigila, le hace de Reina y la domina,
le hace de Sol y la ilumina, y se presta hasta a servirla, y cuando quiere poner en ti sus
conocimientos, sus verdades, aun una sola palabra que dice, te infunde tanto su aliento, que
forma en ti, primero, su apoyo de amor, de luz, para encerrar sus verdades dentro del apoyo de
su amor y de su luz que ha formado en ti. Así que confía sus verdades a su mismo amor, a su
luz, sabiendo que sólo su amor podrá tener verdadero interés de conservarlas, de incitarte a fin