(4) “Hija bendita, nuestro modo con las criaturas no se cambia jamás, como fue al principio al
externarse en la creación, así continúa y continuará siempre, siempre. Ahora, quien entra en
nuestra Voluntad toca con la mano nuestro acto creante, siempre en acto, y nuestro amor
siempre nuevo en acto de darse a la criatura; pero no es sólo nuestro amor, sino el gran amor
nuestro, nos hace sacar de nuestro seno y pone en vida sobre de ellas nueva bondad, nueva
potencia, nueva santidad, nueva belleza, de modo que tenemos a la criatura bajo la lluvia de
nuestros actos nuevos, siempre nuevos y siempre en acto. Así que toda la Creación está
siempre en acto de repetirse y de darse a ellas. Y así como nuestros modos son siempre iguales
y no se cambian jamás, lo que hacemos con los bienaventurados en el Cielo, alimentando su
bienaventuranza con nuestro acto nuevo sin jamás cesar, así hacemos para quien vive en
nuestra Divina Voluntad en la tierra, alimentamos su vida con nueva santidad, nueva bondad,
nuevo amor, la tenemos bajo la lluvia de nuestros actos nuevos y siempre en acto, con esta
diferencia: Que los bienaventurados nada adquieren de nuevo, sólo nadan en las nuevas
alegrías de su Creador; en cambio la afortunada viadora que vive en nuestro Querer, está
siempre en acto de hacer nuevas conquistas. Entonces, quien no hace y no vive en nuestra
Voluntad Divina se vuelve extraña de la familia celestial, no conoce los bienes de su Padre
Celestial, y apenas las gotitas toma del amor y de los bienes de su Creador, ella misma se vuelve
hija ilegítima que no tiene plenos derechos en las posesiones de su Padre Divino. Sólo mi
Voluntad da el derecho de filiación, y la libertad de tomar lo que quiere de la casa de su Padre
Celestial. Quien vive en nuestra Voluntad es como la flor que permanece en la planta, y la madre
tierra siente el deber de dar lugar a la raíz de la flor en su propia casa, de alimentarla con sus
humores vitales que ella posee, de tenerla expuesta a los rayos del sol para darle color, y espera
el rocío nocturno para que su flor reciba humores suficientes para hacerla resistir los besos
ardientes del sol, para hacerla desarrollar y recibir el colorido y el perfume más intenso y más
bello; así que la madre tierra se puede decir que es el alimento y la vida de la flor. Así es el alma
que vive en nuestra Voluntad, debemos darle el lugar en nuestra casa, y más que madre
alimentarla, crecerla, y darle tanta gracia de poder sostener y estar expuesta delante y dentro a
la luz ardiente de la inmensidad de nuestra Voluntad. En cambio quien no hace y no vive en
Ella, es como la flor arrancada de la planta y puesta en los floreros, pobre flor, ya ha perdido a
su mamá que con tanto amor la alimentaba, la tenía expuesta al sol para calentarla y darle color,
y si bien hay agua en el florero, no es la madre que se la da, por eso no es agua que alimenta,
y con todo y que es conservada en el florero, pero está sujeta a marchitarse y morir. Tal es el
alma sin mi Voluntad, le falta la Mamá Divina que la ha generado, le falta la virtud alimentadora
y fecundadora, le falta el calor materno que la calienta y con su luz le da sus pinceladas de
belleza para hacerla bella y florida. Pobre criatura sin las ternuras y el amor de quien le ha dado
la vida, cómo crecerá débil y sin belleza, y como marchita en el verdadero bien”.
(5) Después de esto giraba en la Divina Voluntad para encontrar todos los actos de las
criaturas para poner en ellos mi te amo, y pedir en cada acto de criatura el reino de la Divina
Voluntad sobre la tierra, y mi dulce Jesús ha agregado:
(6) “Hija mía, mi Divina Voluntad en el acto de la criatura cuando es invocada, quita la
aspereza a la voluntad humana, endulza sus modos, reprime los modos violentos, y con su luz
calienta las obras entumidas por el frío del humano querer. Así que quien vive en mi Divina
Voluntad prepara la gracia preventiva a las humanas generaciones para hacer que la conozcan,
y cada acto suyo en Ella forma el escalón para subir, primero ella y junto las criaturas a los
conocimientos del Fiat Supremo. Así que quien vive en mi Divina Voluntad, Ella le da las virtudes
maternas y le da el oficio de hacer hacia Dios y hacia las criaturas el oficio de verdadera mamá.
Ve entonces la necesidad de tus actos en mi Voluntad, para formar una escalera larga que debe
tocar el Cielo, de modo de violentar con su misma fuerza divina, que mi Fiat venga sobre la tierra
y forme su reino, haciendo encontrar sobre esta escalera el primer pueblo que lo reciba y se
preste a hacerlo reinar en medio a ellos. Sin escalera no se puede subir, por eso es necesario