palabra por mí y por mi prójimo, y por la tendencia al sueño, porque de nuevo estoy en ese
estado?
+ + + +
3-88
Junio 28, 1900
Los castigos presentes, no son otra cosa que
una preparación a los castigos futuros.
(1) Esta mañana, encontrándome sumamente afligida por la privación de mi amante Jesús,
en cuanto lo he visto me ha dicho:
(2) “Hija mía, cuántas máscaras se quitarán en estos tiempos de castigos, porque estos
castigos presentes no son otra cosa que una preparación a todos los castigos que te manifesté
en el curso del año pasado”.
(3) Mientras esto decía, yo en mi interior pensaba: “Si el Señor continúa haciendo en el mismo
modo en que está haciendo, esto es, que como quiere mandar castigos no viene, no me participa
sus penas, me trata con modos insólitos, ¿quién podrá resistir? ¿Quién me dará la fuerza para
permanecer en este estado?” Y Jesús respondiendo a mi pensamiento ha agregado en actitud
de compadecerme:
(4) “Y entonces, ¿quieres tú que suspenda por un poco el estado de víctima y después te lo
haga retomar?”
(5) Mientras esto decía he sentido confusión y amargura, veía que el Señor con esa propuesta
me arrojaba de Sí, porque no he sabido decir ni sí, ni no, o bien para oír qué cosa decide la
obediencia. Entonces, sin esperar mi respuesta ha desaparecido, dejándome como un clavo fijo
en el corazón al pensar que Jesús me arrojaba de Sí. Era tanto el dolor que no hice otra cosa
que derramar lágrimas amargas.
+ + + +
3-89
Junio 29, 1900
Jesús y Luisa se reconfortan recíprocamente.
(1) Estando aún amargada, mi adorable Jesús teniendo compasión de mí ha venido, y parecía
que me sostenía entre sus brazos. Después, transportándome fuera de mí misma veía que
reinaba un profundo silencio, una tristeza, un luto por todas partes. Era tanta la impresión que
causaba en el ánimo el ver en aquel modo a las gentes, que se sentía una estrechura en el
corazón. Entonces el bendito Jesús, llevándome aparte me ha dicho:
(2) “Hija mía, alejemos por poco lo que nos aflige y reconfortémonos mutuamente”.
(3) Mientras esto decía ha comenzado a acariciarme y a besarme, pero era tanta mi confusión
que no me atrevía a devolverle los besos y las caricias, y Él ha agregado:
(4) “¡Cómo! Yo te reconforto a ti con besos y con caricias, ¿y tú no quieres reconfortarme a
Mí dándome tus besos y tus caricias?”
(5) Así me he sentido con la confianza de pagarle con la misma moneda; y mientras esto hacía
ha desaparecido.
+ + + +
183 sig